Estruendo de bucios y de fe en Guía

15/09/2018

Guía cumplió anoche, como desde hace 207 años, con el Voto de Vergara. Miles de personas bajaron con ramos a bailar ante la Virgen para agradecerle que les librara en 1811 de las langostas

Ya no son campesinos. Al menos no la inmensa mayoría. Y es probable que muchos de los que ayer participaron en la Bajada de la Rama de Guía, que descendieron hasta el casco desde la Montaña de Vergara en un estruendo de bucios, tambores y cajas de guerra, tampoco hayan visto nunca una langosta (de las tierra, que son las que, si vienen en masa, hacen daño). Pero una promesa es una promesa y más si se le hizo a la Virgen, en este caso, a la de Guía. Por eso ayer fueron otra vez unas 2.000 las personas que, 207 años después, pusieron de su parte para saldar aquella deuda que se contrajo en 1811 cuando se formalizó lo que se dio en llamar el Voto de Vergara, una de las citas festivas y religiosas más esperadas de cada edición de la Fiesta de Las Marías.

Los agricultores de Guía, Moya y Gáldar prometieron a la Virgen que si libraba a sus cultivos de la voracidad de las langostas rojas bajarían cada año cargados de ramas a bailarlas ante su presencia. Ella cumplió y los campesinos quedaron para siempre atados a aquel pacto de fe que ayer quedó renovado por varios miles de peregrinos, que llegaron a los pies de la Virgen, al frontis de la iglesia de Santa María de Guía, en torno a las nueve de la noche, tras una larga y, este año, calurosa caminata, unos seis kilómetros monte arriba.

Quizás por eso, porque sintieron el regocijo del voto cumplido pese al solajero, las ampollas y los achaques físicos de los que ya no son tan jóvenes, los romeros exprimieron anoche las fuerzas que les quedaban para echar el resto ante la patrona y bailarle la última tanda. Los ramos, algunos muy elaborados, se movían sobre las cabezas, pendulantes, mientras el retumbar de tambores y cajas de guerra y el sonido hipnótico y tribal, de reminiscencias marinas, de las caracolas (bucios) rompían el sosiego de la Plaza Grande, uno de los emblemas del casco guiense.

los 21 mayordomos

Los romeros llegaron más o menos a la hora que habían previsto los 21 mayordomos que se encargan de velar por esta tradición centenaria. Ellos son los que consiguen que esta bajada siga fiel al rito, que no se desvirtúe con banalidades ni trivialidades tan propias de los tiempos que corren. Son los guardianes del Voto de Vergara, una misión que heredan de padres a hijos y que ya suma varias generaciones.

Salieron de día, desde el monte, a eso de las cinco de la tarde, cuando el calor apretaba. Los hubo que subieron caminando, desde por la mañana, con la fresca, pero la mayoría se sirvió de los servicios de guagua y taxi que todos los años prepara la organización para facilitar a los romeros la llegada a la Montaña de Vergara. Había hasta 10 guaguas, que tuvieron que hacer varios viajes para cubrir la demanda. A partir de ahí les tocó bajar a pie, que es como manda el voto. A muchos de los caminantes les sirvió de ayuda el sonido de los tambores. De alguna manera les marcaba el ritmo del descenso, sin pausa, rumbo a la iglesia, aunque con tres estaciones marcadas a fuego, aquellas en las que toca bailar la rama a gusto, sin temor a que se pierda la cabecera de la comitiva, y acompañados por la Vitamina Band y los papahuevos.

Una fue a la altura del hospital, otra en la plaza de San Roque y la última, en la misma Plaza Grande, a las puertas de la iglesia, aperitivo del estruendo que se forma dentro del templo, cuando bucios y tambores hacen vibrar de fe sus paredes y con ellas, a todo el municipio de Guía. El colofón de la noche lo puso el 34 Festival Folclórico de Las Marías, que reunió a tres grupos, uno de ellos de El Hierro.

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