Ángel Luis Tadeo, medalla de Oro al mérito empresarial

CANARIAS7 Las Palmas de Gran Canaria

Los primeros años del empresario grancanario Ángel Luis Tadeo Tejera transcurren en el humilde barrio de San José, en Las Palmas de Gran Canaria, en unas condiciones de vida difíciles. Las familias que vivían en sus casas tenían todas las papeletas para tener una vida algo complicada. De hecho, Ángel Luis Tadeo Tejera siempre vivió con la conciencia de que estaba viviendo en prórroga, de regalo, por haber superado unas condiciones de vida que en cualquier momento podían haber sesgado su continuidad.

Muy pronto quedó huérfano de padre y madre, y con los duros que ganó jugando una larga temporada al fútbol -que era su gran pasión desde muy pequeño-, se fue a estudiar a La Laguna (Tenerife), en donde se graduó como Arquitecto técnico. Cuando tertminó la carrera, enseguida comenzó a trabajar en obras hoteleras en el sur grancanario mientras que en su mente se fraguaba una aventura visionaria. Y a la primera oportunidad, surge la idea del Grupo Dunas.

En la mente de Tadeo, el Grupo Dunas significaba la reconquista turística por parte de los canarios de un territorio que, desde un punto de vista puramente empresarial, estaba manejado por extranjeros.

Fue uno de los primeros en darse cuenta de que podíamos hacerlo igual de bien que otros empresarios y crea un conglomerado turístico inmobiliario y hotelero que se extendería por las cuatro islas más importantes a nivel turístico de Canarias (Gran Canaria, Fuerteventura, Lanzarote y Tenerife) con más de 15 establecimientos hoteleros y extra-hoteleros, con 4000 camas y fuertemente ramificado en la oferta complementaria de las islas, con restaurantes, oficinas, centros de Spa o centros comerciales.

Pero la figura de Ángel Luis Tadeo Tejera no es solo el Grupo Dunas. El empresario quedaría ligado fuertemente a la Unión Deportiva de Las Palmas, el equipo de sus amores, de la que estaba muy orgulloso presidente en el año 1998; y a la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Gran Canaria, de la que fue presidente hasta su fallecimiento. Dos puestos que le convertirían en un empresario popular que le permitió aunar tantos amigos y que le hacía figurar en las noticias diarias de las grandes cabeceras de los medios de comunicación.

La historia de Ángel Luis Tadeo es la historia de un emprendedor, fiel a su esencia canaria. Decían que era el empresario de la eterna sonrisa porque siempre estaba igual de predispuesto a ayudar con una sonrisa. Podía estar horas y horas para recorrer los trescientos metros existentes entre el edificio Dunas Triana y la Caja Insular, era muy querido por todos y por eso todo el mundo se paraba a hablar con él.

En el año 2011, el pleno del Cabildo de Gran Canaria aprobó por unanimidad el título de Hijo Predilecto de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria a Ángel Luis Tadeo Tejera. Fue el primero de una serie de reconocimientos que se han ido consiguiéndose a lo largo de los años, como la Medalla de Oro al Mérito Empresarial Turístico del Gobierno de Canarias. Uno de los actos más emotivos es el otorgamiento de su nombre a una calle en el Campo de Golf de Maspalomas por parte del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana, entre otros reconocimientos.

Visionario

La idea de dotarle a los hoteles de una estructura horizontal y con calidad cuatro estrellas acorde a los clientes europeos se forja mediante la charla con un cliente alemán a finales de los 80, que quiso la opinión de Tadeo para construir su chalet. De esta manera, Tadeo desarrolla el conceptual de hotel horizontal, como ejemplo, el Resort Dunas Maspalomas, con sus villas y chalés independientes y amplios jardines en un terreno de 200.000 metros cuadrados en primera línea del Campo de Golf de Maspalomas, fiel reflejo de la actual necesidad post-covid del cliente europeo.

En palabras de la ex-directora de Prensa de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Gran Canaria en los años de presidencia de Tadeo, Yasmina Rodríguez, era muy poco protocolario: «era muy campechano y estaba acostumbrado a hablar de tú a tú con todos, ya fueran empresarios o ministros. Con su talante característico, siempre huía de polémicas y de rodeos y nunca lo vi con un mal gesto, siempre educado y respetuoso».

Cuentan en sus oficinas que no destruía ni un solo currículo de los muchos que le llegaban. Era una forma de respetar las ilusiones de esas personas que lo habían enviado. Sabía que detrás de esos documentos había trabajo y esfuerzo y todos merecían una oportunidad. Evidentemente, no podía dar trabajo a todas esas personas, pero en su forma de pensar, tirarlos era una forma de desprecio que nadie se merecía.