Tindaya, del vacío a la nada

14/09/2019

Canarias sigue pagando por un proyecto del que, 25 años después, no se ha movido una piedra ni tiene claro su futuro. La posibilidad de que el Cabildo de Fuerteventura paralice el monumento y una nueva condena a PMMT devuelve la polémica a la montaña majorera

En 1993, Eduardo Chillida encontró en Fuerteventura la montaña donde podría llevar a cabo el proyecto soñado a partir de un verso de Jorge Guillén: Lo profundo es el aire. Casi tres décadas después, el Cabildo majorero -o una parte de su Gobierno- parece dispuesto a cerrar este capítulo que ha dejado por el camino procesos judiciales, enfrentamientos políticos, protestas ecologistas y millones de dinero público. Nada de eso ha valido para mover una piedra del monumento a la tolerancia ideado por el escultor vasco. Su ambición era «crear un espacio vacío en el que el ser humano sienta en su plenitud la pequeñez humana». Para eso, había que horadar la montaña hasta convertir su interior en un cubo de 50x50x50 metros -espacio que posteriormente fue ligeramente reducido-, con un túnel de entrada de 200 metros y dos chimeneas por las que entraría la luz.

Aunque nadie conoce las cifras exactas que el Gobierno de Canarias ha gastado hasta ahora en este proyecto, los números se acercan a unos 30 millones gastados por la comunidad autónoma, una cantidad que sigue creciendo tras conocerse, esta misma semana, una nueva sentencia condenatoria contra la empresa pública Proyecto Monumental Montaña de Tindaya (PMMT) que obliga al Ejecutivo a habilitar una partida de 4.200.000 euros en la Consejería de Turismo. Las cifras que se han manejado hasta el momento oscilan entre los 26 millones de los que habló hace diez años el exconsejero de Política Territorial, el majorero Domingo Berriel, a los 17’5 millones calculados por el ex vicepresidente canario Pablo Rodríguez. Y todo sin mover una piedra.

Pero además de esta última decisión judicial, la polémica ha vuelto a Tindaya por el debate abierto en el Cabildo de Fuerteventura. La posición tajante del consejero de Cultura y Patrimonio Histórico, Andrés Briansó (Podemos), indicando que este proyecto será paralizado por el pacto de Gobierno firmado con PSOE y NC-AMF, no ha encontrado la misma firmeza en el presidente insular, el socialista Blas Acosta, que ha echado balones fuera señalando que sus prioridades en este momento son los problemas de los majoreros.

Lo cierto es que después de lo que parecía la reactivación de esta obra, con la constitución de la Fundación Canaria Monumento a la Tolerancia en la Montaña de Tindaya en febrero de 2016, poco se ha movido. El compromiso al crear esta entidad -suscrita entre los expresidentes de Canarias, Fernando Clavijo, y del Cabildo de Fuerteventura, Marcial Morales, fue que no se volvería a gastar ni un euro público más. Sin embargo, de entrada, el Cabildo aportó 60.00 euros además de algunas fincas rústicas y la Casa Alta -donde se expone todo lo relativo al proyecto-. Todo ello por valor de 900.000 euros.

Después de este primer paso en una nueva etapa, y una vez cedidos los derechos por parte de la familia Chillida, el objetivo era convocar el concurso en 2016 de tal manera que los trabajos pudieran iniciarse al año siguiente. Sin embargo, en una reunión urgente de la Fundación el pasado mes de diciembre se puso sobre la mesa la necesidad de buscar la financiación precisa para encargar el plan de viabilidad económica. Un informe previo del Cabildo cifró el coste de la construcción del monumento en 80 millones que debía aportar la empresa adjudicataria, un montante que se podría recuperar «en el peor de los casos», en un periodo de catorce años. La intención del Gobierno insular era que la obra de Chillida estuviera abierta al público en 2022.

Contestación. En paralelo al debate político, la sociedad majorera también ha mantenido posiciones encontradas sobre el proyecto de Tindaya. Los ecologistas han manifestado siempre su rechazo activo a la ejecución de esta obra y se han mostrado partidarios de un plan de protección que afecte no solo a los podomorfos, sino a toda la montaña de una manera integral. La federación ecologista Ben Magec pidió además la redefinición del Bien de Interés Cultural (BIC) declarado en este espacio de Fuerteventura, al entender que la declaración actual se hizo exprofeso para permitir la obra de Eduardo Chillida.

También se enfrentaron los ecologistas al Gobierno de Canarias al denunciar la rehabilitación de la Declaración de Impacto Ambiental, que, en su opinión, había caducado en 2014, después de una vigencia de cinco años. El entonces consejero Domingo Berriel apuntó que la caducidad de un expediente es un acto que hay que hacer de forma expresa, es decir, que no se produce porque haya transcurrido el plazo previsto. En Tindaya, los tiempos nunca se han cumplido.

Construir un monumento emblemático que añada valor al destino turístico de Fuerteventura o proteger en su integridad la montaña como espacio natural y cultural. Son las dos posturas en las que se ha movido hasta ahora la discusión en torno al proyecto de Eduardo Chillida en Tindaya, y que después de casi treinta años de polémicas de todo tipo, aún no está definido su futuro. El sueño del escultor vasco sigue siendo una incógnita.

Un proyecto sin posturas comunes

Fuerteventura espera cerrar este ejercicio con tres millones de visitantes. Aún así, la patronal turística de la isla considera necesaria la construcción del monumento de Tindaya como proyecto «estratégico para la diversificación» del sector, una obra que supondrá «un antes y un después» para esta actividad. Entienden los empresarios que con este proyecto se contribuye a fomentar el turismo cultural, de calidad y fundamentado en criterios de sostenibilidad, a la vez que ven «peligrosa» la postura adoptada por el consejero Andrés Briansó.

Lo cierto es que la presencia de Podemos en el Cabildo de Fuerteventura ha abierto un nuevo capítulo en este proceso en el que pocas veces ha existido unanimidad en los propios partidos políticos. Así ha ocurrido, por ejemplo, en el PSOE y CC, socios de gobierno en el Cabildo en la legislatura pasada, cuando ambas organizaciones defendían la construcción del monumento.

Sin embargo, esta semana sus líderes en la institución insular, Blas Acosta -el presidente-, y Lola García -portavoz de los nacionalistas en la oposición-, se han puesto de lado. Ni han rechazado directamente la postura de Briansó ni han apostado abiertamente por el proyecto. En cambio, ambos han señalado la necesidad fijar como prioridad los asuntos que preocupan a los majoreros. Entre los socialistas, el anterior consejero de Cultura y ahora alcalde de puerto de Rosario, Juan Jiménez, siempre mantuvo su posición contraria.

Por su parte, el consejero de Podemos ha señalado que su postura es coherente con la defendida hasta ahora, siempre en contra de del proyecto. Su propuesta para blindar Tindaya y apostar por la protección integral de la montaña está incluido en el pacto de Gobierno insular con Partido Socialista y NC-AMF.