Elena Tablada, en una imagen de archivo. / B.D.

Gente al sol

La romántica separación de Elena Tablada

La ex de Bisbal explica en un poético mensaje su 'pare' temporal de la convivencia con Javier Ungría

ARANTZA FURUNDARENA

«Estaremos unidos siempre». Así termina el extenso mensaje que Elena Tablada difundió el miércoles en su cuenta de Instagram. Pero lo que podría parecer una declaración de amor es en realidad el anuncio de una ruptura. Dedicada al diseño de joyas, la expareja de Bisbal siempre ha sido creativa, y si la infanta Elena y Jaime de Marichalar acuñaron en su día aquel imaginativo 'cese temporal de la convivencia' para maquillar un divorcio en toda regla, ella no se ha querido quedar atrás y del cese ha pasado al «pare». Ese es el original término que ha elegido Elena a sus 41 años para referirse al parón en seco que acaba de experimentar su relación con Javier Ungría (de 37), tras seis años de convivencia y una hija en común.

«Después de seis años de una preciosa relación, a pesar de que ninguna relación es un camino de rosas, hemos decidido dar un pare para así poder respirar y ver en qué consiste realmente la felicidad. Confío en el plan que tiene Dios para mí, para mi familia y en que el tiempo nos haga valorar lo afortunados que somos. Quien me conoce sabe que mis hijas son lo más importante que tengo en mi vida, y si me veo en la posición de ponerlas en una balanza siempre pesarán más ellas. El amor y el respeto entre nosotros es profundo y latente, y creó un ser maravilloso por el cual estaremos unidos siempre».

Además de acabar en rima, el mensaje de Elena Tablada no podía ser más poético. Revelador, también. Porque entre líneas se pueden leer muchas cosas... Que al parecer no da la batalla por perdida y alberga la esperanza de volver con su marido; que algún problema de convivencia minaba su felicidad y la ha situado en la tesitura de tener que elegir entre sus hijas y su pareja; que es una mujer creyente a la espera de que un ser superior le muestre el camino. Y, por último, que todavía sigue enamorada de Javier Ungría, como parece indicar esa frase en la que se refiere a un «amor profundo y latente». Vamos, que aún no ha muerto, que todavía se le puede tomar el pulso...

Cuatro años se han cumplido de las dos bodas de Elena Tablada y el empresario Javier Ungría, hijo de un prestigioso abogado y sobrino de la princesa búlgara Miriam Ungría. La primera fue por lo civil en Miami. Y la segunda, por la iglesia, en La Habana, debido a la ascendencia cubana de la novia. En 2020 tuvieron a su hija Camila, una preciosa niña rubia de ojos azules que Elena no para de exhibir orgullosa en sus redes, quizás para resarcirse de las limitaciones que David Bisbal le impuso con respecto a la exposición de Ella, la hija de doce años que tienen en común.

Ni rastro de él

Los rumores de crisis conyugal surgieron al comienzo del verano cuando Tablada publicó imágenes de sus vacaciones en Baleares y Estados Unidos y en ellas no había rastro de Ungría... Poco después la diseñadora admitiría que habían sido unas «semanas complicadas».

Elena conoció a su hoy todavía marido en 2016, a los cinco años de su sonada ruptura con el cantante David Bisbal. Dos años después, la diseñadora anunciaba su boda «con mi persona favorita» y le declaraba su amor en las redes: «De tu mano a todos lados. Eres perfecto para mí. Aspecto de príncipe de esos cuentos de hadas con un final feliz, un corazón de los que hoy en día están en peligro de extinción, una capacidad única para hacer todo fácil y natural. Esa mirada y esos brazos que nos dan paz y seguridad tanto a Ella como a mí».

Cuatro años después, aquel cuento de hadas parece no tener un final tan feliz, el príncipe podría haber mutado en rana y aquella paz y seguridad se habrían visto debilitadas por la voraz convivencia... Eso sí, la capacidad poética y la vena romántica de Elena Tablada permanecen intactas.