Carámbula, maestro represaliado de Tetir

17/08/2019

El escritor Felipe Bermúdez rescata del olvido la memoria de un docente majorero que, tras el golpe de estado de 1936, fue obligado por el nuevo régimen a dejar la enseñanza, además de condenado por sus ideas republicanas y por masonería

Trabajando en la biografía de Manuel Velázquez Cabrera, uno de los padres de los Cabildos, descubrió que el insigne majorero emigró a Uruguay a los 12 años porque su padre, que ya estaba allí, había ordenado que mandaran a sus hijos: el propio Manuel y su hermano Sebastián, de 17. Al llegar a Montevideo, ambos cogieron un tren para viajar hasta Villa Las Piedras, donde se enteraron de que su padre había muerto 15 días antes. Entonces, les acogió un señor llamado José Carámbula: «Me llamó la atención ese apellido y por ahí surgió la curiosidad por la historia del apellido Carámbula, que surgió de Gran Canaria, vino a Fuerteventura y de Fuerteventura emigró a Las Piedras, en Uruguay, donde se desarrolló de una manera grande, porque hay muchos Carámbula, aunque curiosamente en Fuerteventura y en Canarias ha desaparecido el apellido», explica Felipe Bermúdez, autor del libro El huerto de la memoria. La represión del maestro Carámbula (1876-1951), editado por Mercurio Editorial.

Fue el punto de partida para llegar al protagonista del libro: Juan Cabrera Carámbula, más conocido como el maestro Carámbula, a quien, como ha comprobado Bermúdez, aún «se le recordaba, porque un hijo suyo, Manolito Carámbula, había tenido un bar importante en Tefía». El investigador comenzó a tirar del hilo, buscó en archivos y se entrevistó con descendientes y con mayores de la isla que pudieran tener información. «Descubrí que había sido un maestro de Tetir que había emigrado a Uruguay, donde precisamente se había encontrado con la familia Carámbula allá en Las Piedras, y que después había vuelto para acá. Aquí se hizo maestro y, en la época de Franco, lo represaliaron: le quitaron la escuela, lo condenaron en el tribunal de responsabilidades políticas provincial y, finalmente, tuvo una tercera condena como masón».

El maestro Carámbula fue depurado de la enseñanza, esto es, suspendido de empleo y sueldo de por vida, después de haber ejercido la docencia entre 1926 y 1936. Las circunstancias le obligaron a dedicarse a la agricultura para poder sobrevivir. «Cuando le quitaron la escuela, se recluyó en el huerto, que se llamó el huerto de Carámbula allí en Tefía, y estando en el huerto todavía le cayó la condena de la masonería, por la que tuvo que guardar prisión menor en el huerto y allí murió», explica.

El autor señala que la del maestro Carámbula es «una historia bastante dura de represión», puesto que «su único delito era ser republicano, simpatizar con el Frente Popular y el Partido Republicano Federal de Franchy Roca». Aunque en Fuerteventura no hubieran fusilados, «sí que hubo una represión silenciosa, un clima de miedo que duró por lo menos 20 años y que dejó una huella muy fuerte en las familias que quedaron marcadas». En este sentido, el objetivo del libro de Bermúdez es «recuperar la memoria, que sus nietos vean que su abuelo no era un delincuente, que no hay que estar ocultando lo que pasó, que el olvido desaparezca y aparezca la memoria de estas personas y el honor perdido y mancillado».

Un descubrimiento inesperado

En el archivo de Alcalá de Henares, Bermúdez dio con un listado de maestros represaliados por el franquismo. Entre los nombres figuraba el de su padre: «Cuando le quitaron la escuela tenía 22 años y, curiosamente, él a la familia nunca nos habló de eso porque había como una especie de ley del silencio». Bermúdez, licenciado en Teología y Magisterio, es autor de Fiesta Canaria y de El defensor de la isla. Manuel Velázquez Cabrera.