Agüimes recrea su unión de hoy y ayer

23/04/2018

Se unieron en defensa de sus intereses y de su gente hace 300 años. Hace casi 30 años los responsables de los municipios de la comarca crearon la Mancomunidad con casi idéntico objetivo, defender sus intereses y mejorar la situación de su población. La rebelión de los sureños cuenta la historia.

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Trabaja en la elaboración de un libreto basado en su propia obra. Faneque Hernández, autor de La rebelión de los sureños, se muestra orgulloso del proyecto. «Es una labor de equipo, esta ópera la vamos a poner en escena muchos colaboradores, yo soy uno más», explica este escritor, que ha rememorado en un poema épico los hechos gloriosos del motín que se inicia en la villa de Agüimes el 30 de noviembre de 1718 y que, durante algunos meses, enfrentó a los vecinos del señorío episcopal contra el poderoso sargento mayor Francisco Amoreto.

«El acto conmemorativo que estamos preparando para el próximo 30 de noviembre, con la puesta en escena de esta ópera, primero en el teatro de Agüimes y después en el Teatro Pérez Galdós, va a ser un buen ejemplo de cómo se saca adelante un proyecto comunitario». Intenta no dejarse atrás a nadie, «porque la participación de todos es indispensable, empezando por el concejal Francisco González, el director musical, Rubén Sánchez Araña, el grupo de teatro La República, en fin, tanta gente que no los puedo nombrar a todos».

Cuando rememora la historia de este histórico motín y le hacen ver la relación que puede tener con la actualidad, asegura que es verdad que estas poblaciones del Sureste «siempre han tenido una vocación de unión para salir adelante». Cuando se le interroga el por qué no queda memoria de este motín en Gran Canaria y sí en documentos históricos fuera de la isla manifiesta que podría ser porque «la mayoría de los protagonistas o se fueron exiliados o desaparecieron por otros motivos. La falta de memoria oral llama la atención».

Faneque Hernández, no obstante, defiende la similitud que tiene la actual Mancomunidad del Sureste en demanda de justicia social con lo que pasó 300 años atrás, «cuando los habitantes de la zona no se podían permitir quedarse sin las tierras que eran su único sustento para que un señor feudal simplemente fuera más rico».

«Quizás el apoyo de la Iglesia y del Cabildo insular ante tanta injusticia fue definitivo para que, al final, ganaran los menos poderosos en este motín», señala.