Cases: «La Iglesia hoy no tiene poder»

15/09/2018

En su homilía de La Peña, el obispo denuncia que la institución es «ignorada» por los poderes político, económico y judicial cuando se producen «ofensas» a los sentimientos religiosos de los fieles

Aunque casi todas las sillas que habían puesto en la plaza se llenaron este sábado, desde que la festividad insular se cambiara al viernes de peregrinación no ha dejado de menguar el número de personas que se acercan hasta la Vega de Río Palmas en el que tradicionalmente siempre fue el día grande de las fiestas de La Peña. En este sentido, este año tampoco ha sido una excepción y, de hecho, en el mediodía de este pasado sábado se observaron escasos clientes en los puestos de venta de productos artesanos y en los chiringuitos instalados alrededor de la iglesia.

A las doce en punto, la pequeña imagen de alabastro fue trasladada en sus andas desde el interior de la iglesia hasta el escenario que hay en la plaza trasera del templo. Tras de sí quedaba una estela de pétalos de rosa que marcaban el camino recorrido. Estaba a punto de comenzar la ceremonia presidida por el obispo de la Diócesis de Canarias, Francisco Cases, que estaba acompañado por el vicario general, Hipólito Cabrera, y el párroco de Antigua y Betancuria, José Luis Cabrera, entre otros muchos sacerdotes. La ceremonia brilló gracias a una quincena de personas, la mayoría mujeres, que, procedentes de los coros de iglesias de diferentes localidades de la Maxorata, tocaron y cantaron piezas de temática religiosa.

En su homilía, Francisco Cases hizo referencia a numerosos aspectos relacionados con la Iglesia católica y la sociedad de los que, a su juicio, se debería reflexionar más. El obispo mencionó, por ejemplo, la necesidad de que los representantes de la Iglesia estén en contacto directo con el pueblo: «Cuando era seminarista recuerdo que en una charla un gran amigo nos decía que hay cristianos, curas y seminaristas, que están muy cómodos en la iglesia e incómodos en la calle; y que hay cristianos, curas y seminaristas, que están muy cómodos en la calle e inquietos en el templo. Este amigo nos decía que hay que saber estar en los dos sitios». Cases añadió al respecto que hay que estar «cómodos» en el templo, «porque es el lugar en el que la Iglesia se encuentra con Jesús continuamente»; pero que también «hay que estar en la calle», puesto que es el lugar «donde encontramos a ese Jesús herido que nos sale al encuentro y al que hay que atender, y también a ese Jesús ausente del corazón de tanta gente a la que hemos de anunciar el Evangelio».

Cases no pasó por alto temas polémicos que en los últimos años han afectado a la Iglesia romana. «Nos encontramos con tantas voces que llegan de que hay grandes manchas en la vida de la Iglesia, en la comunidad cristiana. Estamos hablando de países que son noticia todos los días en los periódicos: que si la Iglesia de Estados Unidos, hace cuatro días la Iglesia de Chile, hace un poco más la Iglesia de Irlanda, hace otro poco más la Iglesia de... y la Iglesia de... Y vamos recorriendo y vemos una Iglesia sucia, la vemos sucia, y es bueno que nos paremos a pensar también en eso. Necesitamos recuperar la confianza, la seguridad de que Dios continúa en la Iglesia».

En su discurso, el obispo también dijo que la Iglesia «hoy en el mundo no tiene ningún poder», y la prueba es que «los poderes políticos, económicos y judicial la ignoran», puesto que «cualquier cosa que haya como ofensa a los sentimientos religiosos en todo el territorio nacional es descuidada y no atendida». Hoy, «el único poder» de la Iglesia, añadió, es «hacer que Cristo nazca en los corazones de la gente». La ceremonia finalizó con la procesión y la vuelta de la Virgen al templo, donde después los fieles fueron entrando en fila para venerarla.