La última batalla (burocrática) de Eustaquio Gopar

25/04/2019

Cuando se acercaba a los 70 años, el majorero último de Filipinas pidió el ascenso a teniente honorario, lo que aumentó sus ingresos de 60 pesetas mensuales a 6.000 anuales. Lo consiguió gracias a la mediación del general García Escámez, tal y como documenta el investigador Ventura Yagüe a través de su correspondencia.

Como el protagonista de la novela corta El coronel no tiene quien le escriba, el majorero Eustaquio Gopar Hernández (1876-1963) esperó por una pensión militar como héroe de guerra, aunque tuvo más suerte que el personaje del escritor Gabriel García Márquez: el viejo coronel de ficción esperó inútilmente cada viernes durante 56 años, mientras que el último de Filipinas nacido en Fuerteventura ganó su última batalla en menos de dos años gracias a la mediación del capitán general de Canarias, el general Francisco García Escámez, pasando de 60 pesetas mensuales a 6.000 pesetas anuales.

Ventura Yagüe, secretario técnico del Museo Histórico Militar de Canarias, documenta esta última contienda burocrática del superviviente del Sitio de Baler en base a la correspondencia de García Escámez. El entonces capitán general de Canarias no dudó incluso en sugerir que se expusiera la demanda del majorero al mismísimo Franco.

Dos majoreros en Baler

De los dos majoreros que resistieron en la localidad filipina de Baler, entre el 30 de junio de 1898 y el 2 de junio de 1899, Eustaquio Gopar, vecino de Tuineje, fue el único que pudo salir por su propio pie. Con apenas 21 años, Rafael Alonso Mederos (Villaverde, 1877) pereció el 8 de diciembre de 1898 de beri-beri en la propia iglesia sitiada, donde se le enterró junto con el otro canario fallecido, Manuel Navarro León. .

En total, murieron 17 militares y un cura. Como escribió en su diario el teniente Martín Cerezo, al mando de los 57 sitiados en Baler, como cuando pereció el majorero de La Oliva era el día de la patrona de la Infantería «y convenía desvanecer el mal efecto de aquella nueva pérdida, mandé hacer buñuelos y café para la tropa».

Más suerte tuvo Eustaquio Gopar, que ni se contagió de ninguna enfermedad y que se convirtió en uno de los casi 40 supervivientes de 337 días de resistencia. Como el resto de compañeros tratados como héroes de guerra, recibió una pensión mensual de 60 pesetas con las que tiró para adelante en Tuineje hasta que en julio 1944, con 68 años, pidió por carta al gobernador civil de Canarias, Francisco García Escámez, su reconocimiento como teniente honorario y poder así aumentar su pensión a 6.000 pesetas al año. Habían transcurrido 45 años desde que el majorero abandonara la iglesia de Baler y parecía que nadie le iba a escribir, como al coronel de ficción de García Márquez.

Sin embargo, como relata Ventura Yagüe, del Museo Histórico Militar de Canarias, García Escámez escucha al anciano militar de Tuineje e intercede por él ante el ministro del Ejército, Carlos Asensio Cabanillas, argumentado en una carta de 14 de agosto de 1945, que «creo que en atención a lo simbólico del Sitio de Baler, el último lugar de nuestro imperio de Ultramar, donde ondeó la bandera de España, podría otorgarse lo que se solicita, máxime teniendo en cuenta, el buen efecto que ocasionaría en la isla».

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Homenaje del Soria 9

No contento con esta defensa de Gopar, el general vuelve a escribir otra misiva más al ministro y amigo el 18 de agosto de 1945. En la carta, detalla Yagüe, apunta que «por ser un caso tan destacado y no haberse premiado a este pobre viejo, es por lo que me intereso por él, creyendo que si le expones el asunto al Caudillo, como gracia especial, le premiará con el empleo de teniente honorífico, con lo cual podrá ayudarse en su corta vida que en su actualidad hace con medios muy reducidos». En junio de 1946, llega la carta de Madrid por la que se le concede el título de teniente honorífico a Gopar, ganando así su última batalla.

Ahora, 120 años después del Sitio de Baler, el regimiento de Infantería Soria 9 también se acordará de ellos del 1 al 3 de junio.

«Héroes son todos»

De la demanda del majorero Eustaquio Gopar se benefició también José Hernández Arocha, el otro canario superviviente de Baler, como destaca Ventura Yagüe, secretario técnico del Museo Histórico Militar de Canarias. También pudieron solicitar el mismo título de teniente honorífico, y ver aumentados sus ingresos de 60 pesetas mensuales a 6.000 anuales, el resto de los soldados de Infantería que resistieron en la iglesia filipina. Este investigador aprovecha para reivindicar la figura de los fallecidos canarios en el Sitio de Filipinas: Rafael Alonso Mederos, el majorero de Villaverde, y de Manuel Navarro León, de Gran Canaria. «Héroes son todos: Gopar y Hernández como supervivientes, pero también Alonso y Navarro por defender su bandera sin saber que estaba perdida». A la memoria de los cuatro, Yagüe prepara una exposición en el Museo Histórico Militar.