Santiago Lorenzo / I. B.

'Tostonazo'

La novela aparece como el ajuste de cuentas de Santi Lorenzo con la industria del cine

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Uno de los acontecimientos editoriales de este otoño es 'Tostonazo', la nueva novela de Santiago Lorenzo, que siempre da en el clavo a la hora de titular sus obras: 'Las ganas', 'Los huerfanitos' y 'Los asquerosos', un canto a la soledad y la austeridad que conectó con miles de lectores y que ha acabado llevándose a los escenarios. Su mensaje en pos del silencio en la era del griterío en las redes sociales tiene mucho que ver con la propia personalidad del escritor portugalujo, que llegó a la literatura desengañado de los tejemanejes del mundo del cine tras dirigir dos películas –'Mamá es boba' y 'Un buen día lo tiene cualquiera'–, después de las cuales se fue a vivir a una aldea segoviana de 16 habitantes donde hay que llamarlo al fijo.

'Tostonazo' aparece como el ajuste de cuentas de Santi Lorenzo con la industria del cine. Su protagonista, uno de sus habituales perdedores, entra como meritorio en el rodaje de una película y descubre un mundo apasionante. Salvo por la figura de un productor ignorante y cínico, que se entromete en la labor del director y torpedea el largometraje hasta convertirlo en un desastre vilipendiado por los críticos y estrellado en taquilla.

Resulta difícil no intuir ecos de la experiencia de Lorenzo en las páginas de 'Tostonazo', que en su segunda mitad se retira a uno de los espacios favoritos del autor: la provincia. Ya en 1999, 'Mamá es boba' ofrecía una visión corrosiva del espectáculo televisivo desde la mirada del niño protagonista, que además de ser humillado en el colegio por sus problemas de incontinencia sentía vergüenza ajena de sus padres, una pareja de simplones utilizados en un concurso que apelaba a la crueldad con sus invitados. En palabras de Lorenzo, «una comedia que no tenía ni puta gracia».