Moreno: «Los auténticos héroes son las cuadrillas, se juegan el tipo»

24/08/2019

La jefa de extinción durante las cuatro primeras noches del incendio que tuvo bajo su mando a centenares de personas y medios para acabar con las llamas, valora el trabajo de las unidades y brigadas y apunta a la importancia de limpiar el monte.

Marta Moreno relevó a Carlos Velázquez en la dirección de extinción sobre las 21.00 horas del sábado 17 de agosto, con el incendio que empezó en Valleseco en plena expansión. Era un incendio de «gran potencial», recuerda la ingeniera de montes del Servicio de Medioambiente del Cabildo de Gran Canaria. El fuego ya había movilizado a dos helicópteros y Moreno se dirigió al puesto avanzado de mando en el GC-21. «Ya estaba muy activo y avanzaba tanto por ambos flancos. Estábamos en la mitad de la carretera», señala, «con la UME y nuestras unidades activadas». En esos momentos, narra, «está concentrada en el trabajo, con las pilas puestas y la adrenalina a tope, hay que asumir la situación muy rápido». El fuego comenzó a propagarse «tan rápido» que tuvieron que «replegarse» y cambiar de lugar el puesto de mando avanzado.

Hay diferencias entre atacar las llamas de día y de noche. «Por el día cuentas con medios aéreos, por la noche, y para el personal que está en el terreno, es muy duro por las altas temperaturas. Por la noche el personal de tierra no tiene apoyos, bajan las temperaturas, pero en el anterior el viento sopló muy fuerte y complicó el trabajo» explica.

Durante las dos primeras noches el fuego iba ganando. «Veía a la gente trabajando, teníamos una estrategia muy buena –hacer fuegos de contención tras limpiar determinadas zonas para cortarle el paso a las llamas–, pero cuando casi lo habían conseguido el incendio saltaba. Eso genera frustración y ves que, al final son horas de trabajo perdidas. Eso nos sucedió durante la noche en varias ocasiones en los dos flancos. Íbamos haciendo líneas con fuegos técnicos en ambos lados es un trabajo arduo y la gente lo estaba dando todo y cuando les quedaban 40 metros se les escapa el fuego, alcanza a los eucaliptos saltan las pavesas y pierdes la situación».

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Con todo no decaían los ánimos. «Tenemos la suerte de contar con un personal muy formado, son muy profesionales y trabajan muy bien. Son muy luchadores y los técnicos que estaban allí estaban dándolo todo, saben cómo es su trabajo», reconoce.

Moreno también vivió el incendio de 2007 y el de hace dos años, el de 2017. Este se parece más al primero porque, como en aquella ocasión, «hay zonas muy complicadas y también mucha gente ha tenido que ser evacuada».

La ingeniera de montes comprende la fascinación por los hidroaviones de la población, máxime cuando han estado cargando en la bahía de Las Palmas de Gran Canaria donde la ciudadanía podía observar de cerca cada maniobra. Sin embargo, insiste en que Canarias lo que necesita son helicópteros. «Son los que mejor nos sirven en una orografía como la nuestra, eso es impepinable. Teníamos muchos medios aéreos y hasta 200 personas trabajando, del archipiélago y de la península, pero entiendo que llamen la atención los hidroaviones, que son un apoyo, como los helicópteros, pero el personal de tierra es fundamental y por la noche están solos. Los auténticos héroes son las cuadrillas que están trabajando ahí, el técnico que estaba en la zona. Abriendo líneas y limpiando el terreno para poder quemar y que el fuego se encuentre con el otro. Muchas veces no conseguimos acabar con éxito esa operación», lamenta. «Comienzan a volar elementos incandescentes a tus espaldas, por detrás de donde habías abierto la línea y tienes que retroceder y encontrar otro sitio bueno para establecer una nueva. Físicamente es un trabajo exigente. Yo creo que si hay que reconocer héroes son todas las cuadrillas desplegadas dejándose la espalda... Ellos son los que de verdad están jugándose el tipo. Trabajan con seguridad, pero están en primera línea».

Moreno: «Los auténticos héroes son las cuadrillas, se juegan el tipo»

Los turnos de trabajo son de 12 horas. «Hay un director de extinción de día y otro de noche», pero en un gran incendio como este las jornadas se alargan» y cuando llega la hora del descanso pocos pueden dormir. «En mi caso, y el de algunos compañeros, sé que no consigues descansar. Estas como una moto», bromea. «Todos estos días me despierto antes de que suene el despertador. Estás tan activo que te cuesta desconectar, solo piensas en el incendio, como si fuera tuyo», reconoce.

