El manto recupera su brillo 261 años después

19/10/2019

g. f. / lAS pALMAS DE GRAN CANARIA

La Virgen del Pino luce estos días su manto más antiguo, el de las rogativas, de 1758, pero su brillo, refulgente, se ha de parecer mucho al del estreno. Cuatro semanas le ha costado al restaurador Iván Arencibia hacer que este tejido no parezca viejo pese a sus 261 años. Antes incluso de que se anunciara la peregrinación de la Virgen, el Obispado le encargó la puesta al día de una vestimenta que llevaba almacenada desde 1954. Arencibia ha restaurado el terno completo de la imagen, compuesto por el manto, la saya (o vestido), los brazos y las mangas. También la vestimenta del niño Jesús. Estas piezas presentaban varios síntomas de deterioro. La seda de la que están hechas se había deshidratado y había perdido color, pero tampoco se hallaba en buen estado el galón con láminas de oro de los bordes de la saya y del manto. En este último las partes más dañadas eran las de la parte superior, donde se coloca la corona, y la parte inferior trasera, la que tocaban los fieles al paso de la Virgen. Además, en el pecho conserva perforaciones de joyas y manchas de oxidación de alfileres. Arencibia trató de quitar las deformaciones del tejido y consolidó el hilo de seda, hidratando la fibra con agua nebulizada y vapor de agua sin temperatura. Una curiosidad: en los vueltos de la saya había rogativas personales de las monjas que la restauraron en 1896 y 1937.