Peregrinos desafiando el calor

15/09/2018

A pesar de la calima y los 30 grados de calor, los caminantes cumplieron con las promesas y la tradición de ir a pie hasta el santuario de la Peña, en Vega de Río Palmas. En la mochila, no faltaron litros y litros de agua. En la cabeza, cualquier sombrero o visera atajaba la solajera.

La mañana de la peregrinación de la Peña no amaneció apara débiles sobre Fuerteventura: calima y 30 grados de calor desde las 11.00 horas castigaban ayer el camino de Tindaya que conduce desde el norte hasta el santuario de Vega de Río Palmas. El día anterior avisó en altas temperaturas y escasa brisa, por lo que el habitual paso de peregrinos se convirtió en un goteo más disperso de gente buscando una sombra inexistente.

Lo confirmó Ramón Cabrera, que partió para la Peña a las 5.10 horas y estaba a las 11.30 subiendo, bajo un sol abrasador, la cuesta más pesada de la caminata: de Valle de Santa Inés hasta Morro Velosa. «Vengo caminando desde hace 20 años y es la peregrinación más calurosa que recuerdo, aunque hace unos cinco años también fue apretada. El año pasado sí que estuvo que ni de encargo: nublado y con vientito». Ramón, al que se le unieron Agoney Reyes y Francisco Cabrera en La Oliva a las 6.14 horas, ya vio venir el calor y la calima el jueves «y me dije, uff, hay que levantarse antes para que no nos coja el bochorno subiendo las montañas de Betancuria».

La cuesta del Valle de Santa Inés aún les quedaba lejos a José El Gallego y su hijo Alejandro Miguens cuando llaneaban entre Tefía y Montaña Quemada. El padre llegó de Galicia hace 33 años a Corralejo, en la primera hornada de trabajadores gallegos. Su hijo Alejandro, hoy médico de Urgencias, tenía entonces tres meses. «Con el buen día que tuvimos el año pasado para caminar. Salimos a las 8.10, pero ahora nos queda por delante los tableros esos entre Montaña Bermeja y Valle de Santa Inés».

En familia también caminaban ayer Eva Santana, Sandra Guerra, Joel Rodríguez y Luisa Artiles, que empezaron la peregrinación en Lajares a las 7.15 horas y por Tefía ya estaban soñando con ir a ver a la Virgen, sí, pero luego tirar para la playa de Majanicho a refrescarse. «Salimos temprano para llegar temprano, cumplir e irnos antes de que haya más calor. Eso sí, tenemos claro que las nueve horas de camino no nos las quita nadie, todo depende de lo que nos tardemos en el bar de Valle de Santa Inés». Ellas, las madres, van a la Peña «para que estos hijos nuestros terminen de estudiar» y los chicos reconocen que lo hacen «para traerlas a ellas y que no vayan solas» y se ríen.

Casi ninguno de los peregrinos dejó atrás el sombrero y los litros de agua fresca cargando en las mochilas hasta el bar siguiente para una atípica víspera de la fiesta insular.