Microvegetales, el tamaño sí importa

21/02/2020

Un joven emprendedor cultiva en Agüimes brotes vivos y cortados, hojas frescas y baby verduras. Restaurantes y hoteles se los quitan de las manos

Estanterías, bandejas, luces, un sistema de riego automático y semillas. Con mimbres tan sencillos y una idea brillante un joven emprendedor, Carlos Hernández Marqués, ha logrado abrirse camino en las cocinas de los mejores chefs de Gran Canaria y, de paso, ganarse la vida con un nicho de negocio que es tendencia en medio planeta pero que hasta ahora era desconocido en Canarias, el de los microvegetales, un producto para el que, dicho sea de paso, el tamaño sí que importa. Es más, lo que se cotiza es lo pequeño.

Carlos creó hace dos años Canarias Chef Select y cultiva en Agüimes y bajo techo brotes vivos y cortados de hasta 15 o 16 variedades distintas de vegetales que luego se incorporan a las recetas más sofisticadas de cocineros de lustre. «Me los están quitando de las manos», comenta con satisfacción. A ojos de un profano, se antoja un jardín vertical, un producto delicado que, sin embargo, no solo se toca, sino que se come. Aportan colores, sabores y texturas únicas. «No le echamos nada, es la misma planta que conocemos todos, solo que no se deja crecer», explica. Los cultiva en bandejas colocadas en estanterías. «Lo que plantamos en una bandeja, un agricultor convencional lo planta en 200 o 300 metros cuadrados de terreno, plantamos mucha densidad en poco espacio para limitar su crecimiento».

Sus principales clientes son restaurantes y hoteles, hasta 15 o 20 con los que trabaja de forma directa, pero también los vende en Makro (Telde) y en un distribuidor de Mercalaspalmas, en la capital, El Sol Productos de Calidad. Explica que la variedad de brote que más sale es el guisante y también el cilantro, pero vende bastantes más: cuatro tipos de rábanos, rúcula, albahaca, girasol, amaranto rojo... Tiene en producción 200 bandejas. Y todo lo vende.

¿Cómo se le ocurrió? Carlos es cocinero y trabajando en restaurantes del sur de la isla se dio cuenta de que estos productos se usaban mucho, pero que venían todos de fuera. Se lanzó a la aventura y funcionó. Ahora tiene pensado ampliar negocio. Cuenta con una finca cercana de 2.000 metros donde hará un invernadero para cultivar más brotes y donde ya produce hojas frescas (bandejas con un mezclun de hierbas y colores) y baby verduras. Cultiva zanahorias (esta le costó probar 25 variedades diferentes) y cebollas, pero investiga para sacar una piña de millo. Su hándicap, los controles en aduanas con las semillas, pero los entiende. Las trae de Italia, Francia y península.