Festejos a la vieja usanza en Jinámar

07/12/2017

La carretera general y la plaza de Jinámar fueron ayer el epicentro de numerosos actos a lo largo de toda la jornada. Las fiestas de La Concepción y de la Caña Dulce rindieron tributo a los artesanos y labradores, mientras que los peregrinos llevaron su ofrenda a la Inmaculada.

Jinámar se erigió ayer en el lugar donde se ensalzaron las tradiciones. En un día de sol espléndido, cientos de personas se acercaron hasta el pueblo para vivir una de las jornadas con más actos previstos de todo el programa. Desde por la mañana se abrió la feria de artesanía con exposición y venta de productos, pero también se pudo degustar leche con gofio. Hasta 25 litros, en unos 200 vasos, se despacharon en poco más de una hora. Muchos aprovecharon la delicia para hacer su desayuno, acompañada por algunos de los dulces que vendían los puestos. Otros optaron por probar el guarapo recién elaborado después de triturar la caña dulce o por comprar naranjas, maracuyás, papas o unos inusuales aguacates sin pipa.

Uno de los grandes atractivos de la mañana fueron los 13 coches que aparcaron junto a la plaza los miembros del Club de Amigos del Mini de Gran Canaria para su exposición. Joyas que no se ven muy a menudo y que despertaron la admiración. El más antiguo era un vehículo con matrícula de Tenerife que resistía intacto pese a sus 50 años; mientras que el más novato era de 1991.

A muy pocos metros hubo también una demostración y un taller del juego del garrote tradicional, a cargo de la Escuela de Garrote Tradicional Maestro Paquito Santana, y una luchada entre dos combinados del Castro Morales, organizados por la Concejalía de Deportes de Telde.

Mientras los demás se divertían, los miembros del patronato de fiestas cocinaban a fuego lento desde primera hora de la mañana dos calderos de potaje a los que le echaron hasta 16 kilos de berros, que fue repartido por la noche.

Ofrenda.

Ya por la tarde, un nutrido grupo de peregrinos partió desde la plaza de San Juan y otro desde el cruce de Marzagán para llegar caminando al pueblo. Un largo trayecto que se vio amenizado por agrupaciones folclóricas y que culminó ya de noche con la ofrenda que le entregaron a la virgen. Las energías se repusieron con el potaje de berros, que después de varias horas de reposo, supo a gloria. Se repartieron más de 300 raciones del manjar, acompañado por gofio. La larga jornada culminó con un baile de taifas con las parrandas Marpequeña Alta y Volumen en la plaza.