Soledad Mallol recuerda que Juan Diego siempre le pedía alguna canción de Joselito por lo bien que imitaba al pequeño ruiseñor. / LUIS LARIOS

Soledad Mallol

«Los actores no nos jubilamos, actuar es adictivo»

«Las mujeres mayores no existimos en los guiones y si aparecen siempre se pierden o tienen alzhéimer», dice la mitad de las Virtudes

ARANTZA FURUNDARENA Madrid

Muchos la recuerdan por 'Escenas de matrimonio' o la siguen identificando como integrante de las Virtudes, un dúo cómico legendario con el que tiene previsto reaparecer en otoño. Pero lo que actualmente absorbe el talento interpretativo de Soledad Mallol es 'Blablacoche', la obra de teatro que se representa este mes de julio en el madrileño teatro Quique San Francisco. A sus 57 años, interpreta a Magina, una sencilla y parlanchina cajera de súper, separada, que viaja de Madrid a Cádiz en un coche compartido para conocer a su primer nieto...

«En el trayecto nos pasa lo que suele ocurrir cuando te encuentras con desconocidos, que empiezas a contar cosas que a lo mejor a la gente cercana no le contarías». Lo sabe por experiencia. Y no porque haya utilizado alguna vez el servicio 'Blablacar' («eso lo hace mi hijo»), sino porque de jovencita hacía autoestop con sus amigas y, según recuerda, «la gente te contaba su vida y nosotras les contábamos a ellos la nuestra». Nunca le ocurrió nada grave, pero sí se enfrentó a alguna situación desagradable. «Una vez nos trajo un camionero que intentó meternos mano a una amiga y a mí. Menos mal que fue cuando ya estábamos en Madrid. Nos paramos un momento y salimos zumbando de allí las dos».

Al contrario que Magina, Soledad no tiene nietos. «Aunque podría, porque tengo un hijo de 32 años. Pero los de mi generación vamos a ser abuelos muy tarde. Es lo que toca y hay que adaptarse». Confiesa que ser abuela es su mayor ilusión, en eso entiende a Magina. Y, como a ella, también los viajes le han cambiado la vida. «Conoces gente y aprendes a no ser racista». Quizás el que más la marcó fue uno que hizo de muy jovencita a Turquía: cinco amigos en un '2 Caballos'... «Nos pasaron cosas increíbles. Fue una locura. Creo que si eso me lo hace mi hijo no se lo perdono, je, je...».

La actriz, que actualmente interpreta la obra de teatro 'Blablacoche', anuncia que volverá con las Virtudes en otoño

Nacida en 1965 en Carabanchel, y la pequeña de tres hermanos, Soledad Mallol se recuerda como una niña «díscola, por no decir insoportable». Pero lo justifica. «Mi hermano era el favorito de mamá, mi hermana la mimada de papá, y yo tenía que hacerme un hueco». De modo que le dio por el artisteo: cantaba, bailaba y hacía de todo con tal de llamar la atención... Por eso cuando años después se subió a un escenario para interpretar 'Así que pasen cinco años' de Lorca, dirigida por Miguel Narros, se sintió en la gloria. «Por fin he encontrado lo que de verdad quiero», se dijo. Juan Diego, su compañero en el TEC, la llamaba 'Jozelito', por lo bien que imitaba Sole al pequeño ruiseñor. «Cada vez que me veía, me pedía una de Joselito y para mí era un honor».

El secreto de seguir juntas

Hoy continúa igual de enamorada de su profesión. «Los actores no nos jubilamos nunca. Esto es muy adictivo, aunque muchas veces te van echando las nuevas generaciones. Pasada cierta edad pocas veces te llaman las teles, con todo lo que tenemos que decir la gente mayor». La actriz considera que en el extranjero se les tiene más aprecio. «Aquí están fijándose en si estás más gorda o más vieja. Las mujeres mayores no existimos en los guiones normalmente. Y si aparecen siempre tienen alzhéimer o se pierden, cuando hay muchísima gente mayor que está estupenda».

En octubre volverá con un nuevo espectáculo de las Virtudes, el dúo que formó en 1986 con Elena Martín y que ha sido «lo mejor que hemos hecho en la vida, porque no hemos tenido que esperar a que nos llamara el director de nuestros sueños». Poco antes Mallol se había presentado a un casting como azafata del 'Un, dos, tres' y no la seleccionaron. «Creo que me hicieron un favor». Años después Chicho Ibáñez Serrador, el creador del famoso concurso, quiso fichar a las Virtudes. Y esta vez fueron ellas las que le dieron calabazas... «No fue por venganza. Le admirábamos muchísimo. Fue porque nos dijo que los guiones nos los tenían que dar ellos y a eso siempre nos hemos negado». Las Virtudes fueron las primeras humoristas que actuaron en televisión embarazadas. «Bailamos con un bombo tremendo. La gente creía que era por hacer gracia. Pero una gracia se llama Dani y la otra Guille, mi hijo».

Para bien y para mal, Sole y Elena han sido siempre como hermanas. Fueron madres y se divorciaron las dos casi a la vez. «Cuando empezamos nos decían que qué pena que fuéramos mujeres porque no tardaríamos más de un año en separarnos. La realidad es que se disolvieron todos los dúos masculinos de nuestro entorno y nosotras ahí seguimos». ¿El secreto? «Que nunca nos ha gustado el mismo chico».