Colette y Jean-Claude Rabaté: «Fuerteventura fue una pausa en la vida de Unamuno»

11/02/2020

Colette Rabaté y Jean-Claude Rabaté son expertos en la vida y obra del escritor confinado en Fuerteventura en 1924. Ella es profesora titular de Lengua, Literatura y Civilización Española en la Universidad François Rabelais de Tours (Francia) y él es catedrático de Civilización Española en la Universidad París III-Sorbon. Por segunda vez, el área de Cultura los trae a la isla.

Quiero empezar felicitándoles a ambos porque en el País Vasco, cuna de Miguel de Unamuno, han superado con la biografía del escritor y pensador en ventas al novelista Arturo Pérez Reverte.

— Bueno, en general, no se venden muchos libros. Y con la biografía Miguel de Unamuno (1864-1936): Convencer hasta la muerte hemos llegado a más de 2.000 ejemplares en el País Vasco. A la gente le da miedo la extensión: unas 600 páginas y es que la vida de Unamuno no se puede resumir en veinte o en cien páginas. La biografía que escribimos en 2009 está agotada, la hemos editado ahora con otra editorial. Queríamos hacer algo más corto, siempre con la cantidad mayor de detalles para que los lectores puedan seguir la vida de Unamuno, sus conferencias, los libros, las familias y la acción política, que cada vez nos hemos dado cuenta que es esencial y que se había ocultado un poco durante el franquismo. Unamuno no sólo fue un escritor, un poeta, un novelista, sino un intelectual que observaba la política de su país, pero que no tenía el carácter para hacer política porque se enfadaba y por sus contradicciones. Para nosotros es el modelo del intelectual del primer tercio del siglo XX.

¿El confinamiento en Fuerteventura impuesto por el general Primo de Rivera en 1924 alejó a Unamuno de esa faceta política?

— Fuerteventura fue una especie de pausa en la vida de Unamuno. Aquí empieza a organizar la resistencia contra la dictadura de Primo de Rivera, pero al mismo tiempo aprovecha los paisajes. Es como si estuviera, entre comillas, de «vacaciones». La verdadera acción política la emprende a partir de su estancia en Francia con la participación en unos diarios clandestinos que pasan a España: Hojas libres, en Hendaya y España con honra, antes en París. Eso sí, el destierro de casi seis años sí lo aleja de la realidad política de España a pesar de todo. También hay que tener en cuenta que Unamuno es un liberal más del siglo XIX y principios del XX que, como he dicho antes, un verdadero político. El es individualista y lo que le importa es el hombre. A partir de la emergencia del fascismo por los años 20, la política ya no es de individuos sino de masas y Unamuno siempre se opuso a la masa. Por eso, no entiende bien esta nueva política y sobre todo a la juventud, que primero lo sigue como un líder durante el destierro pero que, al volver a España con la República, ya está desfasado porque no dice que los jóvenes se dejan llevar por las ideologías y no reflexionan sobre la política.

Ustedes hablan de un doble confinamiento de Unamuno: Fuerteventura en 1924 y Salamanca en 1936.

— No nos lo inventamos nosotros. Lo dice el propio escritor y pensador. Unamuno emplea el mismo término de confinamiento para ambas situaciones, incluso llega a decir que está desterrado en su propia tierra después del encontronazo con Millán Astray en el paraninfo de la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936. Además, conforme pasan las semanas, realiza un paralelismo entre la dictadura de Primo de Rivera y lo que pasa las primeras semanas de la Guerra Civil española. Su gran teoría es la importancia del resentimiento, es decir la envidia, en la conducta de los hombres ante lo que concluye que lo que pasa en el 36 es una consecuencia del fracaso de la dictadura de Primo de Rivera. Eso sí, le da también un matiz religioso: los que no creen envidian a los que creen y los que creen envidian a los que no creen.

Es en esas fechas cuando Unamuno escribe también «da asco ser hombre». ¿Quizás por la edad, por ese momento político’

— Por lo que ve, por la violencia, por las matanzas arbitrarias que llevan a cabo estos hombres que ya no son hombres, por la falta de convivencia.

