Entrevista a Ricardo Arranz

Ricardo Arranz: «Nunca sentí presión por un caso de corrupción»

14/04/2019

Este mes pasa a la reserva y se va destinado a Madrid. Lleva más de tres décadas en Canarias y confiesa que regresará a vivir en las islas, donde tiene familia. Ricardo Arranz hace balance de su estancia en las islas y del periodo de siete años en que ha estado al frente de la Comandancia de Las Palmas. A quien le sustituya, le aconseja que entienda qué significa la insularidad.

— Llegó usted a Canarias en 1986, ha estado en las dos islas capitalinas y lleva al frente de la Comandancia de Las Palmas desde 2012. Con esa experiencia, ¿la Canarias de hoy es menos o más segura que la que encontró en 1986?

— Diría que parecido. No veo más inseguridad que antes. Aquí me he movido solo por las calles y no me he sentido inseguro.

— ¿Los canarios de aquellos primeros años valorábamos a la Guardia Civil mejor o peor que ahora? ¿O la mirábamos con más respeto?

— Creo que eso sí había...

— ¿Respeto o miedo?

— Un poquito de las dos cosas puede que hubiese.

— ¿Quizás por desconocimiento?

— El problema era de dónde veníamos, con más autoritarismo... Hoy la gente nos mira con más normalidad. Hay que partir de una cosa: en aquella época mucha Guardia Civil que estaba aquí era peninsular, era gente que venía y procuraba irse pronto, salvo un porcentaje alto que se casaba. Hoy en día casi todos los guardias civiles que hay aquí son canarios.

— ¿Porque los canarios que son guardias civiles piden mayoritariamente destino aquí?

— Sí, sí. El canario quiere además su isla, no otra isla.

«Con la inmigración, el Gobierno que había y la Guardia Civil estuvieron estratosféricamente por encima de lo que se esperaba»

— En relación con eso, ¿si algo hay que mejorar en la Guardia Civil en Canarias es la dotación de personal? ¿O también de medios técnicos?

— En medios técnicos no estamos mal. Hemos recibido vehículos nuevos y se ha mejorado la dotación de chalecos aunque no estamos al 100%. El SIVE está operativo si bien no se ha recepcionado todo por problemas administrativos. Gente sí hace falta, pero eso es un canto al cielo, porque con la crisis de 2008 la Guardia Civil perdió miles de efectivos. Lo primero que hay que hacer es recuperar la plantilla perdida.

— En sus años en Canarias le ha tocado, como a todos, afrontar el fenómeno de la inmigración irregular masiva, con aquel verano de cayucos. ¿La Guardia Civil estuvo a la altura de aquel reto?

— Lo que hay que decir es que en aquel momento el Gobierno que había y la Guardia Civil no es que estuvieran a la altura, sino que estuvieron estratosféricamente por encima de lo que se esperaba. El problema era que la frontera estaba aquí, en nuestras playas, y lo que se hizo fue poner la frontera en Senegal y Mauritania.

— ¿Cómo?

— Con unos acuerdos con esos países y allí está desplegada la Guardia Civil, con patrulleras propias, les dimos patrulleras, con patrullas terrestres mixtas y con oficiales de enlaces y tenemos helicópteros. Desde entonces salen muchos menos y hay control. Es una puerta de inmigración controlada pero no está cerrada, porque si la puerta se cierra en el Mediterráneo del todo, revienta de nuevo por esos países más al sur.

— Hablemos de coordinación policial. ¿Está perfectamente engrasada en Canarias o todavía hay conflictos entre ustedes y la Policía Nacional?

— No, es normal. Eso no quiere decir que algún día no surja un pequeño incidente generado, como en todo, por las personas. Pero son hechos muy puntuales.

— Le ha tocado vivir también el nacimiento de la Policía Canaria. Como profesional de la seguridad, ¿cree que es necesaria o hay que replanteársela?

