El tejido se vuelve arte y subversivo en la Casa de los Coroneles

23/03/2020

La Casa de los Coroneles, cuando pase el estado de alarma, volverá a abrir dos exposiciones: la del colectivo Tejedoras Subversivas; y la de Adela Picón, que renueva fotografías antiguas de flores y paisajes, dándoles nueva vida y color

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El color invade la Casa de los Coroneles, en La Oliva, en dos exposiciones que esperan su reapertura. Por un lado, el colectivo Tejedoras Subversivas, que presenta la exposición, comisariada por Verónica Silva, Del tejido al bordado subversivo: una nueva mirada al arte textil; y Adela Picón, que muestra la individual Still – Life, conjunto de catorce fotografías que reflejan la mirada intimista de la artista, en diálogo con proyecciones en las que los motivos florales y coloridos dominan el escenario.

La colectiva Del tejido al bordado subversivo: una nueva mirada al arte textil adentra en un recorrido dividido en cuatro espacios: vaginas-feminismo, placer- dolor, ecofeminismo y feminismo decolonial, planteando una reflexión sobre la voz femenina y su empoderamiento a través de tejidos, bordados, instalaciones, vídeos y pinturas realizados por este colectivo, reuniendo un total de 31 piezas. Según su comisaria, Verónica Silva, «mientras bordan en colectividad, las mujeres hablan, sus diálogos van quedando entre puntada y puntada; construyendo un reclamo de equidad en una sociedad patriarca». Como ya lo hizo Judy Chicago al reivindicar el tejido, bordado y costura, como técnicas artísticas, el colectivo Tejedoras Subversivas en Fuerteventura recupera estas prácticas y materiales de lo doméstico, para trasladarlo a lo público; permitiendo así su visibilidad.

Flores

Still – Life es el nombre que recibe el conjunto de catorce fotografías realizadas por la artista Adela Picón, que reflejan la mirada intimista de la autora a través de retratos en estudio donde los protagonistas, muestran un diálogo con proyecciones en las que los motivos florales y coloridos dominan el escenario. «Miles de plantas y paisajes, formas y colores inmortalizados en diapositivas dormían en un archivo a los que dio vida».

La artista explica que, proyectándolas en la pared de su estudio fotográfico – o de cualquier otro lugar – estas ilustraciones se convierten «en fondos esperpénticos, rocambolescos y poéticos a la vez. Solo queda desear retratarse en esta escena fantástica y participar con la propia artista en un proceso de creación que resulta lúdico además de enriquecedor». La fotografía final de Picón propone una composición en que el paisaje dominador acoge y abraza los relieves de los personajes retratados que pueden ser cualquiera de nosotros: individuo, pareja, familia o, por qué no, asociaciones enteras.