«El aventurero es el líder del mundo y marca la evolución»

23/07/2018

Don McIntyre (Adelaida-Australia 1955) ha dedicado su vida a la aventura, expediciones, exploraciones submarinas, siendo merecedor de los mayores honores, como la Medalla de Oro de la Sociedad Geográfica Australiana, y promoviendo conciencia sobre el medio ambiente. Organiza la regata de la Vuelta al Mundo en solitario, sin escalas y aboga por la navegación de antes.

— ¿Cómo surge la idea de recuperar la regata Golden Globe Race (la versión actual de la mítica Sunday Times Golden Globe, celebrada en 1968) la vuelta al mundo en solitario, sin escalas y sin apoyo tecnológico de ningún tipo?

— Desde muy joven estuve influido por el mítico navegante ganador de la Sunday Times Golden Globe, Sir Robin Knox Jonhston. Mi primer velero fue una réplica del Suhaili, con el que el gran Knox se impuso en esa prueba, que yo mismo construí con 18 años. Conocí a Knox en el año 82 y por eso decidí que un día repetiría esa mítica hazaña.

¿Por qué tardó tanto en repetirla, ya que hasta este año no se ha celebrado ninguna edición?

— En el año 90 participé en BOC Challenge (la regata de vela alrededor del mundo por etapas para navegantes solitarios que se celebra desde 1982, cuando se disputó la primera edición). En el 95 decidí irme a vivir a la Antartida durante un año en una pequeña caja. Cuando estaba en la Antártida pensé en celebrar la regata coincidiendo con el 30 aniversario que se cumplía en el 98, pero se me cruzaron otros proyectos y la postergué. Después llegó el año 2008 y pensé celebrarla con el 40 aniversario, pero tampoco se hizo, de forma que cuando llegó 2018, me dije esta vez la voy a hacer coincidiendo con el 50 aniversario.

¿Por qué apostó por la Golden Globe Race, si ya existe desde 1982 la Vuelta al Mundo en Solitario?

— Cuando hice la BOC tuve que gastar 750.000 dólares en hacer un barco y prepararlo para participar. Después esponsoricé a la jovencísima Jessica Watson, que con tan solo 16 años completó una circunnavegación al rededor del mundo, en solitario en el año 2009. En seguida me di cuenta de que en el mundo no existe una regata que ofrezca la posibilidad de participar a aventureros amantes de la navegación sin que tengan que gastar millones de dólares. De modo de decidí recuperar la Golden Globe Race. En ella con un presupuesto de entre 80.000 y 150.000 dólares puedes competir, mientras que en la BOC necesitas cerca de 20 millones para participar. Por eso optamos por celebrar un evento muy humano. Todo el mérito o demérito corresponde al navegante; un hombre, un barco, un reto, esa es la clave.

— ¿En un mundo tan dependiente del dinero y la tecnología, también en la navegación, como acaba de decir, por qué hay ese empeño en volver a lo rudimentario? ¿Es por nostalgia, por romanticismo?

— El mundo ha perdido el espíritu aventurero, todo se centra en el confort, la comodidad. Si tienes calor, pones el aire acondicionado. La vida se ha hecho muy plana y confortable, pero la aventura te lleva al extremo. La aventura es muy importante porque hay cosas que no se encuentran en un ordenador; los riesgos, el valor, la confianza, la convicción, el esfuerzo de superación, son valores que se pierden. La aventura nos hace evolucionar, crecer, avanzar. El niño que aprende a montar en bicicleta, tiene que esforzarse y cuando lo logra se siente satisfecho, la recompensa es enorme, por eso los aventureros son los íderes naturales del mundo, los que trazan el camino de la evolución.

¿Qué es lo más duro a lo que se enfrenta un navegante cuando se encuentra solo en medio del océano tanto tiempo, en un velero de entre 9,75 y 10,97 metros, y sin ningún tipo de comunicación exterior?

— Todo está en la mente. Si el marinero no ha encontrado una buena razón para embarcarse en esta aventura de dar a vuelta al mundo en solitario, sin escalas, y sin ayuda exterior, seguro que encontrarán una buena razón para abandonar. Cuando Sir Robin Knox estaba solo en el Sur de Australia, enfermo, con el barco muy dañado, en muy malas condiciones, sin agua, perdido y sin rumbo, recuperó la fuerza mental para salir adelante y lo logró.

