Menos risas con las drogas

19/02/2020

Sucedió en la última aparición de Quique San Francisco en ‘El Hormiguero’, pero sucede siempre con Quique San Francisco.

El actor y cómico es una presencia apetecible que relanza la audiencia de cualquier programa; es un interlocutor brillante y divertido que atesora anécdotas insospechadas e incluso absurdas con las que sorprender al espectador. Muchas de ellas tienen que ver con las drogas que ha consumido (o consume) a lo largo de su vida. En diciembre, volvía a visitar el programa de Pablo Motos y esta vez la cosa iba de refranes; él tenía el suyo: «A problema sin remedio, gramo y medio». Antonio Resines quiso corregirle con un: «Te he dicho que digas litro y medio», por su afición a las birras, pero ya estaba dicho. En junio, San Francisco también pasó por el plató, y Motos, bromeando sobre los regalos que suele pedirle para hacer acto de presencia, en aquella ocasión «un vapeador», le preguntó: «¿Lo querías para fumar drogas?». Este espacio está clasificado como apto para mayores de 7 años.

Con San Francisco, el programa parece hacer todo tipo de concesiones, como dejarle beber cerveza aunque sea en taza, porque el actor es magnífico anzuelo; su participación en un concurso de lanzamiento de jarras de cerveza en barra logró una audiencia de casi dos millones y medio de espectadores; así las cosas, el espacio exprime una y otra vez los ‘enganches’ del cómico, al que usan a su vez como gancho para ganar televidentes. Pero hacer risas con las adicciones no parece tan buena idea: «No es divertido que una persona necesite literalmente un vaso de cerveza para hacer una entrevista. No poder pasar sin beber alcohol durante una hora de programa y presentar lo que es un trastorno grave como una peculiaridad divertida es poco responsable», explica Jon Mardaras, del centro de rehabilitación de adicciones Crea (adiccionescrea.com).

«No hacemos chistes con el cáncer de alguien y no deberíamos hacerlo con sus adicciones»

A su juicio, el enfoque que hacen algunos programas de este tema es «lamentablemente, erróneo porque se queda en la primera capa, en lo superficial. Lo correcto sería hablar de la adicción con la naturalidad y el rigor con los que se aborda cualquier otra enfermedad. Seguro que la opinión de la mayoría empezaría a cambiar».

Sin embargo, podría objetarse que estamos pisando los límites de la libertad de expresión:«Hay que respetarla siempre, pero hablar libremente no significa hablar correctamente. ¿Sería aceptable que se dijeran cosas erróneas del coronavirus desde los medios? ¿Permitiríamos a un fumador con cáncer de pulmón que se encendiera un cigarro en plató y siguiera poniendo en riesgo su salud? Igual que no haríamos chistes del cáncer ni de una persona por padecerlo, tampoco cabe hacerlos con el adicto. Precisamente, el consumo de sustancias o el juego en una persona adicta nunca es una decisión libre. El adicto consume por necesidad».

Libertad de expresión

Mardaras reconoce que no sabe de otro caso igual al de San Francisco, «en el que sea conocida la supuesta adicción y a pesar de eso se le sirva alcohol en plató y se hagan risas de los desastres asociados al consumo». En el mismo programa en el que Motos le preguntó si iba a fumar drogas con el vapeador, le espetó lo siguiente: «Parece que te han cagado dos veces y te han vuelto a vomitar».

El tema de la adicción a las drogas tiene complicado encaje en el mundo del arte. Libros, películas, canciones... llevan siglos abordando el asunto desde una perpectiva lúdica o incluso desde la apología. ¿Cómo hacer? En lo que respecta al feminismo, sí ha habido injerencias con canciones que pueden inducir al maltrato o normalizan el machismo. «Hago que la puta se empache», «ojalá te mueras, puta» o «solo me quieres si te hago mal» son letras de C. Tangana que sirvieron al Ayuntamiento de Bilbao para tomar la decisión, muy cuestionada, de cancelar un concierto de sus fiestas.

¿Acaso habría que prohibir a ‘El Hormiguero’ que siguiera presentando la afición por las drogas de San Francisco como algo gracioso? El experto opina: «Los que nos dedicamos a tratar la adicción no somos censores, ni mucho menos. Si hubiese que eliminar las referencias a las drogas de libros, películas, canciones y series, habría mucho que quitar y no es el caso. Esa realidad, la existencia de drogas y su relación con el mundo del rock o del cine no esconde otra realidad más contundente, y es que la persona con adicción es alguien con una enfermedad grave que necesita ayuda, no que se le dé cuerda al personaje».