Café y pastas con la muerte

19/02/2020

Aumentan en España las quedadas en cafeterías y pubs para charlar sobre el final de la vida.

El café de la muerte gusta. Escrito así podría parecer una broma tétrica sobre algo que resulta demasiado solemne. Pero no lo es, en absoluto. Desde hace unos años, la muerte se vive en muchas cafeterías y pubs de España como una forma de celebrar la vida. Un grupo de personas se reúne en torno a una mesa a media tarde y, entre pastas y café, habla de forma distendida sobre sus muy diversas experiencias con la parca. El movimiento ha alcanzado tal desarrollo que Euskadi prepara para el próximo mes de marzo la primera Semana Vasca del Café de la Muerte. Andalucía y Cataluña son otras dos de las comunidades donde mayor respuesta ha tenido hasta la fecha este movimiento, que sorbo a sorbo ha comenzado a extenderse por toda España.

El primer café de la muerte se organizó en 2004 en la ciudad suiza de Vissoie, inspirado en la fiesta católica del Día de los Muertos, que se celebra en México. La idea, promovida por el sociólogo Bernard Crettaz, tuvo una enorme repercusión popular. Fuera de Suiza, la tertulia cafetera se estrenó en París seis años después, en 2010. Un londinense, Jon Underwood, quedó fascinado por el encuentro y acabó por dar el impulso definitivo a este movimiento, que rápidamente se extendió primero por la capital británica y luego por el resto del mundo. Más de 70 países dan eco hoy a esta iniciativa.

Reunión entre amigos

Las sesiones se celebran siempre en locales públicos, por lo general cafeterías y pubs, a la vista de todo el mundo y en horarios de máxima afluencia. No hay nada que esconder. Los asistentes, como mucho quince personas para que sea un reunión dinámica, se sientan en torno a una mesa, con un café, un té y algo de bollería, y hablan de sus experiencias con la muerte. No se trata de un grupo de duelo, ni de ningún ritual extraño. Todo es de lo más normal. La conversación fluye en el tono más positivo posible, abordando el final de la vida desde todos los puntos de vista que cabe imaginar.

«Tampoco es éste un tema de viejos que tienen miedo a la muerte que se les viene encima», explica el médico Jesús Sánchez Echániz, especialista en Cuidados Paliativos a niños. «Se trata más bien de una reunión amigos, que se desarrolla en un tono tan vitalista que muchas veces pienso que deberíamos llamarla Live cafe (café de la vida)», afirma el experto, que dinamiza un grupo en el centro de Bilbao.

Euskadi, Cataluña y Andalucía son las comunidades donde más grupos de ‘Death Cafe’ se han organizado, pero los hay por toda España
«La muerte ha sido utilizada en nuestra cultura como algo terrible. Por eso hoy, muchos viven de espaldas a ella y otros en cambio la festejan»

Los primeros encuentros en España comenzaron a organizarse hace unos tres años en el País Vasco, Cataluña y Andalucía, donde el movimiento tiene más desarrollo, aunque ya se programan sesiones en prácticamente todo el territorio nacional. ¿Qué explica este interés por compartir a menudo con desconocidos las vivencias más íntimas sobre algo tan personal como la muerte? El psicólogo madrileño Luis Muiño, autor del podcast ‘Enciende tu mente’, tiene una explicación.

Niños entre cadáveres

Durante siglos, la muerte, según razona, ha sido utilizada en nuestra cultura judeocristiana como un arma de miedo social. No sólo porque la pena máxima a la que podía ser condenado un reo era la ejecución, sino sobre todo porque era vista «como algo terrible, incluso tóxico», el paso a la gloria o al fuego eterno del infierno. Como consecuencia de esta visión secular, conviven hoy dos tendencias sociales en una especie de «guerra cultural». Por un lado están quienes prefieren vivir de espaldas a la muerte y, por otro, quienes la asumen y festejan como parte de una vida que hay que disfrutar hasta el final.

«Es un concepto que puede resultar muy sanador, por lo que tiene de desmitificador», considera el terapeuta. «Hubo un tiempo en que los niños caminaban entre los cadáveres por la calle. Ahora, los cementerios están lejos de las ciudades y nadie muere en casa. En medio de una y otra realidad, surge el Death Cafe».

Más de 400 personas de una veintena de localidades se estima que participarán en la Semana Vasca del Café de la Muerte, la primera que se convoca en España, prevista entre los días 24 y 27 de marzo. Al frente de la iniciativa figura la enfermera irlandesa Naomi Hasson, de la Fundación Doble Sonrisa. «La magia del Death Cafe –concluye– es que es algo muy fácil de realizar, donde lo invisible se hace visible a través de lo mejor del ser humano, que son los sentimientos».