Delphine, junto a su esposo James O'Hare, en la fiesta nacional belga. / Reuters

Un vestido con mensaje

La escultora lució un conjunto de inspiración africana con el lema: «Debemos corregir los errores del pasado»

ARANTZA FURUNDARENA

«Gracias a la cienciaaaa, que me ha dado tantoooo...». Es lo que podría cantar Delphine Boël, ahora convertida en Delphine de Sajonia-Coburgo o, en versión castiza, Delfina de Bélgica. Porque, sin los avances de la genética molecular, ella seguiría siendo a fecha de hoy una escultora anónima o, aún peor, una oficiosa bastarda real. Sin embargo, una prueba de ADN de fiabilidad incontestable le permitió certificar en enero de 2020 que es hija de Alberto II, hoy rey emérito de su país. Desde entonces Delphine, de 53 años y madre de dos hijos, ejerce de hermana del rey Felipe de Bélgica. Y como tal ocupó el miércoles la carpa reservada a la familia real durante el desfile de la fiesta nacional belga.

Tal vez decidida a no dar puntada sin hilo, después de ocho fatigosos años de pleitos contra la corona, la artista plástica acudió al magno evento junto a su marido y ataviada con un llamativo conjunto que llevaba implícito un mensaje político. El colorido vestido, anudado a la cintura, con amplia abertura frontal y una especie de gorra a juego, que recordaba a un exótico turbante, es de la firma belga Erratum Fashion y tiene una clara inspiración africana. De hecho, ese estampado podría haberlo lucido en su día Winnie Mandela en Sudáfrica y nadie se habría extrañado.

Reivindicar la africanidad en un país como Bélgica, en cuya memoria histórica todavía pesan como una losa las atrocidades cometidas por Leopoldo II en el Congo, viene a ser como mencionar la soga en casa del ahorcado, aunque Felipe de Bélgica ya pidió perdón por ello en 2020 en una carta en la que mostraba su más «profundo arrepentimiento por las heridas del pasado».

Siré Kaba, la diseñadora del vistoso conjunto es de origen guineano y con su marca, Erratum, un término tomado del latín, defiende que «debemos corregir los errores del pasado». Kaba se refiere a luchar contra los tópicos y estereotipos que aún perduran desde la época colonial. Pero la pregunta el miércoles durante el desfile era si el mensaje subliminal de Delphine se refería a esos errores o a los cometidos por su padre biológico en su terca resistencia a aceptarla como hija legítima... También puede que aquello fuera un 'doble pespunte' y la artista y activista estuviera sugiriendo ambas cosas a la vez.

Alberto se ahorró el trago porque no estuvo presente. Y no precisamente para evitar la presencia de esa hija rebelde impuesta por un juez (ya la recibió hace tiempo en su palacio) sino porque no asiste a la fiesta nacional de su país desde 2014, año en el que su primogénito tomó el relevo del trono. El emérito belga también se perdió ver a su nieta mayor, la princesa heredera Elisabeth, desfilando como un soldado más junto a sus compañeros de la Academia Militar donde está a punto de terminar su primer año de instrucción.

Fruto de la relación extramarital que Alberto de Bélgica mantuvo con la baronesa Sybille de Selys Longchamps, Delphine, sin llegar a tener agenda propia, sí ha participado ya en otros actos relacionados con la corona, pero el del miércoles fue su primera fiesta nacional en primera fila. Está claro que la escultora ha llegado a la familia real belga para quedarse... Pero no precisamente quieta.