«Se comió la montaña en media hora»

11/08/2019

Los vecinos de Juncalillo relatan la angustia que vivieron cuando el fuego se desató la noche del sábado. A muchas de las personas desalojadas hubo que despertarlas para ponerlas a salvo

El pago cumbrero de Juncalillo de Gáldar se preparaba ayer para pasar una segunda noche en vela con la mirada pendiente del incendio que les amenaza desde el sábado. Era el día grande de las fiestas en honor a Santo Domingo Guzmán, con la celebración de su tradicional rama, cuando el humo hizo acto de presencia. «Era el día grande de las fiestas, habían cerca de mil personas en Juncalillo celebrando cuando comenzó el incendio. El fuego estaba a nuestras espaldas», relata Pedro Hernández, vecino de la zona.

Con el avance de las horas y de la celebración el fuego fue ganando en intensidad. A medida que lo hacía crecía la preocupación de los vecinos. A esto se sumó el hecho de que no estaban en las mejores condiciones para coger los coches y salir de la zona tras la celebración vivida durante la mañana.Los visitantes se marcharon ante el panorama nada halagüeño que se avecinaba, mientras los vecinos se aseguraban que todos estaban bien, sobre todo los más ancianos y los que viven solos.

Tras caer la tarde, las llamas entraron a la zona alta del pago, a El Tablado, y el miedo a que se extendiera por todo el pueblo fue propagándose. «En 15 minutos se desató. Estaba desbandado y avanzaba de forma descomunal. Desde mi casa veía como avanzaba, en media hora consumió la montaña entera. Era algo brutal, exagerado», añade Hernández.

explosión. Esa virulencia del fuego, que amenazó durante horas el pago de Juncalillo, coincidió con el aumento del viento en la zona durante la noche del sábado y la madrugada de ayer. «Desde las 23.00 horas hasta las 01.00 horas el fuego se volvió loco. Se oían varias explosiones que venían de la zona de El Tablado. Los cañaverales ardían como si fueran voladores. En un momento se vio hasta un haz de luz azul de la explosión de una bombona en la zona alta. Fue una noche larga y muy triste», relata. Tras la retirada de los medios aéreos con la caída del día y el posible aumento del viento en la zona los vecinos revivían la pesadilla. Ayer se preparaban para una segunda madrugada larga, en vela y pendientes de la evolución de las llamas y del viento, que si se cumple la previsión y sopla con intensidad volverá a poner en jaque a este pago cumbrero y a otros barrios de las medianías de Gáldar.

Durante la tarde reponían fuerzas y descansaban lo que podían ante la larga noche que se les venía encima. El miedo de los vecinos es que las llamas consigan saltar hacia Barranco Hondo y entren en la masa forestal de Tamadaba, una auténtica reserva natural.

El alcalde de Gáldar, Teodoro Sosa, recorrió durante la madrugada y toda la jornada de ayer cada uno de los pagos y barrios cumbreros de Gáldar. Ayer recordaba las horas de tensión vividas en el municipio.

Con sirenas y el apoyo de la Guardia Civil, la Policía Local y Cruz Roja acudieron puerta por puerta y pago a pago para desalojar las viviendas y poner a salvo a sus vecinos.

«Fue una noche larga y muy dura. Tuvimos que actuar de inmediato desalojando a los vecinos al ver cómo bajaba el fuego desde la zona del Retamal. A muchos los despertamos y nos costó que desalojaran sus viviendas. Por suerte no hay que lamentar daños personales», afirmó.

Las llamas se extendieron de forma rápida por estos rincones de la cumbre de la isla salpicada por casas cuevas y poblaciones rurales. «En diez minutos el viento cruzó el fuego y empezó a bajar por la zona de la Piconera en los Pinos de Gáldar. Se extendió por el barranco, quedándose a 30 metros de la plaza de la iglesia de Juncalillo», relata.

Muchos tuvieron que pasar la noche en sus coches o en los cruces de carretera. Ayer bajaban hasta la Residencia Escolar de Gáldar y se sumaban a las 60 personas que pasaron la noche allí. Ayer fueron algo más de un centenar de vecinos los que pernoctaron en las instalaciones por segunda vez. Estas cuentan con cocina, duchas y camas para hacerles la estancia lo más cómoda posible. Además, varias empresas de alimentación y ciudadanos han llevado víveres, agua y enseres para poner su granito de arena. Una muestra de solidaridad y humanidad.

Durante el día de ayer Sosa recorrió la mayor parte de los barrios afectados por las llamas. Aunque precavido, se muestra optimista. «El fuego se paró en la puerta de muchas viviendas, no hemos visto casas afectadas. Los vecinos habían desbrozado los aledaños y eso parece que ayudó», señaló.