El CEPA Jinámar, un tesoro sin aprovechar

18/10/2019

El centro de adultos lleva ofreciendo desde hace más de 25 años educación y formación profesional gratuita, al tiempo que se las ingenia para enganchar a la población de uno de los barrios con mayor índice de pobreza y exclusión social

En el CEPA de Jinámar la lucha es constante. La educación a sus alumnos, ya sea en niveles tan básicos como en la alfabetización a personas que padecieron una infancia complicada en la que aprender a leer y escribir no era una prioridad -que son los grupos más numerosos-, pasando por la obtención del graduado de secundaria, se combina con los cursos de formación profesional orientados a ayudar a los alumnos a encontrar trabajo. Pero a esto hay que sumar la imprescindible labor de captación con la que aumentar el número de inscritos y lograr así mayores recursos para el Centro de Adultos.

Porque tal y como reconoce su directora, Laly Benítez, el escaso alumnado es un problema para el CEPA Jinámar. «Contamos con unos 200 alumnos, que para la población de un barrio tan grande como este -30.000 habitantes- son muy pocos. Además, muchos de los que se matriculan dejan de venir», relata, sin comprender como en uno de los puntos con mayor índice de pobreza y exclusión social la gente no se aprovecha de un servicio tan importante y que, además, es completamente gratuito. «Se supone que hay que pagar 20 euros para matricularse, pero ya ni estamos cobrando ese importe anual porque el 90% de las personas que acuden no pueden permitírselo», amplía Benítez, fotografiando la realidad de un centro que trata de dar una segunda oportunidad a personas sin recursos.

Es precisamente esta situación de extrema necesidad que viven los alumnos lo que les lleva a no terminar las formaciones a las que se apuntan. «Investigamos el motivo de que haya tanto abandono llamando a aquellos que dejan de venir, y la mayoría nos contestan que es debido a que encuentran un trabajo, ya sea legal o no, otros porque tienen que cuidar de personas enfermas e, incluso, por cambio de domicilio», desvela. Y teniendo en cuenta esta información, tratan de encontrar soluciones para evitar en lo posible estas fugas. «Buscamos la manera de conectar con las necesidades de los alumnos, ayudarlos y ser conscientes del drama que muchos de ellos tienen en casa para ofrecerles un desahogo aquí», explica Laly.

El escaso número de alumnado también responde a que buena parte de los habitantes de Jinámar ni siquiera conocen la existencia de este centro, ni tampoco lo que podrían conseguir entre sus paredes. «Llevamos 25 años aquí, y muchos vecinos de toda la vida no lo saben», comenta la directora. «Y es una pena porque este es un recurso gratuito muy importante y da lástima que no se le saque el partido suficiente. Jinámar merece esto y muchas más cosas», amplía. Y es que, a menos alumnos, menos posibilidades. Hace tres años el centro tuvo que quitar el turno de tarde porque solo contaban con dos personas en esa franja horaria. «Esto se hace cada vez más pequeño», se lamenta Laly Benítez.

Pero el personal del CEPA de Jinámar no desfallece a pesar de las dificultades. Sabe que su centro de adultos es un bien muy necesario para el barrio y están haciendo todo lo posible para su supervivencia. A falta de dinero para publicidad, organizan batidas por las calles para captar a gente, acuden a colegios y centros de salud, y ahora están organizando unas jornadas de puertas abiertas en el centro. El compromiso de estos trabajadores con sus vecinos es conmovedor y están continuamente ideando iniciativas para frenar el declive y reinventarse con lo poco que tienen. «Por último hemos solicitado, a través del Plan Integral de Jinámar, la posibilidad de impartir talleres de costura dirigido a mujeres en situación de exclusión social», relata Laly Benítez, la infatigable directora del CEPA Jinámar que trata de dar luz a este tesoro oculto para muchos de sus vecinos.