Un bombero fuera de servicio salva la vida a un niño

02/08/2019

El agente del parque de La Isleta, que estaba de vacaciones con su familia en un hotel del sur de Gran Canaria, evitó que el pequeño de cuatro años se asfixiara. Se había atragantado con un polo de hielo.

Quizás usted piense que salvar una vida pueda ser algo normal para un bombero. Pero hasta a los agentes con más experiencia, y Víctor Monzón lo es, tras quince años de servicio, se les remueve algo dentro cuando logran algo así. El sábado pasado, este funcionario del Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento (SEIS) de la capital grancanaria, adscrito al parque de La Isleta, vivió esa sensación al evitar que un niño se atragantara con un polo de hielo.

Víctor estaba de vacaciones con su mujer y su pequeño en el hotel Cordial Mogán. Era la hora del almuerzo y se habían sentado en una terraza que el establecimiento hotelero tiene cerca de una de las piscinas. Su esposa entró entonces en el comedor cuando se percató de la situación: Marcos, un niño de cuatro años, se había atragantado con un polo de hielo y se estaba asfixiando.

Salió a avisar a su marido, que entró a toda velocidad en el salón, consciente de que el tiempo es fundamental en estos casos. El niño ya estaba siendo atendido por la jefa de sector del hotel, Juani González, que como el resto de los trabajadores tienen cursos de primeros auxilios. En ese momento, entró Víctor y se hizo cargo de la situación.

«Ocurrió todo muy rápido, en milésimas de segundo», explicaron desde el complejo turístico. «Cogí al niño, que ya estaba cianótico, y lo puse boca abajo para darle unos golpes en la espalda», expuso el agente del SEIS. Lo que puso en práctica fue la maniobra de Heimlich, un procedimiento de primeros auxilios que sirve para quitar la obstrucción del conducto respiratorio, solo que al tratarse de un niño pequeño decidió actuar con la variante que se emplea para bebés. Esta consiste en mantener al pequeño boca abajo, sosteniéndole la cabeza, y darle entre cuatro y cinco palmadas en la espalda, entre los omóplatos.

«La casualidad fue que mi mujer entró en ese momento porque si no, igual pasa algo peor», explica Víctor Monzón.

Desde el hotel se asegura que el bombero «se portó de diez» y que «la familia se quedó superagradecida».

Ecos de Telde

En la mente de todos todavía resonaba la noticia del pequeño de ocho años que murió en Telde a consecuencia de la asfixia que le produjo la ingesta de un perrito caliente durante las fiestas de San Juan.

Por eso, en el hotel aún se recuerda el susto. «La madre estaba en estado de shock», prosigue el agente de bomberos de la capital grancanaria, «y cuando sacamos al niño adelante me dio un abrazo y me dijo que estaba muy agradecida».

Pese a que los bomberos suelen rescatar a otras personas de situaciones de riesgo, este caso fue diferente para Víctor Monzón, en parte por tratarse de un niño y en parte porque se encontraba fuera de servicio en el momento en que se produjo la actuación.

«Fue una satisfacción tremenda, diferente a lo que supone el trabajo diario porque en un servicio te apoyas en tu equipo y yo nunca había tenido que hacer algo fuera de servicio», explica, «no se me olvidará en la vida». Asegura que la alegría de evitar que el niño se asfixiara «no se puede explicar con palabras». Y sentencia que «para esto vale la pena ser bombero». Según sus propias palabras, «si salvar la vida de una persona te brinda una enorme satisfacción, salvar a un niño es tocar el cielo».

Los agentes de la capital hacen cursos de reciclaje con desfibriladores cada dos años y en ellos siempre se refrescan conocimientos de técnicas de reanimación cardiopulmonar.

Monzón también quiere dejar constancia de la profesionalidad y las atenciones que recibió del servicio del hotel Cordial Mogán. «Todas las atenciones fueron muy buenas», expuso.

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