«La maniobra de cargar en el mar la hacemos a pulso»

20/08/2019

El capitán Daniel Muñoz explica que es complejo luchar contra el fuego en la isla, porque «hay mucho valle y con el humo resulta muy difícil las descargas en cotas bajas»

A pulso. Así llevan a cabo las maniobras de carga en el mar los pilotos de los cuatro aviones anfibio del Grupo 43 del Ejército del Aire que combaten las llamas del incendio que, desde el pasado sábado, arrasa buena parte de la cumbre y del Norte de Gran Canaria. Estas recargas, en la bahía del Puerto de la Luz, se han convertido en una atracción para miles de curiosos desde que sale el sol hasta que cae, que es cuando el apoyo aéreo deja de pelear contra las llamas.

«Cargar en el mar es complejo, sobre todo con este viento. Tenemos la suerte de contar con este puerto tan grande, aunque a veces se complica por el estado del mar y porque hay mucho tráfico marítimo. Cuando hay muchos barcos es más complicado», explica el capitán Daniel Muñoz, una hora y media después de terminar una agotadora jornada de combate aéreo contra el fuego.

Este piloto de uno de los cuatro aviones anfibios del Grupo 43 desplazados hasta Gran Canaria reconoce que en incendios como el de La Gomera esta labor fue aún más complicada, ya que no disponían de una bahía con el agua en calma como en el Puerto de la Luz. Hay que tener en cuenta que estos aviones no pueden recargar en el mar cuando las olas superan el metro y medio de altura.

Responde sin ambages que esta maniobra la llevan a cabo «a pulso» en unas aeronaves en las que van dos pilotos y un mecánico de vuelo. «Sí, lo hacemos a pulso, se trata de un aprendizaje que pasa de padres a hijos. En el mar, repito, es muy complejo. Habitualmente lo hacemos en pantanos, donde no hay oleaje, pero aquí resulta imposible. Cuando cogemos alguna ola, parece que el mar nos echa y tenemos que volver a bajar. Por eso, los que están viendo nuestras recargas verán que en ocasiones vamos como dando pequeños saltos sobre el mar. Es una maniobra que se aprende y se desarrolla a base de ensayo y error», subraya este capitán.

Ríe cuando se le pregunta sobre la cantidad de personas que se acumula en el paseo de la Avenida Marítima desde el domingo por la tarde para ver y fotografiar estas maniobras, y en algunos casos aplaudirles y alentarles. «Se agradece mucho. Es muy chulo de ver. Es muy bonito ver a la gente aplaudiendo y alentándonos con banderas y todo. Nos gusta mucho verlo cada vez que cargamos. Imagino que debe de ser muy espectacular de ver lo que hacemos. Es una pena que nosotros no podamos estar ahí para disfrutarlo», explica entre risas de nuevo.

Estas recargas marinas no acaparan las dificultades para la tripulación de estos aviones anfibio. El combate contra las llamas de este terrible incendio también está siendo «complejo» por la «orografía» isleña, explica el capitán Daniel Marín.

«Es un paisaje de enorme belleza, pero muy complicado. Hay mucho valle y con el humo del fuego resultan muy difícil los lanzamientos en cotas bajas. Con el humo no podemos ver si hay líneas de alta tensión o algún monte escondido. Por eso tenemos que ir con cuidado», explica.

Conviene tener en cuenta que estos aviones tienen una longitud de casi 30 metros y 20, aproximadamente, de planos largos, lo que dispara las dificultades a la hora de maniobrar en enclaves tan escarpados y con los fuertes vientos que han alentado desde el sábado este voraz incendio.

Logran hacer frente a estas circunstancias a base de «experiencia» y con unos aviones «potentes» y muy bien pertrechados. Proceden de la base de Torrejón de Ardoz, en Madrid, donde se cuenta con 18 aviones anfibio. De estos, 14 son Canadier CL215 y los cuatro restantes son Bombardier CL415, que corresponden a una versión más moderna.

En este despliegue operan tres Canadier CL215 y un Bombardier CL415.

«Son aviones muy buenos y muy potentes. Tenemos dos motores de 2.500 caballos cada uno», dice antes de responder a cómo funciona la coordinación aérea. «Contamos con dos emisoras y en los más modernos, hasta con tres. En una frecuencia nos comunicamos los de la unidad y con la otra con los encargados de coordinar todo el operativo áereo del incendio», añade Muñoz.

Este comandante del Ejército del Aire estuvo operativo desde el domingo por la tarde. «Fue muy difícil, porque había mucho humo y no teníamos relevo para la tripulación», rememora.

El martes el panorama mejoró, porque «ya había menos focos secundarios» y el operativo pudo focalizarse en la cabeza y en los flancos del incendio. «Además, con los relevos hemos conseguido que cada aparato vuele once horas. Nuestro tiempo de vuelo máximo por tripulación es de nueve horas», explica este piloto que aclara que se trata de aviones anfibio y no de hidroaviones, porque los primeros están preparados para aterrizar en tierra y en el mar y los segundos solo en el mar.