El movimiento sindical se rinde ante los héroes de Sardina del Norte

15/09/2018

Comisiones Obreras homenajea a los hombres y mujeres que se enfrentaron al régimen de Franco en la cala de Martorell. Lo que el 15 de septiembre de 1968 comenzó como una asamblea más se convirtió en un hito

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Veinticuatro horas después de que el Congreso de los Diputados aprobase «sacar a la momia del museo», el sindicato Comisiones Obreras celebró ayer un acto de homenaje a los hombres y mujeres represaliados, apaleados, torturados, heridos, detenidos y encarcelados por el régimen de Franco hace 50 años en Sardina del Norte. El acto, que tuvo lugar en el Conservatorio de Música de Las Palmas de Gran canaria, fue presentado por el periodista Juan García Luján, aplaudido por los muchos asistentes cuando recordó que se vivían en España tiempos históricos porque los restos del dictador Franco –«la momia»– van a ser exhumados del Valle de los Caídos –«el museo»–.

Y fue Franco el responsable máximo de los Sucesos de Sardina del Norte hace 50 años, cuando un numeroso grupo de hombres y mujeres que se manifestaban en Sardina contra los terratenientes del lugar fueron detenidos por la Guardia Civil, algunos de ellos heridos por arma de fuego, posteriormente detenidos y torturados y, finalmente, condenados a duras penas de cárcel, que cumplieron en la Península. Al tiempo, las mujeres de aquellos defensores de la libertad y de la democracia, de los derechos civiles y sindicales, protagonizaron un encierro en la Catedral de Vegueta, algo insólito en aquellos tiempos. Para ellas también hubo palabras de recuerdo y reconocimiento. Al acto asistieron el secretario general de CCOO, Unai Sordo, y el presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, entre otros.

Testimonios. José del Toro, sindicalista en la clandestinidad en 1968, aún recuerda vívidamente los Sucesos de Sardina del Norte, a donde acudieron apoyar a los trabajadores de la empresa asfáltica Satra, que no pagaba a sus empleados desde hacía meses. El 15 de septiembre de 1968 hicieron una asamblea para organizar una protesta posterior, pero la Guardia Civil «nos ordenó levantar el campamento» dispuesto en la playa de Martorell. Ante la negativa, «pistola en mano nos obligan a levantarnos». Selladas las guaguas que tenían dispuestas, «cogidos de la mano nos encaminamos hasta Sardina», donde fueron recibidos por más de 20 guardias civiles, dirigidos por el comandante Díaz Otero (bautizado con el mote de comandante Rebote). «Dio la orden de que nos dispararan».

Detenidas unas cincuenta personas, al final 23 fueron acusadas en un Consejo de Guerra; veinte de ellas condenadas a penas que iban de los once años a un año de prisión. El delito, rebelión militar e insultos a la fuerza armada. «El juicio fue muy lamentable», recordó ayer Del Toro, sin las más mínimas garantías. «Me pedían cuatro años, que se quedaron en dos; nos mandaron en ferry a la Península. Desembarcamos en Cádiz, fue brutal; para luego recorrer las cárceles de España. Yo en Palencia, cuando tenía 24 años».

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