¿Cómo justificar una de las grandes contradicciones de Unamuno que consistió en rechazar primero la dictadura de Primero de Rivera y luego apoyar el alzamiento que daría pie a una guerra civl, aunque después rectificara en nombre de la violencia de la que usted habla y de la falta de convivencia?

— Es más contradictorio porque el golpe de Estado de Primo de Rivera se efectúa sin violencia alguna y la resistencia es bastante limitada, y sin embargo el alzamiento tiene consecuencias mortales incluso en Salamanca, que se quedó en la retaguardia de la guerra pero que soportó violencia, encarcelamientos y muertes. Tras la proclamación de la segunda república española, se sucedieron violencias contra monjas y sacerdotes y Unamuno es mayor ya y le da miedo el desorden, por eso reacciona en contra de la república y apoya luego el alzamiento. También hay que buscar la razón de esta contradicción en que es una forma de ceguera, en el sentido de que no cree que fuera a generar en una guerra tan cruenta. Por último, no hay que olvidar que, lo decimos siempre, juzgamos a Unamuno desde nuestro presente.

La película del director Alejandro Amenábar, Mientras dure la guerra, ha recobrado la figura del escritor para el gran público.

— El film de Amenábar no puede ser fiel a los hechos y es normal porque es para un gran público. Pero, en muchos detalles, no es fiel totalmente a la actitud de Unamuno. Sí es cierto que lleva a su figura a la calle, lo que no está mal porque la gente no lo conocía.

Aunque Unamuno, ya lo dijeron ustedes, es un modelo del intelectual de finales del siglo XIX y primer tercio del XX, ¿qué diría hoy ante la efervescencia de la extrema derecha en Europa?

— Siempre es difícil hacer lo que llamamos historia virtual. No me gusta dar la voz a los muertos. Respeto ahora el silencio de Unamuno. Lo único que se puede decir es que estaba en contra de la ultraderecha porque, por ejemplo, a Mussolini y los fascistas los criticó mucho. La suya no es la España de hoy, ni la Europa de hoy, pero lo que aborrecía Unamuno eran los dogmas, los totalitarismos, los que tenían un espíritu cerrado, los incultos a los que él se refería como analfabetos y que usaba para referirse a los periodistas, y lo siento por usted. Y lo hizo pese a que, aunque no fue un periodista profesional, escribió casi 5.00 artículos, casi más que Ramiro de Maeztu, que sí fue un profesional del periodismo.

Aunque casi nos separe un siglo, la tierra de confinamiento de Unamuno en 1924 es hoy isla de acogida de ciudadanos extranjeros. ¿También es arriesgado o historia virtual preguntar qué opinaría el escritor y pensador o qué pensaba sobre la emigración en general?

— España fue una tierra de emigración en la época de Miguel de Unamuno. Pueblos enteros iban a Cuba u otros países de América latina. Hay muchísimos artículos de Unamuno que, en la primera década del siglo XX, denunció la emigración y los latifundistas del campo charro que preferían criar toros bravos a costa de estos hombres.

Ustedes que han profundizado en Unamuno en todas sus facetas, leídos sus miles y miles de cartas, sus artículos de prensa. ¿Qué lección deja su vida y su obra para los siglos posteriores? ¿Cómo resumirían su ingente obra y actividad política?

— Era un hombre del siglo XIX que se llevó mal con el siglo XX: así lo definió Juan Carlos Mainer. El era sobre todo un hombre que tenía un culto a la cultura, que se ha perdido en nuestros días. Unamuno era un intelectual que ya no tenemos ahora: su papel es reflexionar sobre la visión de la sociedad y la política, porque su faceta de filósofo le ayudo. Tuvo en este sentido ideas muy avanzadas y una gran lucidez, pero como cualquier hombre también cometió errores. Pero también le califica su dignidad, su respeto hacia al hombre. En el caso concreto del confinamiento de 1924 en Fuerteventura, resultó fecundo porque descubrió un entorno que le devolvío al mar, puesto que él nació a orillas del Golfo de Vizcaya. Fuerteventura le favorece la inspiración poética y, a pesar de todo, no está tan aislado porque sigue manteniendo contactos con la flor y nata de toda Europa y hasta América. En Salamanca, se conservan 20.000 cartas dirigidas a Miguel de Unamuno.