El refugio de los vecinos de Tasarte

Nereida Hernández es vecina de Tasarte y se bajó con lo puesto hasta la playa nada más les avisaron del incendio. Se vino a refugiar al bar de Paca Rosa, el mítico restaurante Oliva, el de la popular ropa vieja de pulpo. La dueña estaba a punto de cerrar, pero en cuanto vio la que se había liado, decidió dejarlo abierto y dar acogida a las familias que huían del fuego. «Yo me vine con lo puesto, las medicinas de mi padre y poco más». Estaba preocupada porque, además del incendio, su niño sufre de asma y la densa calima le estaba pasando factura. «Tengo que ponerle los aerosoles ya». No estaba sola, ni mucho menos. Ella y otros vecinos allí trasladados calculaban anoche que se habían acercado hasta la costa unas 80 personas. Unas estaban refugiadas en el bar. Otras, en sus coches particulares. Algunas se desperdigaron por la orilla del mar. Quien quiso pudo incluso cenar. La gente, asustada, se bajó sin nada y Paca Rosa, que dio muestras de una gran generosidad, les sirvió comida junto a Arminda Guerra, camarera del restaurante. Hubo sopa de pescado, ropa vieja de pulpo y también tortilla. «Bajamos sobre todo las mujeres y los niños, porque los hombres se quedaron arriba, para proteger las casas y hacer también cortafuegos». Eran casi las diez de la noche y por lo que le habían dicho sus propios vecinos, las llamas estaban cerca del campo de fútbol. En todo caso, desde abajo no se veía nada. Algunos de los que bajaron estaban molestos con el Cabildo, porque primero les instó a salir del barrio y poco después, a confinarse en sus casas. «A último remedio tenemos barcos de pesca para salir por el mar sin peligro», decía uno de ellos