«En la misa hay que abrir las ventanas»

20/08/2018

Vecinos de San Francisco denuncian las filtraciones de aguas fecales que sufre la parroquia del barrio capitalino hace meses y que se traduce en humedades y malos olores. Aseguran que los sábados en la misa «tenemos que abrir las ventanas».

Israel Medina, presidente de la asociación vecinal y cultural Cofiris, se reconoce «cansado» de mandar escritos tanto al Ayuntamiento capitalino como a Emalsa en los que explica el problema de filtraciones fecales que sufre la parroquia de San Francisco de Sales, en el barrio de San Francisco, desde hace más de tres meses. «Hay malos olores, humedades y mosquitos además del polvillo que hay en el ambiente y que se ve en los bancos», apunta mientras recuerda que este espacio se encuentra en los bajos de un edificio de viviendas de la calle Gobernador Marín Acuña y que «el barrio está en un risco».

Medina asegura que el problema tiene su origen «en una arqueta» que entiende pertenece a Emalsa «porque está en la calle». Asegura que hace algo más de un mes «un técnico» de la compañía de aguas estuvo supervisándola «y vio el mal estado de las tuberías, que son de mala calidad, pero dijo que se podían arreglar».

Sin embargo, siguen a la espera mientras, asegura, nadie se responsabiliza de la avería. «He presentado escritos el 30 de junio, el 28 de mayo, el 25 de abril, un correo electrónico el 10 de agosto», pero «la Concejalía de Aguas dice que es de Emalsa y en Emalsa te dicen que ya lo arreglaran».

El miedo del representante vecinal es que el problema vaya a más y haya que cerrar la iglesia, «porque aquí viene mucha gente mayor» y el espacio en estas circunstancias no reúne condiciones para celebrar la misa.

«Los sábados, cuando se celebra la eucaristía, tenemos que abrir las ventanas porque no podemos resistir el olor», explica Margarita Quintana, una de las vecinas afectadas por la situación y que reclama una pronta solución.

«Hay malos olores y las personas alérgicas no pueden estar por la humedad», ratifica Rita María Suárez, otra de las habituales de la parroquia que denuncia los daños que la humedad está causando a las dependencias en las que se ubica.

«Esto es lo único que tenemos y si se llega a cerrar, algunos podríamos ir a otros sitio, pero hay mucha gente que no», apunta Pino Domínguez, al recordar que mucha de la gente que acude a oír misa cuenta con una edad avanzada y problemas de movilidad, por lo que les resultaría imposible trasladarse a otra parroquia.

Además, muestra su preocupación por el hecho de que el muro de la parroquia afectado por las filtraciones «son los cimientos del edifico» bajo el que se encuentra. Añade que «desde el principio le dije al cura que no se estuviera gastando dinero aquí mientras la cloaca no se arregle, porque tiene algo que se sale y se está filtrando». Dice que «las arcas del Ayuntamiento están llenitas, pero para los ricos, para los pobres no».

La iglesia tiene más de 40 años, recuerda bien Tina Ortiz, pues cuando el barrio carecía de ella se celebraban las misas «en el salón de mi casa». Sin embargo, fue hace unos meses cuando comenzaron las filtraciones.

Los vecinos se percataron «porque por mucho que se pintara volvía a salir al humedad en la pared, se raspaba y volvía a salir otra vez», apunta Ana González, otra de las residentes que reclama una pronta solución a este problema.

Josefa Soto, una de las vecinas que se encarga del mantenimiento de la parroquia, insiste en que «sería una pena que se cerrara por la gente mayor».