La oleada de inmigrantes obliga a convertir un museo en centro de acogida

14/01/2020

Cruz Roja acoge a los 36 ciudadanos que deambulaban este fin de semana por Puerto del Rosario en el albergue de Tefía, donde ya hay 90 personas, para trasladarlos a Ampuyenta. El Delegado del Gobierno visitó el CIE de El Matorral, cuyo cierre trae el desbordamiento y la búsqueda de infraestructuras de alojamiento alteranativas que se van quedando pequeñas con cada nueva patera.

Catalina García / Puerto del Rosario

Por razones de urgencia humanitaria, los 36 ciudadanos extranjeros que este fin de semana llegaron en patera a Fuerteventura y que deambulaban por calles y plazas de la capital se trasladarán al Hospitalito de Ampuyenta, en el municipio de Puerto del Rosario. Mientras Cruz Roja acondiciona los tres pabellones de este monumento histórico que funciona como centro de interpretación de las ermitas, están provisionalmente en el salón de actos del albergue juvenil de Tefía, que acoge a 90 ciudadanos más que en las últimas semanas han arribado a las costas majoreras en esta nueva oleada de la inmigración que desborda a Fuerteventura después de que cerrara el CIE de El Matorral en junio de 2018.

Cruz Roja esperaba que el cambio de centro de acogida de estas últimas personas llegadas en patera se realizara hoy, martes, a más tardar desde Tefía al Hospitalito de Ampuyenta, después de que se terminaran de poner a punto los salones «diáfanos» de 50 metros cuadrados con aseos, duchas y hasta una pequeña cocina. «Hay que trasladar las camas y la ropa para que el museo pueda alojar a estos ciudadanos», confirmaban ayer fuentes de esta ong que calificaba la solución del Hospitalito como «recurso de emergencia» hasta que el Ministerio del Interior reabra el CIE de El Matorral, pero que desconocen cuánto tiempo permanecerán en esta edificación de principios del siglo XX que forman parte de un conjunto histórico junto a la cercana ermita del siglo XVII. Eso sí, «todos están bien de salud» afirma Cruz Roja en Fuerteventura.

Hasta ahora, y ante el repunte de la inmigración, Cruz Roja, el Cabildo y la Misión Cristiana Moderna se han estado ocupando de estos ciudadanos, pero han empezado a verse desbordados. La primera institución majorera ha colaborado cediendo dos infraestructuras: el albergue juvenil de Tefía, que tiene capacidad para 90 plazas; y desde, esta semana, el Hospitalito. Cruz Roja también acoge a las mujeres y los niños, aunque lo hace en lugares distintos a los hombres.

Visita de evaluación del CIE

Estos dos centros improvisados de acogida del albergue de Tefía y el Hospitalito de Ampuyenta, que se localizan en dos pueblos de escasos habitantes, se han puesto en marcha mientras se acondiciona el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de El Matorral, que se levanta en el suelo militar del campamento Valenzuela, inutilizado desde hace seis años aunque se cerró en junio de 2018 después de que, entre 2013 y 2016, el ministerio del Interior gastara 4,1 millones de euros en concepto de comida, médicos o mantenimiento de un centro vacío.

El ministerio acordó la reapertura del CIE la pasada semana ante la nueva oleada de pateras. El pasado viernes, el delegado del Gobierno central en Canarias, Juan Salvador León Ojeda, encabezó una visita de evaluación del estado de las instalaciones. Le acompañaron el jefe superior de la Policía de Canarias, el comisario general de Extranjería y un equipo técnico, aunque no han transcendido las conclusiones de esta visita, ni cuánto costará ponerlo en marcha en condiciones dignas y ni mucho menos se ha contestado a la pregunta del millón: cuándo se reabrirá.

El no hospital construido en 1918

Colegio, lugar de retiro religioso y ahora centro de acogida de ciudadanos extranjeros de manera provisional, el Hospitalito de Ampuyenta nunca ha funcionado como tal pese que al doctor y cirujano majorero Tomás Mena (1802-1868) así lo dejara dispuesto en su testamento para que se atendiera a los más necesitados, dejando para ello 25.000 pesetas. Después de muchas vicisitudes, la obra se terminó en 1918, pasando a manos de la Iglesia que se lo cedió al Cabildo Insular que lo sometió a una reforma en 2011, integrándolo en el conjunto histórico junto a la ermita y la casa museo.

En este siglo XXI, la inmigración va a conseguir cumplir el legado del doctor: ayudar a los más necesitados, como quería Mena.