— Es una cuestión complicada. Todo depende de para qué se quiera. El sistema policial español ya es un poco complicado, con policías locales, las dos policías estatales, en temas de droga está en Dava [Dirección Adjunta de Vigilancia Aduanera], y meter otro actor más no favorece las coordinaciones. Todo dependerá de si se pretende un modelo catalán o vasco, y ya hemos visto lo que ha ocurrido en Cataluña, porque cuando hay sustitución la coordinación es mínima. Aquí se ha ido al modelo navarro, que no es de sustitución, pero entonces también hay problemas de coordinación porque al final el caso es para el que llega antes.

— Acaba de decir «las dos policías estatales». ¿Cree que llegará a ver un solo cuerpo policial en España?

— Es una decisión política que en algún momento un Gobierno la puede querer tomar pero yo no lo veo. Hay gente que propugna eso pero el problema es que un solo cuerpo tiene más fuerza a la hora de presionar y acordémonos por ejemplo de los controladores aéreos. Dos cuerpos, y uno de naturaleza militar, es algo que compensa.

— ¿Podemos en Canarias estar tranquilos en materia de terrorismo yihadista? ¿O hay que asumir como normal que cada tiempo se produzca alguna detención?

— Que no se detenga no quiere decir que no haya. El terrorismo yihadista es muy complicado, o muy sencillo, según se quiera mirar, porque al terrorista perder la vida no le importa. Es un terrorista que no busca su seguridad y eso lo complica mucho más. ETA no vino aquí porque son islas y es complicado salir y eso al yihadista no le importa.

— También se habló durante años de Canarias como territorio de mafias vinculadas al turismo y el sector inmobiliario. ¿Fue tanto como se dijo y eso ya ha desaparecido?

— Creo que se habló más de lo que en realidad había. No voy a decir que no haya nada pero lo que hay no es significativo por norma general. No es ese tipo de mafia que extorsiona a los comerciantes. Puede haber algún tipo de mafia asentada que desde aquí dirige cosas fuera. Aquí vienen más bien grupos de delincuentes que hacen su campaña o a dar un golpe y se van. Fue el caso de los Pink Panther o bandas rumanas de carteristas que vienen en temporada alta de turistas.

— ¿Cómo se llevan los casos de corrupción cuando se producen dentro del cuerpo y hay que practicar detenciones?

— Supongo que está pensando principalmente en el caso Botavara.

— Por ejemplo.

— Cuando llego aquí, en octubre de 2012, una de las primeras cosas que oigo es que había un problema en Fuerteventura y en noviembre abrimos la operación. Trabajar en islas contra personal nuestro es complicado porque se conocen todos. En Botavara tuvimos una suerte que no voy a decir cuál es y eso nos permitió seguir trabajando. Evidentemente es duro porque no da buena imagen al cuerpo pero peor es consentirlo. En mi caso particular, siendo aquí capitán de Drogas, tuve que detener a dos guardias a los que conocía y hacerles los registros en su domicilio y reconozco que me resultó desagradable

— Y si la corrupción es política, ¿les tiembla en pulso y quien está al mando recibe presiones?

— Yo no he recibido presiones. En Las Palmas no hemos llevado casos vinculados directamente a corrupción política, sino de forma tangencial; en Tenerife sí que llevé algún caso. La verdad es que nunca sentí presión por un caso de corrupción.

— Dijo en la rueda de prensa que dio de balance que tiene la «espina clavada» del caso Yéremi. ¿«Espina» porque tienen la certeza de saber qué pasó y por obra de quién?

— Hombre, certeza, certeza... Tenemos muchos indicios que nos llevan a sacar conclusiones, que pueden ser acertadas o no. El problema es que no hay ninguna prueba de cargo contra nadie. Entonces, la Fiscalía cree que no ha lugar a abrir un juicio porque probablemente se perdería. Y si una persona ha sido absuelta, no se le puede llevar de nuevo si aparece la prueba de cargo. Es una decisión judicial.

— ¿Qué le sugerirá a quien le sustituya en el cargo?

— Eso es complicado... Primero que vea mucho y se haga una composición de lugar, que esto no es la península y que aquí una serie de problemáticas derivadas de la insularidad. Eso hay que tenerlo presente. Después hay que vigilar mucho la isla de Fuerteventura para que vuelvan a surgir los problemas que hemos tenido. Y que tenga presente que aquí hay buenos profesionales, asentados aquí, y eso da una estabilidad muy grande.

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