Aguas asegura que no hay riesgo por las tuberías de fibrocemento

30/04/2019

El 5,7% de la red de abasto municipal, lo que supone 32,2 kilómetros, usa cañerías de amianto. Aclara que las evidencias científicas garantizan que se puede consumir agua conducida en esos conductos sin afecciones para la salud

Los vecinos de Valle de los Nueve alto y bajo y los de Lomo Magullo están preocupados. La tubería principal que les abastece de agua en sus casas es de fibrocemento y contiene amianto, un material prohibido en España desde 2002 por los perjuicios que causa a la salud. Los colectivos que los representan han solicitado un plan urgente de retirada de esa red, y el gobierno local les contesta que está prevista la sustitución progresiva de todas esas canalizaciones y, además, les intenta lanzar un mensaje tranquilizador. La Concejalía de Aguas, que dirige el edil Agustín Arencibia, asegura que «no hay riesgo sanitario» por el consumo de agua distribuida en redes de fibrocemento. Es más, en Telde el 5,7% de la red (32,2 kilómetros) está formada por cañerías de ese material, un porcentaje que es aún mayor en otros municipios, añade el concejal Arencibia. Y su presencia no es aún mayor porque hace años que Aguas acomete un plan gradual de sustitución de esas tuberías por otras de PVC.

Fuentes técnicas de este departamento aclaran que lo que está constatado es que si se manipula el fibrocemento y se desprenden fibras de amianto se puede producir un daño para la salud por vía inhalatoria. Sin embargo, en las cañerías hechas de fibrocemento (la marca más conocida en Canarias es la uralita), «el amianto se encuentra en su parte interior, y por tanto, en condiciones normales no existe contacto directo entre este material y el agua suministrada».

Es más, según sostienen estos mismos especialistas, «en los numerosos estudios científicos realizados hasta la fecha no se ha podido demostrar correlación entre el consumo de agua de bebida en contacto con tuberías de fibrocemento y enfermedades como las que el amianto puede producir por inahalación crónica», por lo que «ni la legislación europea sobre calidad del agua de bebida ni la Organización Mundial de la Salud (OMS) contemplan la necesidad de regular la presencia de fibras de amianto en el agua». La OMS en su última edición de las Guías para la calidad del agua potable (2011) afirma que «estudios epidemiológicos no muestran evidencias de la carcinogenicidad del amianto ingerido». Es por eso que la normativa europea sobre calidad del agua de consumo humano (Directiva 98/83/CE) y su modificación a través de la Directiva 1787/2015 «no fija ningún valor límite para la presencia de fibras de amianto en el agua ni establecen la necesidad de controlarlo».

Con todo, Aguas reconoce que en España hay una orden ministerial del 7 de diciembre de 2001, que es la misma en la que se basan los colectivos vecinales, que impone limitaciones a la comercialización y al uso de ciertas sustancias y preparados peligrosos vinculados al fibrocemento, pero aclaran sus técnicos que la justificación de la prohibición del amianto en esa normativa tiene que ver con la producción y manipulación del material y «no para su utilización como sistema de transporte de aguas de consumo», que no ha sido prohibido. Europa sí recomienda una sustitución «lógica y progresiva».