Los animales no saben de ERTE

04/05/2020

Cocodrilo Park, centro de rescate de especies exóticas, presta un servicio público al acoger fauna en depósito de varias instituciones. Al cerrar se quedó sin ingresos, pero sus gastos son elevados. Pide ayuda

La pandemia del Covid-19 ha obligado a cerrar millones de empresas en España, pero el Estado les lanzó al menos el salvavidas legal de los ERTE. Sin embargo, no todas las pymes pueden cerrar la puerta y volver cuando escampe. No es así en Cocodrilo Park, en Los Corralillos (Agüimes). Como muchas otras, han cerrado al público por la crisis sanitaria, por lo que se han quedado sin ingresos, pero los gastos siguen.

Los 680 animales de 79 especies distintas que tienen a su cargo no saben de ERTE. Ni les vale para sobrevivir. Aquí se consumen cientos de kilos de carne y decenas de kilos de fruta y de verduras a la semana. Y no solo eso. Son seres vivos y han de ser atendidos, por lo que, pese a que una parte de sus 21 trabajadores entraron en un ERTE, quedaron siete de retén. Sus gestores tienen espaldas para aguantar algo, pero tampoco mucho tiempo. Y aunque el confinamiento se levante pronto, tienen claro que el turismo, que supone el 90% de su clientela, tardará meses en normalizarse, por lo que se han empezado a preocupar. Les alivia que desde septiembre pasado el Matadero Insular, que depende del Cabildo, les esté entregando entre 600 y 1.000 kilos de carne a la semana que hasta ahora desechaban.

Dioni Balser, que gestiona el parque, ha remitido una carta solicitando ayuda a una decena de instituciones públicas. Y es que Cocodrilo Park no es un zoológico. Es un centro de rescate de animales exóticos, reconocido por el Estado desde enero de 2019, aunque viniera haciendo esa función desde 1992, y presta un servicio público, aclara Balser. 640 de sus 700 animales no son suyos. Los tiene bajo su custodia, pero son propiedad del Estado, del Gobierno canario o del Cabildo, incautados por el Seprona, la Policía Canaria, Gesplan, Soivre y ayuntamientos. Además, pasa inspecciones estrictas cada año. Han de cuidar el hábitat de cada especie.

En condiciones normales, no estaría abierto al público. La normativa dice que este tipo de instalaciones deberían financiarse por la administración. Sin embargo, solo percibe 12.000 euros al año desde 2009 como entidad colaboradora de CITES, la convención internacional que lucha contra el comercio ilegal de especies, pero con esa cantidad no daría ni para empezar. Explica Balser que incluso ahora, a puerta cerrada, genera 16.000 euros de gasto al mes. Así y todo, hace muchos años que la familia que lo regenta, apasionada de los animales, renunció a su derecho a exigir esos recursos públicos y lo suplieron cobrando una módica entrada al parque: 6,90 euros para los residentes y 10 para los turistas, lo suficiente para pagar los sueldos y atender a los que ellos consideran como sus huéspedes, como parte de su familia, que son los animales. Aclara además que lo único que se oferta es la posibilidad de verlos. No hay espectáculos. Solo se enseña cuando se les da de comer.

Y es que detrás de cada animal que vive en este centro hay una historia, a menudo una historia triste de explotación, de maltrato o de abandono. A Balser le gusta decir que aquí encontraron una segunda oportunidad. La otra alternativa, en muchos casos, habría sido el sacrificio.

Aquí están, por ejemplo, los dos tigres blancos, un macho y una hembra, que tuvo que quitar el circo Kaos. O Judith, la chimpancé que durante años usaban en el sur para que los turistas se hiciesen fotos con un mono. En este recinto de 22.000 metros cuadrados van a parar todos los animales exóticos que incauta el Seprona de la Guardia Civil. O los que echan de otros parques de las islas que sí son zoológicos porque no se adaptan o porque no les rentan, y que, de no ser por Cocodrilo Park, tendrían como destino el sacrificio. Balser cuenta que recogió 60 ejemplares de un complejo del sur de Tenerife, entre ellos, dos preciosos y curiosos kingajús. O también están los que muchos particulares deciden sacar de sus casas porque se cansan o porque ya no pueden cuidarlos. Sin ir más lejos, en pleno confinamiento, la empresa pública Gesplan les ha llevado, de dos tandas, una serpiente pitón y siete camaleones.

Además, es el único centro autorizado en Canarias para acoger animales de especies consideradas invasoras, aunque con condiciones muy estrictas. La responsabilidad, como se ve, es alta. Y esta empresa está dispuesta a asumirla. Pero piden al menos un cabo para resistir esta etapa.