Entre 75 y 100 palomas ‘caen’ al mes en la ciudad

25/07/2018

Las aves okupan tres zonas negras y aunque las acciones para atraparlas se suceden, los buenos resultados no impiden que sigan proliferando en el triángulo que invaden desde hace años

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En el Triángulo de Las Bermudas, desaparecen todos los que se atreven a pasar en barco, en avión o en submarino. En el de Telde, aparecen palomas, pero como si no hubiera un mañana.

El muelle de Taliarte, una finca de Salinetas y el Colegio Príncipe de Asturias, en Melenara, son los vértices del triángulo que las palomas han colombizado, dejando a su vuelo problemas sanitarios (parásitos, afecciones respiratorias...), suciedad y quebraderos de cabeza a los vecinos.

La Concejalía de Sanidad, dirigida por Marta Hernández, y la empresa adjudicataria del control de plagas, Flodesin, llevan toda la legislatura batallando contra ellas. Y ahí siguen.

En el muelle de Taliarte, se concentran frente a la Cofradía de Pescadores, cerca de unos almacenes que guardan el alimento de las doradas y lubinas de las piscifactorías cercanas.

Buscan lugares para anidar y los barcos abandonados en la zona son ideales para convertirse en los hogares de estas okupas, que los cubren de excrementos, a modo de sello personal.

La infraestructura portuaria es competencia del Cabildo, por lo que el Ayuntamiento no puede realizar capturas en ella.

El Colegio Príncipe de Asturias sí es terreno municipal. Allí, el modus operandi se repite: las aves escuchan la sirena que anuncia el recreo y se ponen alerta; observan y esperan; y cuando los niños vuelven a clases se tiran en picado a comer los restos de los bocadillos y bollos de los pequeños.

Pero aquí sí. Aquí, la Concejalía ha capturado muchas aves con jaulas, palomares y con cañones lanzadores de redes. Incluso se colocaron pinchos y mallas correctoras para que no aniden.

Y el tercer vértice está en Salinetas, en una finca de ganado vacuno que se ha convertido en uno de sus comederos más cotizados. Este punto es el más prolífico en unas capturas que se sitúan en una media mensual de entre 75 y 100 en toda la ciudad.

«Hay que atraparlas con jaulas o cañones. Son inteligentes y si ven pienso pero han comido en otro lado, no entran. Lo tenemos controlado, porque llevamos tiempo en la tarea pero es complicado», asegura la concejala.