El óxido devora el entorno de La Cícer

30/12/2018

El artista más internacional de Canarias y el principal atractivo turístico de la ciudad sucumben a la herrumbre. Estructuras y barandas de la zona del auditorio se han desintegrado por el efecto del salitre y están agujereadas

La próxima vez que le digan que la playa de Las Canteras es la joya de la corona, piense en un metal precioso rumbriento. El entorno de La Cícer, y más concretamente los alrededores del auditorio Alfredo Kraus, tienen tal grado de óxido que hay barandas metálicas agujereadas y soportes de estructuras que literalmente se han desintegrado, dejando una fina capa de orín sobre el paseo.

Nada mejor que una mirada nueva para espantarse del poder del salitre y de la falta de mantenimiento, por no abrir el debate de la conveniencia del uso de determinados materiales a orillas del mar. Esta perspectiva es la que aporta Manuel Barroso, escritor e historiador afincado en Venezuela que cada año regresa fiel a su cita con la playa de Las Canteras. «No me lo podía creer», explica, «una ciudad tan bonita y esplendorosa como Las Palmas de Gran Canaria, y me encuentro con la playa de Las Canteras prácticamente abandonada».

Sin mantenimiento

Durante la semana que Barroso ha permanecido en la ciudad, en un apartamento de la zona Puerto, ha recuperado el ritual perdido de caminar desde La Puntilla hasta el auditorio. «¿Cómo es posible que no haya mantenimiento en una zona que es tan preciosa?», se preguntaba.

Un paseo por el entorno del Alfredo Kraus ratifica sus palabras. Las barandas que marcan el final de los distintos niveles del paseo alrededor del auditorio están roídas hasta el extremo, en una invitación permanente al tétanos. Los agujeros que salpican estas estructuras son usados como papeleras en una práctica de riesgo por parte de quien las usa así. Además, algunos de los anclajes al piso han desaparecido, dejando en su lugar óxido de hierro.

Mirador sin garantías

El óxido también afecta al mirador que simula la proa de un barco junto al auditorio y a la barandilla que tienen las escaleras que dan acceso a la parte superior del paseo y que están cerradas por una reja.

El óxido devora el entorno de La Cícer

Barroso añade además que las esculturas del entorno también están dañadas por esta plaga y que lo mismo le ocurre a la barandilla del paseo que va desde La Cícer hasta la figura de El Atlante.

«Amo mi tierra, el lugar donde nací y mi intención es hacer una observación sobre el patrimonio más espectacular que tiene esta ciudad y que se solucione este problema», añade el historiador y escritor canario.

La situación, por conocida, no deja de ser grave. En abril del año pasado, el concejal de Unidos por Gran Canaria, David Suárez, denunciaba la presencia de «farolas rumbrientas con chorros de óxido, bancos que invitan a ponerse la antitetánica antes de sentarse e hidrantes oxidados que hacen sospechar de su mal estado ante una emergencia». Y desde entonces, la situación solo ha empeorado.

Cables y tornillos

De momento, la barandilla de la playa parece escapar de esta situación de abandono, al igual que buena parte de las farolas, si bien los tornillos de algunas bases de las luminarias con forma de vela están completamente oxidados.

Por su parte, desde el servicio de Alumbrado del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria se está buscando recursos para cambiar los elementos deteriorados ya que en muchos de ellos «hay cables que sustituir», según informan fuentes del Consistorio capitalino consultadas por este periódico.

El óxido devora el entorno de La Cícer

El mantenimiento de Las Canteras se incluye en el nuevo contrato de mantenimiento de calzadas dentro del lote donde se encuentran los distritos Puerto-Canteras, Ciudad alta y Tamaraceite-San Lorenzo-Tenoya. Hasta ahora el mantenimiento de Las Canteras se hacía por separado.

El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria ha iniciado el proceso de contratación del servicio de mantenimiento y conservación durante cinco años de calzadas, aceras muros, bolardos y barandillas en los cinco distritos de la ciudad, por un importe de veinticinco millones de euros.