Cuando el casero solo pone la mano

17/03/2019

Los vecinos de las casas de Visocan en El Calero se quejan por las deficiencias que arrastran sus viviendas y la falta de respuesta de la empresa pública regional. Protestan con grandes pancartas

Hay dos tipos de caseros, el que responde como tal y cobra, y el que solo pone la mano. A los inquilinos de Visocan, visto lo visto, les ha tocado lidiar con el segundo. Los vecinos de las 103 viviendas de promoción pública y en régimen de alquiler de El Calero, al lado del campo de fútbol, están hartos de los desperfectos que arrastran sus casas, pero casi más lo están de que la empresa pública de Vivienda, que depende del Gobierno regional, «mire para otro lado».

Humedades como chorros de suciedad en los frontis y zonas comunes, techos en fase de desintegración en los garajes, amenazantes grietas que dibujan el peligro en los muros, hidros para la distribución del agua de abasto que llevan rotos tres años... El rosario de calamidades se hace largo, y los años que llevan aguantando, también, de ahí que los residentes de esta urbanización se hayan sumado a los del resto de las que están en Telde para hacer una protesta común frente a Visocan.

Estos vecinos, que llevan 17 años residiendo en estas casas, han resumido su malestar en dos grandes pancartas-lonas que cuelgan de la pared de uno de sus edificios. «Es que estamos cansados de que no nos hagan caso, solo les interesa cobrar todos los meses, eso sí que no nos lo perdonan», se queja uno de los inquilinos, José Luis Olmedo, que asegura que Visocan no hace labores de mantenimiento en las casas. «Si actúan, que es casi nunca, es cuando se lo pedimos, pero si es por ellos aquí ni aparecen». Y cuando vienen, vienen tarde. Otra vecina sostiene que cuando se ha roto la puerta de uno de los garajes comunitarios la han tenido 15 o 20 días estropeada. Y le recuerda otra que la empresa-casero tardó años en colocarle unos pasamanos a la escalera de entrada de uno de los edificios. «Me tuve que caer cuatro veces para que me hicieran caso», protesta.

«Si las casas son de Visocan para cobrarnos un alquiler, también son de ellos para arreglar las deficiencias», sostiene Olmedo. Más aún cuando apunta que hay familias que no tienen mensualidades baratas. «Eso depende de los ingresos mensuales de cada casa, pero sé de casos que pagan más de 300 euros».

Estos males se reproducen en el interior de los pisos. Casi todos se quejan de las humedades, o directamente de escapes de agua por el mal estado de las tuberías. Sin ir más lejos, Rosa Afonso, que reside en un bajo, no puede encender una de las luminarias de su cocina porque se le salta la palanca. Los cables deben nadar en agua. El deterioro visible que sufre el plafón da fe de los chispazos a los que ha debido hacer frente. Se nota la casa fría. «Me hice asmática después de vivir aquí», confiesa la mujer. «Hay familias que se han quejado y ¿sabe lo que les dice Visocan? Que abran las ventanas», se queja Olmedo.

Además, Afonso se las tiene que ver a diario con la poca fuerza del agua que le llega a la casa. Como los hidros no funcionan, de los grifos apenas le sale un chorrillo. Tiene que abrir las llaves a tope para que baje el agua. Del bidé no sale nada. «Tengo que esperar dos horas a que se me llene el depósito de la vasija y no le digo nada si quiero poner la lavadora, no puedo usar más agua».

Y la última faena: Visocan no les quiere tener en cuenta los años que llevan pagando de alquiler para que se los descuente a los interesados en comprar sus casas. «Antes de entrar nos dijeron que a los 10 años nos daban una opción de compra y nos descontaban lo que ya habíamos pagado, y ahora resulta que nos las quieren cobrar al precio de hoy, a 70.000 euros, y empezando de cero», se lamenta otra afectada. Así las cosas, lo tienen claro. Si Visocan quiere seguir siendo su casero, tendrá que rascarse el bolsillo. Si ellos cumplen, entonces Visocan también.