‘Yo me quedo en mi cas...oplón’

Biquini en la piscina, abdominales en el gimnasio, niños en el jardín... Algunos famosos parecen competir por mostrar en las redes su envidiable encierro. Llamémosle... ‘alardentena’

ISABEL IBÁÑEZ /MADRID

Intentaremos decir el pecado pero no el pecador. Y en este caso, de la pradera, porque el famoso torero aparece en su Instagram tumbado sobre la verde hierba, haciendo flexiones al solete con su hijo encima. Un top model español presume de chimenea con fuego al mismo tiempo que se deja ver en bañador tras darse un chapuzón en su piscina. «Quédate en casa, quédate seguro», escribe él mirando a la lumbre. «Así yo también me quedo en casa», le comenta una seguidora en la misma red social, la más vanidosa de todas. Celebérrimo futbolista, español también, exhibe a diario los progresos en sus abdominales, de fondo su gran jardín. Vemos bíceps, tatuajes, lo bien que sabe hacer el pino... Otra vez bíceps. Luego, con su numerosa familia, entrenándose junta en un gimnasio que ya quisieran muchos deportivos municipales. En un vídeo, aparece corriendo en una cinta. «Teletrabajo», aclara.

Todas ellas son buenas formas de pasar la cuarentena, deseables, envidiables, porque todos sabemos que muchos niños llevan un mes sin siquiera una ventana a la que asomarse para recibir un rayito. Así es la vida, las diferencias existen, no todos somos iguales y convivimos con ello, lo aceptemos o no. Pero quizás no sea el mejor momento de enseñar al mundo lo bien que llevamos todo esto, por empatía con los que no tienen tanta suerte, aunque puede que el narcisismo que potencian las redes sociales no nos deje pensar con claridad por momentos. En cualquier caso, no hablamos de un ‘selfie’ aislado, sino de la exhibición continuada de un estatus.

«Las redes de los famosos las suelen llevar ‘community managers’, y la mayoría quizá no llegue a ser bien consciente del efecto que pueden provocar sus acciones»

Sí citaremos en cambio a la superpresentadora y comediante estadounidense Ellen DeGeneres, más que nada porque representa mejor que nadie lo que queremos contar. DeGeneres se deja ver una y otra vez tumbada de mil maneras en el supersofá de su casa, delante de su superjardín. Una vez, en esta cuarentena, grabó un vídeo de cómo unas superbolas de granizo rebotaban en la superficie del agua que llenaba su piscina infinita con vistas a alguna bahía. De paso, aprovechó el recorrido de cámara para mostrar el porche con hamacas y todo lo demás. Súper. Una fan le dejó algo escrito: «Este vídeo acaba de llamarme pobre en cinco idiomas diferentes». Más de mil ‘me gusta’ recibió la díscola seguidora, y a partir de ahí ya hubo más comentarios en la misma onda crítica: «Por qué las personas ricas deben tener cuidado al publicar sus casas, especialmente durante este bloqueo. Por favor, Ellen, preócupate de lo que otros piensan. Sí, puedes hacer lo que quieras con tu dinero, pero teniendo en cuenta lo que otros están sintiendo». «No es momento para hacer ostentación de lo que se tiene cuando hay tantos seres humanos pasando tanto dolor. ¡Qué ridiculez! ¡Qué imprudencia!», saltaba otro.

En medio de este sindiós –permita la RAE este antiguo vocablo que incomprensiblemente aún no ha admitido–, alguien citó un término anglosajón de nuevo cuño como es ‘smugsolation’, que en castellano podría traducirse con juegos de palabras como ‘vanidofinamiento’, ‘exhibiencierro’, ‘alardentena’, ‘presumislamiento’, ‘narcisoclusión’... La idea original fue de la periodista y editora de la revista ‘Glamour’ Marie-Claire Chappet, que aporta la definición: «Acto de ponerse en cuarentena durante una crisis global en un lugar envidiable (’penthouse’, mansión, villa, casa de campo ancestral de 15 habitaciones) con alimentos caros, bebidas alcohólicas, mascotas adorables y espacio al aire libre, para proceder a compartir dicha situación en redes sociales». Y no se queda en definirlo, insta a detenerlo: «Poco más de dos semanas después de un bloqueo nacional provocado por una pandemia global, y aquí lo tenemos: la primera nueva tendencia irritante de las redes sociales».

Mantener el caché

¿Será que estamos ante un problema patológico de narcisismo? «En las clasificaciones diagnósticas actuales –explica Juan G. Castilla Rilo, psicólogo clínico experto en psicología positiva, ‘coaching’ e inteligencia emocional– se describe un tipo de trastorno de personalidad narcisista caracterizado por la presencia de sentimientos de importancia y grandiosidad, fantasías de éxito, necesidad exhibicionista de atención y explotación en las relaciones interpersonales». Aunque al parecer, tranquiliza Castilla, no tenemos por qué estar obligatoriamente ante un problema que requiera ayuda: «La mayoría de los famosos son y se sienten importantes, ya que están por encima de la media social económica o social, no tienen fantasía de éxito porque ya tienen éxito, y en la sociedad actual ‘debes exhibirte’ para reforzar tu imagen de triunfo... Así que no todos tendrían un trastorno psicológico, sino que su trabajo les ‘obliga’ a tener esos comportamientos narcisistas en beneficio de los fans, las firmas comerciales y mantener o subir el caché económico».