¿Cuál es la peor parte de la travesía a la que se enfrentan los navegantes en esta prueba?

— Creo que no es ni el Cabo de Hornos, ni el de Buena Esperanza, la pero parte está al sur de Australia en el Cabo Lewin. Va a ser muy arriesgado. La prueba se ha iniciado en esta época del año para preservar la tradición de la mítica Sunday Times Golden Globe, para que cuando lleguen a Australia se encuentren en pleno invierno austral. Será realmente salvaje.

— ¿Qué requisitos se pusieron para poder participar en una regata tan exigente y arriesgada?

— Todos los participantes tienen que tener al menos 10.000 millas de navegación certificadas. De las cuales, al menos, 8.000 millas con tripulación, y al menos 2.000 en solitario. También tienen que tener un curso especial de medicina y otro de supervivencia. Deben ser operadores de radio y conocer el firmamento para poder guiarse por las estrellas. En un primer momento hubo 28 candidatos a participar, y 15 en lista de espera, y tras un proceso de selección nos quedamos con 20. De ellos, uno abandonó a los cuatro días de partir la regata del puerto de Les Sables d’Olonne en la Bretaña Francesa, al no poder soportar el aislamiento.

¿Por qué no hay ningún español en la prueba? El navegante español es por tradición un gran marino.

— Realmente no lo sé, hay 13 países representados, y quizás en la próxima edición de 2022 haya alguno.

¿Y mujeres, por qué solo hay una?

— Solo se presentaron dos candidatas, la británica Susie Goodall y la brasileña, Isabel Pimental, que precisamente reside en Lanzarote, pero finalmente no ha podido participar por falta de esponsor.

¿Cómo ve el enorme problema de la contaminación en los mares?

— Ya en el año 90 cuando participé en la BOC Challege me encontré en el Mar de los Sargazos, donde se unen las corrientes en el Ecuador, y estaba repleto de plásticos. En esta edición de la Golden Gobe Race los participantes están obligados a llevar una red especial para captar microplásticos en los mares del sur, donde la contaminación no es tan grande y poder hacer un estudio. Tradicionalmente, en las regatas antiguamente se tiraba todo al mar. En esta edición de la GGR hemos exigido a los participantes que tengan un plan de gestión de residuos que después la organización chequeará. Es la primera regata del mundo que exige este requisito.

—¿Cómo se espera que los participantes resuelvan el problema del agua para tantos meses de travesía, la regata durará unos 300 días hasta dar la vuelta al mundo?

— Los participantes pueden llevar toda el agua que deseen, aunque nunca va a ser suficiente, eso sí, no podrán llevar botellas, para no contaminar los mares.

— ¿Y la comida?

— Pueden llevar la comida que deseen, pueden llevarla liofilizada o como quieran. Por ejemplo, la británica Susie Goodall, la única mujer participante en la regata, lleva 300 tarros de cristal de comida que le preparó una amiga.

— ¿Qué representa esta regata para un hombre tan aventurero como usted que ha hecho de todo?

— Para mí supone el renacimiento cultural de la vela. Es una prueba que no requiere mucho presupuesto y es muy humana.

— Una pregunta al margen de la regata, y que es solo una pequeña muestra de su afán por la aventura. ¿Cómo fue su experiencia de irse a vivir un año a la Antártida, con su mujer, Margie, en una pequeña caja de madera de 2,4X3,6 metros?

— Si Sir Douglas Mawson -geólogo australiano, explorador y académico, que junto con Roald Amundsen, Robert Falcon Scott y Ernest Shackleton, lideraron una de las expediciones clave durante la era heroica de la exploración Antártida pudo sobrevivir dos años en Cabo Denison, considerado el lugar más ventoso de la Antártida y de la Tierra- yo y mi mujer decidimos que también podíamos hacerlo. Tardamos un año en prepararlo y nos convertimos en los primeros colonos de la Antártida. Hasta entonces la gente solo iba a explorar e investigar y nosotros fuimos a vivir. Don, cuenta su experiencia y muchas otras en la web McIntryreadventure.com.