Contratos con conciencia social

08/12/2018

La segunda edición del Proyecto Empléate, del centro comercial El Mirador, forma a 13 parados con vulnerabilidad social para crear una bolsa de empleo. Cuatro de ellos ya están trabajando.

G. Florido / telde

Angélica Pérez, por circunstancias familiares, no había tenido hasta ahora experiencia laboral alguna. A priori, su currículum, a sus 41 años, jugaba y juega en su contra en un mercado cada vez más exigente y competitivo. Pero no todo en la economía ha de guiarse por la salvaje ley de la oferta y de la demanda. Hay empresas, como las que conforman el centro comercial El Mirador, en Jinámar, que son conscientes de su responsabilidad como agentes sociales que son y que, por eso, han apostado por Proyecto Empléate, que da una oportunidad a ciudadanas como Angélica.

Ella es una de las 13 personas en paro que se han beneficiado este año de un intenso programa formativo que les ha permitido formar parte de una especie de bolsa de empleo interna del centro comercial. Cinco de las empresas con sede en El Mirador colaboran con Empléate y recurren a esa lista de trabajadores para reforzar el personal en temporadas fuertes de venta, como Navidad.

Este programa lo financia el centro comercial, sin ayudas públicas, y lo desarrolla la ong MeSumaría. Su coordinadora, Yurena Cardona, explica lo que buscan. «Esta iniciativa nace de la mano del gerente de El Mirador, Lorenzo Esma, y de la subdirectora, Alicia López, con la intención de dotar de personal a las tiendas del centro comercial en determinadas campañas, o para incorporarlas en cualquier momento, pero tratando que sean personas que tengan una situación de vulnerabilidad social y que hayan recibido una formación previa en técnicas de venta». Se da prioridad, añade, a quien lleve más de un año en paro, a familias monoparentales, a las que tienen discapacidad, no hayan trabajado nunca o carezcan de formación.

Apunta Cardona que la de este año ha sido la segunda edición y que se superaron las expectativas de la primera. Para empezar, se recibieron más de 900 solicitudes frente a las 600 de 2017. El Mirador abrió una fase de inscripción vía página web y Facebook, dio 15 días de plazo y se presentaron casi 1.000 currículos. A partir de ahí se sucedieron varias cribas. Primero se seleccionó a unas 100, que fueron convocadas a una dinámica grupal donde se les explicó el proyecto y las condiciones, y en la que se les hizo simular una pequeña venta. Bárbara Hernández, profesora del curso y educadora social, explica que se les valoró la actitud y la aptitud de cara al trabajo. De ahí se pasó a las entrevistas personales, en las que se exploraron sus trayectorias, sus cualidades, sus puntos fuertes y las áreas que tenían que mejorar. Y de esta última resultó el grupo de las 13 personas elegidas,

Durante 30 horas, entre el 22 y el 31 de octubre, desde 10.30 a 15.30 horas, Bárbara y Yurena les formaron en competencias personales y sociales, técnicas de venta, estrategias para trabajar en equipo y mejorar la comunicación con el cliente y con el compañero o en afrontar situaciones difíciles con el hipotético comprador. Yurena subraya el salto cualitativo dado este año en el curso gracias a que Bárbara ha sido también dependienta y ha podido transmitirles de primera mano su experiencia.

La lista, y la suerte, ya está echada. Ahora solo falta que las llamen. Cuatro ya tienen contrato. De la última edición, hubo alguno que se quedó fijo y hay otros a los que siempre llaman cuando precisan refuerzos.