De profesión, dar agua... dar vida

10/08/2018

Cuatro rancheros han nutrido las traídas en estos 50 años en los que Lomo Magullo ha celebrado su fiesta más popular. Este viernes reciben el homenaje de sus convecinos, por la labor esencial que han realizado

Echarse el sacho al hombro y recorrer a pie varios kilómetros por senderos y barrancos; distribuir los litros a golpe de cantonera; sisar minutos de aquí y allá para cuadrar las horas de servicio; controlar mentalmente quién, cuándo y cuánta recibe; soltar alguna mentirijilla, para que nadie pierda los nervios mientras espera ver llenarse su acequia; mediar en discusiones de regantes... y mil tareas más.

Una labor inmensa e intensa. Dura. Sin horario. Sin días de fiesta. Un trabajo que se resume en dos palabras: dar agua o, para los lomomagulleros: dar vida.

La figura del ranchero sigue siendo esencial en este barrio, cuyos habitantes no pueden escribir su biografía sin que en sus páginas aparezca una acequia.

«Yo crecí jugando en sus orillas. No teníamos agua de abasto y las mujeres del pueblo lavaban allí. Mi madre me llevaba con ella y todos nos reuníamos alrededor de ellas. Era nuestro punto de encuentro, la extensión de nuestra casa». A Juan Martel, actual alcalde accidental de Telde y antiguo ranchero, se le ilumina la cara cuando echa la vista atrás y no puede evitar sonreír al recordar aquellos tiempos.

«Mi vecina Conchita me jaló de los pelos el día que me caí a a la acequia y el agua me llevaba. Si no es por ella, yo no estaría aquí». Y si no es por ella añado yo, nunca habría hecho de esa misma acequia, el escenario de su puesto de trabajo.

Él es uno de los cuatro rancheros de la Heredad del Valle de Los Nueve que han dado los pistoletazos de salida a las 49 traídas del agua que ya ha vivido Lomo Magullo. Este domingo, la celebración más ancestral del barrio cumplirá sus bodas de oro.

Allá por 1968... Sebastián López Sánchez, Chano López, ya fallecido, nutrió la primera traída del agua, este domingo hará 50 años.

Por aquel entonces no había tuberías en los campos lomomagulleros. La masa de agua superaba los 100 litros por segundo y él debía distribuirla, a golpe de ingenio y buen hacer.

Era un amante de la vida, analfabeto voluntario y amigo de sus amigos que, a veces, usaba una moto de pequeña cilindrada para recorrer la ruta que hacía a diario.

Miguel Sánchez Pérez, Miguelito Sánchez, también desaparecido, fue su sucesor en abrir la espita de la mayor fiesta pasada por agua.

Dio sus primeros pasos en este mundo trabajando en las galerías que tenía la heredad en el Barranco de Los Cernícalos y poco después, se convirtió en ranchero.

Juan Martel Santana es el tercer mosquetero y protagonizó su primera traída en 1986. Hoy es concejal, pero, en su juventud, quiso ser ranchero «porque me gustaba este mundo». Así de simple.

No tenía moto. Con un coche ni soñaba, así que recorría cada día a pie los doce kilómetros de su extenso puesto de trabajo: el territorio que une el Valle de Los Nueve y el Barranco de Los Cernícalos.

«Al principio me costó. No es fácil calcular en tu cabeza los minutos que das a cada regante. Para los litros teníamos la caña, con la astilla a siete centímetros que nos marcaba los diez litros, y los distintos huecos de las acequias, por los que calculábamos la cantidad de agua que salía cada finca. Fue difícil, pero me acostumbré».

Recuerda que una vez se vio apurado. «Bajé a Los Cernícalos y luego no podía subir. Me agobié y me senté en el fondo del barranco, pensando en que mi familia se iba a asustar. Me calmé, me dormí y, al rato, conseguí subir. Fue un momento malo, pero puedo decir que fue una de las mejores de mi vida».

Sebastián Sánchez Suárez, conocido jocosamente como el mentiroso del barrio, es el actual ranchero y dará el agua de la 50 traída.

Es el moderno. El que trabaja con tuberías... aunque estén medio vacías. O sea, como él asegura; «El trabajo sigue siendo igual de duro e incluso peor, porque a menos agua, más problemas».

Por eso tiene que engañar, entre comillas, para sortear a quien le pide más minutos o que le suministre antes que al vecino. «Casi podría decir que engaño por obligación y las víctimas me entienden». Y es que, al final, las aguas vuelven a su cauce... y nunca mejor dicho.

Los cuatro serán homenajeados hoy por sus vecinos, que valoran el trabajo de vital importancia que han ejercido y aún ejercen por el interés general del barrio.

En la Noche de las Tradiciones de las fiestas, que se celebra en la plaza de Lomo Magullo, la directiva del Patronato de Fiestas El Manantial les entregará un recuerdo, como reconocimiento a la labor trascendental que han desarrollado por todos los lomomagulleros.