El mamotreto rana que estrangula a Santa Brígida

07/05/2017

15 años después de la adjudicación, el centro comercial que iba a modernizar el casco de Sataute es un esqueleto imposible de ejecutar. La obra que iba a prefinanciar la iniciativa privada no le costará menos de 14 millones a las arcas municipales. El proyecto carece de cobertura en el planeamiento, tiene la licencia anulada y está en fase de resolución del contrato. La mole, un vestigio de la cultura del pelotazo urbanístico.

En noviembre de 2002 el Ayuntamiento de Santa Brígida contrató la construcción de un aparcamiento subterráneo con plaza pública, locales comerciales, multicines y parque urbano en el casco urbano. La adjudicataria iba a prefinanciar los 9 millones de euros en que se presupuestaron las obras, que se harían en 20 meses. Hoy, casi 15 años después, el mamotreto satauteño está a medio hacer, es de imposible ejecución y no le costará menos de 14 millones a las arcas municipales.

En pleno centro del casco urbano y ocupando lo que era el campo de fútbol municipal, el proyecto ideado a finales de los 90 del siglo pasado por el Gobierno municipal para que sus vecinos contaran con su propio centro comercial en la villa y no tuvieran que desplazarse a la capital para hacer la compra o ir al cine no es más que una obra fallida, el esqueleto nonato de una operación faraónica que salió rana.

Empezado a construir en el verano de 2003, paralizado desde finales de 2005 y sin cobertura legal desde el año 2011, el mamotreto ha arruinado la actividad económica en el centro de esta villa, amenaza con hipotecar las arcas municipales durante muchos años y pinta una mancha gris imborrable a corto plazo que afea el paisaje urbano de las Medianías.

Este testimonio de hormigón de la cultura del pelotazo urbanístico, una suerte de Alepo en el centro de Gran Canaria, acompaña desde su nacimiento a los estudiantes de ESO de Santa Brígida, que han crecido rodeándolo, mirándolo desde fuera y preguntándose cómo es posible que el espacio que iba a ser la plaza mayor del pueblo siga siendo un territorio vetado, inservible, inútil. Un muerto sin entierro.

La concesión de obra pública adjudicada por procedimiento negociado a la única oferta presentada -el primer concurso quedó desierto- fue abanderada por el alcalde de finales de los 90 y principios de este siglo, Carmelo Vega, ya fallecido, sin que sus sucesores hasta el actual mandato (Antonio Díaz, Lucas Bravo de Laguna, Beatriz Santana, todos del PP) supieran ponerle remedio a lo que parecía un virus resistente a todos sus antibióticos.

Antes del parto fue necesario cambiar el uso del terreno tramitando una primera modificación de las Normas Subsidiarias destinada a convertir en comercial lo que era administrativo y social. Aprobada por la Cotmac en 2001, fue anulada en 2007 por una sentencia confirmada en 2011 por el Tribunal Supremo.

Con la obra en marcha, en 2004 la adjudicataria comunicó al Consistorio que ninguna operadora quería explotar un cine, pero sí un supermercado, y en 2005 pidió un reformado del proyectado y ralentizó los trabajos. Como superaba con creces la superficie máxima construible por planta se inició una segunda modificación puntual de las Normas que la Cotmac acabó desestimando en 2008.

El mamotreto entró desde entonces en un limbo administrativo, jurídico y urbanístico. En 2013 la Justicia declaró la caducidad de la licencia en una sentencia que ratificó en 2014, en la práctica una condena perpetua porque impide que las obras puedan reanudarse. El Ayuntamiento ni siquiera puede conceder una licencia nueva porque el proyecto carece de cobertura en el planeamiento.