La calle del olvido... y de la basura

16/04/2018

Igual que Darwin halló en las Galápagos una inspiración para su teoría de la evolución de las especies, puede que el tristemente fallecido Stephen Hawking apuntalara sus reflexiones sobre los agujeros negros en el polígono industrial de Salinetas. Sus calles se tragan al visitante, devorado por baches y basura, sobre todo en una.

En el callejero de Telde le pusieron nombre. Encofrador dicen que se llama. Así reza también en la señalética de la vía. Pero no, ni parece una calle ni parece propia de un estado civilizado. Es literalmente un estercolero público. La basura se amontona a uno y otro lado de la calzada, tanta, que apenas queda un carril de paso para los coches que se atrevan a atravesarla.

Tiene de todo. Es como un chino gigante, pero de segunda mano, y gratis. No en vano, la aprovechan los apasionados del reciclaje callejero. El día del reportaje un coche no paraba de merodearla. Daba y daba vueltas. Dos sujetos, como extrañados, parecían preguntarse quién y para qué hacía fotos. Al rato demostraron por qué. Esperaron a encontrarse solos para aprovisionarse de madera. Había decenas de palés abandonados.

Un simple paseo permite contar más de una veintena de sofás de todos los modelos, hasta una docena de colchones, varias vasijas de baño, algunas en relativo buen estado, muebles de toda clase, clásicos y otros no tanto, y restos, muchos restos de escombros, material de desecho de obras. Está visto que Encofrador, entre Arquitecto y Albañil, lleva tiempo haciendo un servicio público a la ciudad, y puede que a la isla: un estercolero libre de tasas, impune y oculto.

Con todo, lo peor es que, como lo malo se contagia, Encofrador está creando escuela y las vías del entorno están copiando su ejemplo. Las orillas de la calle Arquitecto aún no le hacen sombra, pero van camino. Hay neveras, colchones y hasta un depósito improvisado, o no, de bolsones gigantes de basura. Los sitúan a la sombra de un pobre árbol, como si quisieran abonarlo.

Es tanto el residuo acumulado que parece que Encofrador lleva mucho tiempo haciendo de vertedero. Es la calle del olvido, como decían Los Secretos, y de la basura, un ejemplo de la desidia de una ciudad y del incivismo de una parte de la sociedad que no merece tenerse por civilizada.

Con todo, no es esta calle el único frente negativo. Otro es el mal estado del pavimento. La palabra bache ya no sirve para definir los boquetes que tienen que sortear los coches en sus calles. Y otro es el lamentable estado del espectacular esqueleto del edificio Polifemo, lleno de desechos.

Y el Cabildo proyecta su asfaltado

No deja de ser curioso que el polígono industrial de Salinetas acoja a algunas de las empresas e infraestructuras clave en el desarrollo económico de Gran Canaria y que, sin embargo, se haya convertido en un sumidero de abandono y desidia, pública y privada. Las administraciones se lavan las manos. Alegan que sus calles no están recepcionadas. Pero lo cierto es que forman parte del callejero público y están abiertas al tráfico general. Y los empresarios, por su parte, no han logrado ponerse de acuerdo para unir fuerzas y gestionarlo de la mano por medio de un ente urbanístico de conservación, como otros de su entorno. Los más conscientes han arreglado su tramo de calle, pero poco más. ¿El resultado? La calle estercolero; un asfalto minado, sembrado de trampas; naves convertidas en cementerios de basura, palomas y excrementos... El Cabildo ha querido darles un empujón. Invertirá más de un millón de euros este año para asfaltar 18 de sus calles, que son casi todas. También Encofrador. Pero antes tendrán que limpiarla.