El rey Alberto II de Bélgica junto a su esposa, la reina Paola, en una imagen de archivo. / efe

Paola de Bélgica: la sombra de un divorcio que nunca fue

Un documental de la televisión pública belga da a conocer la vida de la reina emérita en primera persona y sin censuras

JOAQUINA DUEÑAS

«Entre 1970 y 1980 no estaba realmente feliz», así de sincera y de rotunda se ha mostrado Paola de Bélgica en un documental sobre su vida que se emitirá la semana que viene en la cadena pública belga RTBF La Une. «Mi vida era un completo desastre y me sentía miserable. No sabía a dónde ir. Nuestro divorcio estaba en el aire. Durante diez años me distancié de mi relación», relata la reina. Cabe recordar que para entonces ya había nacido Delphine Böel (1968), fruto de la relación paralela que su marido, el príncipe Alberto, tuvo durante años con la baronesa Sybille de Selys-Longchamps.

Delphine fue reconocida como hija del rey emérito Alberto el pasado 2020 tras años de litigios. Una aceptación por imperativo legal que provocó que el matrimonio realizara cambios en su acuerdo económico matrimonial para blindar parte de su legado. Al menos así se entendió. Según publicaba París Match, en 2015, Alberto y su esposa optaron por una separación de bienes con una división limitada de la propiedad. Más tarde, en mayo de 2020 lo cambiaron por una separación de bienes definitiva, lo que a efectos prácticos los convertía en dos personas independientes a nivel patrimonial y financiero.

Su historia de amor comenzó con un flechazo durante una recepción papal en 1958. Ocho meses después, el príncipe Alberto de Bélgica y la princesa italiana Paola Ruffo di Calabria se casaban en la catedral de Santa Gúdula de Bruselas. En 1960 nacía su primogénito, Felipe, actual rey de los belgas. Dos años después lo hacía la princesa Astrid y en 1963 era el turno de Lorenzo.

Paola no duda en hablar de lo difícil que fue su adaptación a la nueva vida, no solo cambió la soleada Italia por un país notablemente más gris, sino que tuvo que adaptarse a ser objeto del escrutinio público. «Mi esposo nació siendo una figura pública, pero yo no», explica. Igualmente, el matrimonio reconoce los errores cometidos en la crianza de sus hijos, fruto de los tiempos y de las responsabilidades que les esperaban como familia. Los tres hermanos vivieron una infancia difícil con una educación muy estricta a pesar de lo cual nunca dejaron de querer a sus padres. «Solo ahora me doy cuenta de lo importante que es mostrar suficiente afecto. Estoy cada vez más fascinada por el amor que siento ahora. Es el amor que quería cuando tenía 20 años, sin limitaciones sociales, sin fronteras», confiesa.

A pesar de aquellos largos años, Paola permaneció al lado de su marido y redobló su compromiso cuando a los 59 años se convirtió en el rey Alberto II y ella en la reina consorte. Los años del reinado, entre 1993 y 2013 fueron también los que dotaron de mayor estabilidad al matrimonio. Ahora, ya retirados de la primera línea, tras la abdicación en su hijo Felipe, el matrimonio sigue junto y parecen haber recuperado la complicidad.