Este verano había sido tranquilo, pero la meteorología está cambiando por el calentamiento global. «En el primer mes de la campaña [contra incendios] tuvimos un tiempo muy bueno. Sí es verdad que las condiciones son un poco más extremas, con lluvias muy torrenciales y épocas de calor muy fuerte, y eso se está acentuando. Pero mientras que en 2017 no paramos de tener olas de calor una detrás de otro este verano no había sido así. Pero hay un abandono de la actividad del campo desde hace muchos años y eso ha hecho que los matorrales colonicen zonas agrícolas. Nuestro territorio, sobre todo en la zona norte, es como si tuviese dinamita por todas partes, eso hace mover un incendio de forma rápida y potente. Si unimos los cambios meteorológicos y ese combustible en el terreno es lo que hace un incendio ingobernable. Hay tanto combustible que no podemos frenar el fuego», explica Marta Moreno.

Brigadas trabajando. / Foto de <b>Raúl Rodríguez </b>
Brigadas trabajando. / Foto de Raúl Rodríguez

Por eso las estrategias para afrontar los nuevos incendios deben ser diferentes. «Hay que adaptarlas. Hay momentos en los que en un fuego forestal el daño ambiental queda en segundo plano», señala Moreno en relación a que primero hay que salvar vidas y viviendas. «Nosotros tenemos que buscar un sitio para poder atacar el fuego, pero hay lugares donde no podemos hacer las quemas de ensanche, no las podemos hacer en cualquier lado. Según la vegetación me va a dar las oportunidades. El gran problema que tenemos y la principal preocupación por mi parte es todo ese combustible que hay y que todavía está dispuesto a arder en el norte de la isla», advierte.

A su juicio, más que de mantenimiento hay que hablar de «prevención», que está «un poco coja». Moreno explica que la normativa obliga a mantener limpios 15 metros alrededor de las casas, «si tuviésemos las viviendas limpias 15 metros, sin matorral y determinadas especies, si la población limpiara al menos 15 metros y los núcleos de población los limpiaran sería una ayuda increíble. No tendríamos que hacer ese esfuerzo tan grande en centrarnos en proteger los núcleos poblacionales. Pero a nuestra sociedad le cuesta entender que defendernos de incendios no es pedir hidroaviones, sino limpiar los matorrales que son los que van a llevar el fuego a tu casa. Esa es la única vacuna, limpiar el matorral, lo otro, los hidroaviones, son el antibiótico».

La ingeniera advierte del riesgo del «interfaz urbano forestal» pues Gran Canaria es la isla «con más viviendas y núcleos poblacionales tiene mezclado en el monte»

Moreno explica que con los terrenos limpios «estaríamos hablando de otra cosa». En el primer incendio de este verano recuerda que el fuego no afectó a varias parcelas mantenidas. «No quemó ni los olivos ni las parras» ni siquiera «los bancales no cultivados» porque estaban «limpios», insiste. La ingeniera reconoce que la economía actual, basada en el sector terciario, ha dejado en las islas de lado la agricultura, «no es un trabajo fácil ni bien pagado». Pero es necesario limpiar, abunda.

De hecho, señala, «cualquier técnico que se dedique a la extinción podrá decirlo. Siempre hablamos de Tamabada. Sabíamos que iba a arder y de un lado a otro. Ahora nos quedan los Llanos de la Pez, el Roque Nublo, que ha escapado, e Inagua, que como van pasando los años [tras el incendio que le afectó] ya podría estar en disposición de arder».

Brigadas trabajando. / Foto de <b>Manolo García</b>.
Brigadas trabajando. / Foto de Manolo García.
«Hay que hacer hincapié en que hay que desbrozar para vacunarnos contra los fuegos que quedan por venir»

A todo ello hay que añadir, afirma, el riesgo del «interfaz urbano forestal. De todo el archipiélago somos la isla con más viviendas y núcleos poblacionales tiene mezclado en el monte. Todo eso es zona forestal y agrícola abandonada: Santa Brígida, Moya, Arucas... Con matorrales de más de un metro de altura». Por eso, añade, «la sociedad necesita darse cuenta de que tenemos un riesgo serio. Podría darse el caso de tener un incendio fuera de capacidad en el norte de Gran Canaria, que confine a mucha gente y que no salga bien. Mi mensaje es que vamos a desbrozar. Tenemos que desbrozar alrededor de los núcleos de viviendas. Necesitamos una vacuna, que es desbrozar, antes de que llegue la epidemia y estamos otra vez con que queremos el antibiótico, los hidroaviones, en lugar de decir ‘quiero esta vacuna para estar protegida’. Hay que hacer hincapié en ello. Vamos a desbrozar para vacunarnos contra los fuegos que quedan por venir».

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