Según el experto, alguien con un problema real de narcisismo no pide ayuda y es difícil de diagnosticar, con lo que también es complejo darle alternativas psicológicas para mejorar sus conductas y manejar mejor las relaciones personales. Asegura que estas personas suelen exhibir además una falta de empatía llamativa, algo que subyace o más bien se expone a todas luces en algunos de esos ejemplos que hemos comentado: «Y si bien es bueno mantener el contacto con tus seguidores, hay que tener en cuenta que muchos de ellos no tienen un espacio para poder pasear, o un gimnasio en su casa, o una piscina para nadar y tomar el sol... Con lo que se produce una distancia social y de ‘realidad’ social de vida de la mayoría de la gente...». A pesar de todo esto, el psicólogo nos anima a entender que las redes sociales son «fundamentales para las personas famosas», pero también para todos nosotros, «y más en estos momentos de cuarentena, ya que nos permiten comunicarnos e interaccionar. Pero en la gente famosa las redes las suelen gestionar los llamados ‘community managers’, y lo que analizan son los impactos positivos o negativos, así que la mayoría de ellos pueden no ser conscientes del efecto que llegan a producir sus acciones».

En esta misma onda se expresa Christian Oltra, profesor asociado de Sociología en la Universidad de Barcelona: «Aunque estamos inmersos en una crisis de salud pública sin precedentes, la mayoría de nosotros no estamos en la primera línea, no estamos reanimando enfermos en la UCI. Así que es esperable, hasta cierto punto, que algunos utilicen las redes sociales durante el confinamiento para su autopromoción. La investigación sobre el contenido compartido en Internet y el uso de redes sociales muestra que una motivación principal de las personas para publicar contenido es el realzamiento personal, ofrecer una imagen más positiva, interesante, exitosa de uno mismo ante nuestros amigos y conocidos, para mejorar nuestro estatus y popularidad social».

Considera Oltra que aquellos con una tendencia más narcisista, egoísta, o con baja autoestima utilizan más las redes sociales para su realzamiento personal, pero que, en el fondo, todos podemos hacer ese mismo uso de las redes sociales: «Puede que alguien comparta algo para hacer reír a sus amigos; otro, un texto que considera informativo, útil, que puede ayudar a alguien; un tercero, una buena historia. O simplemente porque quieres tener una conexión social positiva. Pero el realzamiento personal es una motivación humana básica cuando compartimos contenido en Internet». Reconoce que en desastres naturales se suele fortalecer la identificación comunitaria y el altruismo. «Pero ante esta epidemia de coronavirus, que nos mantiene a la mayoría confinados en el hogar, cierto uso narcisista de las redes sociales era, quizá, esperable».

La descubridora de la ‘tendencia’ es algo menos comprensiva con estas actitudes: «Decirnos a todos cómo el autoaislamiento te ha ‘dado tiempo para detenerte y mirar la naturaleza’ a través de las ventanas de guillotina desde el suelo hasta el techo en tu bucólico segundo hogar de Norfolk mientras te acurrucas con un terrier en un asiento junto a la ventana, no es exactamente un contenido que debas relatar en estos momentos».

La periodista que puso nombre a esta «irritante tendencia» de las ‘celebritis’

Se lo ha pasado bastante bien Marie-Claire Chappet escribiendo el artículo titulado ‘Detén la ‘Smugsolation’: la nueva tendencia de las redes sociales que muestra a la agente alardeando de sus cuarentenas privilegiadas’. Se ha fijado en esas «cocinas prístinas y equipadas con todos los últimos artilugios culinarios a su disposición, donde se crean obras maestras gourmet con alimentos muy costosos, mientras me pregunto qué puedo hacer con queso Philadelphia y papel higiénico: las únicas cosas que podía obtener de mi Sainsburys local (una cadena británica de supermercados)». Al parecer allí no les ha dado la fiebre por los rollos para el retrete.

Pero también se puso seria. «El coronavirus ha puesto al descubierto las salvajes disparidades de nuestras vivencias. Lo que todos deberíamos estar haciendo ahora es darnos cuenta de eso mismo: cómo se compara nuestra situación con los demás. Deberíamos estar pensando en la brecha de aislamiento antes de publicar. La crisis global nos ha hecho dolorosamente conscientes de cuán extendida está la desigualdad en este momento».

Chappet también tiene Instagram; en una de las últimas imágenes compartidas se la ve celebrando el día de su 31 cumpleaños, en pleno confinamiento, en el precioso jardín de su casa con unos zapatos de tacón de aguja. Tampoco pasa nada, porque como dice el sociólogo Oltra, «el realzamiento personal es una motivación humana básica cuando compartimos contenido en Internet».