Telde

La Sima ya acoge las cenizas del último símbolo antifranquista

06/12/2019

La voluntad de Domingo Valencia, el primer condenado a muerte menor de edad por Franco, se cumplió con un emotivo acto en el que familiares y compañeros depositaron sus restos en esta fosa.

Era en el Lazareto de Gando o en la Sima de Jinámar, dos de los principales símbolos de la represión en la isla. Finalmente se decidió que las cenizas del último recuerdo vivo de las atrocidades de la Guerra Civil y el franquismo descansaran junto al resto de otros compañeros que también combatieron por la libertad hace más de 60 años y cuya lucha es ahora contra el olvido de una época negra para todos los españoles. Domingo Valencia falleció la pasada semana a los 99 años de edad, y con él murió el último superviviente de los condenados a muerte por la dictadura, probablemente de todo el país, pero seguro que de Canarias.

La familia, miembros del PCE y afines a la República le rindieron ayer un emotivo homenaje cumpliendo la voluntad de este personaje icónico del municipio y esparcieron sus restos en la Sima de Jinámar. La música del clarinetista y de la violinista pintaron de todavía más magia un aura que ya lograba poner la piel de gallina entre el casi centener de personas que quisieron brindarle un último adiós a Domingo a pesar de las inclemencias del tiempo. Algunas poesías, sentidas palabras de sus excompañeros y familiares, la ofrenda floral y, por último, el himno de la Internacional pusieron la guinda a un día festivo y lluvioso -bajo un protocolo laico como a le hubiera gustado para los ateos como él-, triste por la pérdida de un símbolo de resistencia que perdurará en el tiempo.

Porque la historia de Valencia es digna de ser contada a las nuevas generaciones. Además de tener ya el honor de haber sido el último en irse, fue un pionero al ser el primer condenado a muerte menor de edad de la dictadura en Canarias. «Precisamente se le conmutó la pena porque solo tenía 15 años», explica Manolo Rodríguez, integrante de Izquierda Unida, buen amigo del ya desaparecido Domingo y organizador del acto de ayer. Valencia sobrevivió al consejo de guerra fascista, pero no se salvó de las calamidades y humillaciones que el régimen le infligió durante la dictadura. «Fue testimonio vivo hasta sus últimos días de atrocidades como los fusilamientos de La Isleta de su camarada Manolo Santana y de otros militantes, y su recuerdo dibujó el infierno de los campos de concentración y disciplinarios del régimen», expresa Rodríguez. Porque aunque ahora haya quienes quieran tapar y restar importancia a lo que un día pasó, nadie puede desmentir a lo que Domingo vivió desde dentro. «Sus vivencias están recogidas y quedarán para siempre», culmina Manolo.

San Lorenzo

El drama que tuvo que soportar, pero que hoy lo convierten en leyenda, comenzó el 18 de julio de 1936 con su participación junto a otros comunistas y republicanos en una concentración a las puertas del Ayuntamiento de San Lorenzo como repudio a la rebelión fascista. Detenido por este acto de rebeldía, empezó ahí un penoso peregrinaje que lo condujo por la prisión de Barranco Seco, el Campo de Concentración de La Isleta y el Lazareto de Gando. Torturas, humillaciones y miserias mientras realizaba trabajos forzosos que no le hicieron quebrar su voluntad. Todo lo contrario, su lucha contra las injusticias estuvo vigente hasta que dijo adiós el 28 de noviembre de 2019. Ayer lo despidieron con el «salud, honor y gloria» que recitó Manolo Rodríguez al esparcir sus cenizas en la Sima de Jinámar para que se reencontrara con sus compañeros. Los asesinados por el franquismo y los que, como él, quisieron unirse a sus desgraciados camaradas por voluntad propia. Su recuerdo servirá de ejemplo.