Mesa decorada por Beatriz Satrústegui. / Beatriz Satrústegui

El secreto de las mesas bonitas

Beatriz Satrústegui escribe 'Amor platónico', una guía para no perderse en una forma de decoración efímera al alcance de todos que ha tornado en obsesión

Gloria Salgado
GLORIA SALGADO Madrid

Beatriz Satrústegui (Bilbao, 1970) se define como una adicta a la porcelana que desearía que el montaje de mesas fuese realmente un trabajo. Por el momento, su sueldo como abogada en un despacho británico es lo que paga la hipoteca. Y los platos. ¿Cuántos guarda en sus armarios? «Me acojo a la quinta enmienda», responde sin dudar entre risas. Lo suyo es 'Amor platónico. El arte de decorar la mesa' (Espasa). Así se llama la guía en la que narra con tono distendido cómo colocar los elementos necesarios para que el resultado sea lo más armonioso posible: dónde disponer las flores, cómo mezclar estampados, qué básicos son necesarios, lugares recomendados para comprar el menaje, la mejor forma de conservar lo que tienes y consejos para recibir en casa. «No es un tratado de protocolo de mesa. No soy yo quien para dar lecciones a nadie y tampoco pretendo darlas. Lo que quiero es solo que pongas mesas bonitas y que disfrutes poniéndolas», subraya la bilbaína, que considera su propósito «un hazlo conmigo» alejado de un ejercicio de narcisismo.

Confiesa que su única credencial para escribir este «humilde» libro es ser «una ponedora de mesas compulsiva». «No sé cómo empecé en este empeño de poner mesas bonitas, supongo que copiando de niña a mi madre, a la que le gusta todo lo que tiene que ver con lo estético», comenta. Más tarde viendo mucho y observando a gente a la que admira, como Pascua Ortega, «el absoluto rey de las mesas, que fue el primero, y sigue siendo el mejor». En la actualidad, el llamado mundo de la mesa vive un momento de auge que se ha tornado casi en obsesión mundial. Los motivos son muchos, «pero creo que uno de los principales es el advenimiento de las redes sociales, en especial Instagram, como escaparate de lo que antes sucedía en la intimidad». Ya podías poner una mesa digna de los zares que como mucho la contemplaban los que se sentaban en ella, al igual que si tirabas tres platos desconchados encima de un mantel arrugado. «Ahora -señala- tus glorias y tus momentos de desidia pueden ser expuestos a multitud de miradas».

Para evitar el escarnio público -o privado- aconseja que primero se piense en el mantel como un lienzo en blanco en el que construir una suerte de lego. Eso sí, cuidado con mezclarlo todo y todo a la vez. «Este es un ejercicio peligroso que ha de reservarse a los muy duchos en estas artes. ¡No todo el mundo es la Naty Abascal de las mesas!», especifica en su libro. Aunque parezca una obviedad, ayuda mucho a que una mesa se vea bien que todo esté perfectamente limpio y colocado con esmero. En el Palacio Real de Madrid utilizan un cordel que se sujeta en uno y otro extremo de la mesa para ver si las copas están alineadas. No es necesario llegar a ese punto. «Puedes usar el dedo pulgar para medir, poniendo el plato aproximadamente a una falange del dedo pulgar del borde de la mesa, y no, las uñas estilo Rosalía no cuentan», narra con gracia Satrústegui.

Respecto a la selección de elementos, la letrada vasca pone en relieve que la mesa es el ámbito perfecto para la artesanía, desde sus protagonistas centrales, como la cerámica, el cristal o las telas, hasta los secundarios como el mimbre, el esparto y los bordados. Satrústegui nos descubre maravillas artesanales nacionales, como Bujosa, una fábrica mallorquina que está en el pueblo de Santa María del Camí, con telares de más de cien años. Todavía tejen la tela de las lenguas mallorquinas -llamada así por sus dibujos parecidos a llamas o lenguas de fuego- en los telares originales de setenta centímetros de ancho. La forma en la que se tiñen los hilos que forman la urdimbre -los hilos que aparecen estirados en el telar- es la misma que la de los ikats uzbekos y los batik indonesios. Detalles especiales para una forma de decoración efímera al alcance de todos con la que decir a tus comensales que te importan.