Fascinación lagunera por Egipto

01/02/2018

La construcción de la presa de Asuán movilizó al mundo para salvar los monumentos del antiguo Egipto que iban a quedar anegados. La Unesco encabezó la operación de rescate en 1960 y en aquella misión arqueológica ya estuvo la ULL. Años después, hace ahora 25, se instaurarían en la institución académica los estudios de Egiptología.

El templo de Debod que se erige en una loma, junto al Paseo del Pintor Rosales, en Madrid, fue uno de los veinticuatro monumentos de la Baja Nubia donados por Egipto a los países que colaboraron en el rescate de una segura desaparición con la construcción de la presa de Asuán. El templo es el eje temático en torno al que se articula la exposición que ayer se inauguró en la Universidad de La Laguna (ULL) para conmemorar el vigésimoquinto aniversario de la instauración en esta institución de los estudios de Egiptología.

Pero la fascinación de la ULL por el antiguo Egipto arrancó mucho antes. Una de las pruebas que lo confirma es su participación en la misión arqueológica sin precedentes que en 1960 impulsó la Unesco para localizar, excavar y trasladar los monumentos de la Baja Nubia que se iban a ser anegados.

Allí estuvo el entonces catedrático de Prehistoria Manuel Pellicer, formando parte del Comité Es pañol para el salvamento de los tesoros de Nubia que el Gobierno español creó para aquella misión y que se trajo a España el templo de Debod que, curiosamente, fue excavado y rescatado por la expedición polaca.

La trascendencia que tuvo aquella intervención en Nubia marcó un antes y un después en la egiptología española, pero también en la canaria y en la ULL, una de las cinco universidades donde se enseña Egiptología.

La exposición Debod. Rituales para mantener la vida a orillas del Nilo, que permanecerá abierta en la Biblioteca General y de Humanidades de la ULL hasta el 15 de marzo, pretende mostrar el vínculo histórico de la institución académica con la Egiptología, que se estrechó aún 25 años, cuando el profesor Miguel Ángel Molinero, comisario de la muestra, la elevó a la categoría de asignatura.

La elección del templo de Debod como hilo conductor de la muestra, explica Molinero, «trae a la actualidad la participación de La Laguna en aquella misión y su vínculo con el templo» en tanto que el grupo de Egiptología de la ULL es, junto al Museo de San Isidro, responsable del proyecto epigráfico Tahut, que dirige por Molinero y que desde el año 2003 estudia los relieves y los graffiti de su cámara central y los textos que esconde.

La pieza principal de la exposición es precisamente un panel elaborado por grupo de Egiptología de la ULL que reproduce cómo debían ser los muros de la cámara central del templo y que formó parte de la muestra sobre Cleopatra que se celebró hace dos años en Madrid, en la que se reproducía toda la habitación.

La muestra también hace un recorrido por la historiografía egipcia de la ULL, con textos del XIX y las publicaciones de la misión española del Nubia, además de relatar las campañas más recientes del grupo de Egiptología.

Fascinación lagunera por Egipto

Miguel Ángel Molinero es el único profesor titular de Egiptología de España, aunque «una cuestión de normativa» le impide usar ese título, cambiándolo por el de profesor de Historia Antigua. Él fue el impulsor de la Egiptología en la Universidad de La Laguna (ULL) y el responsable de que centenares de estudiantes amen la arqueología, pero, sobre todo, el antiguo Egipto.

En estos tiempo, Molinero ha logrado formar a un equipo de egiptólogos que participa proyectos en Egipto y que se codea sin complejos con la élite de esta disciplina.

Desde 2012 están metidos de lleno en Luxor, excavando la tumba tebana 209 (TT 209). El proyecto Dos Cero Nueve arrancó este enero su sexta campaña, «quizás la última», dice Molinero. Será así si detrás de la cámara que ahora comienzan a excavar no hay otra, algo que de momento desconocen, pero que no dudan, porque ya han aparecido otras dos cámaras que no esperaban en 2014 y 2017. «No conocemos su verdadero tamaño», reconoce.

En los últimos años han podido no solo datar correctamente la tumba (c. 747 a 664 a.C.), sino identificar a su propietario y su título: Nisemro, el supervisor del sello.