Gran Canaria

El mayor biodigestor del mundo está atascado por la burocracia

29/05/2017

Capaz de transformar en abono líquido 150.000 toneladas anuales de lodos de depuradoras y residuos animales, en la primera de sus tres fases, el mayor biodigestor del mundo espera desde hace dos años la autorización necesaria para instalarse en terrenos de la Asociación Mixta de Compensación del Polígono Industrial de Arinaga.

Las Palmas de Gran Canaria

Mediante procesos bacteriológicos, la empresa Ecovalores Insular tratará en la planta de valorización de residuos orgánicos que ha ideado en Agüimes todos los lodos de depuradoras que se generan hoy en la Isla, en primer lugar, y también la mayoría de residuos animales (purines y gallinazas, entre ellos), un año y medio después, para transformarlos en abono ecológico y líquido de calidad. El tratamiento, por el que el Ecoparque Norte (Salto del Negro) cobra ahora 59 euros por tonelada, tendría aquí un precio de 25 euros y aprovecharía el 100% de los residuos, evitando que los restos finales se acaben enterrando.

El prototipo está experimentado, la financiación privada y 100% canaria está confirmada y el valor añadido y los beneficios que aportará son indiscutibles, pero el proyecto ha topado con la burocracia. El interminable proceso de disolución de la Asociación Mixta de Compensación del Polígono Industrial de Arinaga impide crear el mayor biodigestor del mundo (tramita el récord Guinness) cerca del barranco de Balos. La Entidad Pública Empresarial de Suelo (Sepes) del Ministerio de Fomento, que capitanea la liquidación, no solo descarta el alquiler sino todo acuerdo hasta que los terrenos se repartan entre la Sepes (35%), el Cabildo (60%) y el Gobierno canario (5%). Ecovalores intentó instalarse antes junto al nuevo polígono ganadero de Los Corralillos pero la ley impide que esté a menos de 500 metros de estas explotaciones.

Con un presupuesto estimado de 20 millones de euros, sus promotores temen perder fondos europeos, que tardarán en volver a convocarse, sin descartar que el proyecto se desbloquee en dos o tres meses.

Están convencidos del interés medioambiental de poner en marcha esta innovadora industria. Evitaría la emisión a la atmósfera de una tonelada de CO2 a la hora y generaría un fertilizante capaz de adelantar tres semanas los cultivos de cuatro meses, entre otras ventajas. Han probado sus efectos en tomates, lechugas y pepinos, entre otras hortalizas, obteniendo productos más atractivos y de más calidad. Los análisis lo confirman. Por eso están convencidos de su salida comercial como abono ecológico para cosechas y jardinería.

El proyecto se ha experimentado durante una década con residuos de una granja de 150.000 gallinas de Tejina (Tenerife) y en líneas generales consiste en depositar lodos y restos animales en una fosa, un depósito enterrado, donde se van homogeneizando hasta ser conducidos por tuberías al biodigestor, donde mediante varios procedimientos bacteriológicos anaeróbicos se obtiene un abono líquido en un 90%. El otro 10% resultante, sólido, vuelve al circuito y también se aprovecha.