Medio Tasarte se mudó a la residencia

25/02/2020

La residencia escolar La Ladera, del colegio Cuermeja, en La Aldea, bullía ayer lunes de vida. Por la mañana, unos 30 vecinos de Tasarte veían pasar allí las horas hasta que les dejasen volver a sus casas (pudieron hacerlo por la tarde).

El domingo los sacaron en guagua del barrio y los llevaron al pabellón deportivo. Eran unos 300. La mayoría se reubicó luego en casas de familiares. Los que no, fueron traídos la tarde del domingo a la residencia. La mayoría aguardaba impaciente en un salón. Entre ellos, Carmen Hernández (71 años) y su marido Francisco Hernández (73). A él se le veía peor. Saben que perdieron tres cabritas y unas 5 gallinas, pero el resto de animales se salvó. Un hijo se quedó en la playa y les ha dicho que la casa está bien. «Eso me tiene tranquila». La noche del sábado estaban con dos nietos en su casa. «Trancados». Su marido durmió con ellos. Estaban asustados. Pero a las tres de la mañana fueron desalojados a la playa. «Ya veíamos el fuego». Y pasaron la noche en el coche. «No podíamos salir, era como si el viento tuviera rabia para llevarse a uno». Estaban ansiosos por regresar. «Estábamos amargos, hemos trabajado una vida para tener lo que tenemos».

Isabel Suárez (edil de Empleo y Desarrollo Local)

«Entre los alojados hay también dos familias de turistas con menores»

Medio Tasarte se mudó a la residencia

En la residencia escolar, con capacidad para 61 plazas, pasaron la noche 46 personas. Eran de Tasartico, Tasarte y de El Hoyo. Pudieron asearse y dormir. También se prestó asistencia sanitaria a quien la necesitó. El Ayuntamiento ha corrido con los gastos, pero buena parte de la comida fue cedida por restaurantes aldeanos. Había al menos 10 niños, entre ellos, de dos familias de turistas. La propia edil les atendía en lo que podía.

Sisa (Narcisa) García

«A las ocho de la tarde del sábado vi tanto humo que me bajé a la playa»

Medio Tasarte se mudó a la residencia

Vive en El Palillo, en el centro de Tasarte. Estaba con su marido, su hija y su nietillo. «El fuego empezó en dos sitios, por arriba y por abajo de la carretera». Enseguida se vieron rodeados por los barrancos. «A las 8 vi tanto humo que me bajé a la playa». Pasó la noche en el coche. «No podíamos bajarnos, el viento te tumbaba». Ella y Julia García, a su lado, no tienen sino palabras de agradecimiento por el trato recibido en La Aldea.

Emilia Díaz

«El ventanero era terrible, levantaba las piedras del suelo y te las tiraba»

Medio Tasarte se mudó a la residencia

Lo que le impactó fue el viento. «Es que levantaba las piedras del suelo y te las tiraba». Le pilló en La Aldea. Había acudido a ayudar con los preparativos de la gala de la reina de los mayores. Cuando se enteró del fuego trató de llegar a Tasarte y no le dejaron. «Mi marido se quedó allí y es la hora que es y aún no he hablado con él, desde el sábado». Su casa está pegada al barranco y el fuego le llegó, pero solo la afectó por fuera.

Richard de Gooijer

«Fue un infierno, pero nos sentimos muy bien atendidos en La Aldea»

Medio Tasarte se mudó a la residencia

Es holandés, pero chapurrea español. Estaba en una casa rural en Tasarte y se asustó. «Fue un infierno». Vino a pasar 12 días de vacaciones en la isla. No cree que pueda pillar el vuelo de vuelta cuando tenía previsto. Estaba muy agradecido por el trato que se les había dispensado. «Nos sentimos bien atendidos, La Aldea es una comunidad muy fuerte, unida».

María del Mar Hernández

«Mi perra Gara ya ha sido evacuada tres veces, en 2007, en 2019 y esta»

Medio Tasarte se mudó a la residencia

No se va sin sus animalitos a ningún lado. Son parte de su familia. «La noche del sábado al domingo en la playa de Tasarte la pasamos en el coche, y estaban con nosotros mi perrita Gara y mis dos gatos, Cowi y Lalo». Estaban tan asustados que la pasaron detrás de los pedales del conductor. Los gatos se los alojaron estos días en el local del veterinario.

Tenesoya Pérez

«Estaba librando, pero cómo voy a estar en mi casa con lo que hay aquí»

Medio Tasarte se mudó a la residencia

Es trabajadora de la propia residencia escolar, pero era puente y le tocaba librar. «He venido de voluntaria». Llevaba desde las cuatro de la tarde del domingo. «Junto con otras voluntarias los repartimos por las habitaciones». Dice que los realojados se mostraron siempre muy colaboradores. Durmió a ratos. «La cara de ellos me compensa».