«De la porquería que hay en la casa, muchas veces durmió en el rellano»

17/07/2019

Los vecinos del bloque instan una intervención urgente para limpiar el piso donde vivía la anciana que murió sola. «Ahí estaba sin agua ni luz, necesitaba ayuda y no nos ayudaron, ni antes ni ahora»

María Teresa Santalla vive en un décimo piso del bloque y hasta allá arriba le sube por el patio el olor nauseabundo que se ha quedado en la vivienda donde el jueves pasado, en la urbanización Eucaliptos II de Jinámar, hallaron muerta, en su silla de ruedas y en avanzado estado de descomposición, a su vecina, Dolores R., de 80 años. Vivía sola y murió sola sin que nadie se enterase. Podría llevar entre 15 y 20 días fallecida. El problema es que, además, tenía la vivienda llena de basura. «De la porquería que hay en la casa, muchas veces durmió en el rellano», contaba ayer María Teresa. «La puerta se hinchaba o algo y no podía abrirla y más de una vez hubo que llamar a los bomberos; la última vez que vinieron rompieron la ventana del patio y por allí sube ahora todo».

Y no solo la ventana. Tampoco la puerta de la casa está cerrada. Basta empujarla para abrirla. De ahí que el olor, y los bichos, salgan con facilidad. Maite atiende a los periodistas justo delante de la vivienda, y lo hace a duras penas. «Estoy provocadísima». Por eso ella y el resto de los que residen en este bloque, el número 6 de la calle Fuente del Sao, reclaman al Ayuntamiento una intervención urgente para limpiar y desinfectar el piso. Aridane Montesdeoca, presidente de la asociación de vecinos Armiche, entiende que la corporación local «puede intervenir en primera instancia, tasar unas costas y pasárselas a la familia, así por lo menos evita este foco de infecciones y mal olor».

«Solo la lloró mi perra». María Teresa le secunda. Está muy descontenta con la forma de actuar del Ayuntamiento. Recuerda que los vecinos alertaron varias veces del estado de Dolores y de los problemas que acarreaba al bloque, pero se queja de que no les hicieron mucho caso. «Esta señora estaba psicológicamente fatal, en malas condiciones», apunta. «Ahí vivía sin agua y sin luz, necesitaba ayuda y no nos ayudaron, ni antes ni ahora».

Ángela sobrevive, justo al lado, con una toalla empapada en lejía con la que tapa el bajo de su puerta. No puede con el olor. Ni con la tristeza. No se la quita de la cabeza. «Estoy muy mal». Confiesa que ni se le pasó que estuviera muerta. «Pensé que le habría echado algo para matar a las ratas y que eso era lo que olía, cuando resulta que era ella». Solo su perra advirtió algo. «Llevaba días rara, y el día que la encontraron me la vi echada y con lágrimas en los ojos, fue la única que la lloró».

Sanidad aportará un informe a los vecinos para que se dirijan al juzgado

El Ayuntamiento insistía ayer en que al ser una vivienda privada no puede intervenir de forma directa. Ha de ser la comunidad de vecinos la que se dirija al juzgado que tramitó el levantamiento del cadáver, el número 3 de Telde, para que le facilite el contacto de los familiares, que son los que deberían actuar. De negarse estos, el magistrado decretaría qué administración asumiría la limpieza. Por lo pronto, Sanidad municipal, que dirige Aurora Saavedra, mandó ayer a un equipo técnico al bloque a redactar un informe que deberán aportar los vecinos al juzgado. El alcalde, Héctor Suárez, lemantó lo sucedido y admitió que hay que mejorar la coordinación entre administraciones para evitar estos casos. Una trabajadora social acudió dos veces a la casa, pero Dolores rechazó la ayuda y le prohibió entrar al piso. Iba en silla de ruedas, pero caminaba. Cobraba una pensión de viudedad. Había enviudado dos veces.