Manolo Quijano: «Me han colgado el sambenito de golfo»

El músico publica el libro ‘Detrás de la letra’ y habla de su familia, su infancia y de las mujeres

ARANTZA FURUNDARENA

«He vivido situaciones extraordinarias», atestigua Manolo Quijano. Como aquella vez que, mientras componía en su casa con la tele encendida, sin volumen, se encandiló de una presentadora... «Conseguí su teléfono, la llamé y acabamos teniendo una historia de amor». Alguien dirá que algo parecido le pasó al rey Felipe con doña Letizia... «Sí, pero lo mío fue antes. Yo en esto soy un pionero», ataja entre risas el músico. «Aunque no sé cómo lo hice, hoy me moriría de la vergüenza». Aquella presentadora acabó convertida en ‘La Lola’ de la famosa canción. Y hoy es un personaje clave en ‘Detrás de la letra’, el libro que acaba de publicar el cantante de los ‘Café Quijano’ para desvelar las anécdotas, vivencias y peripecias que dieron lugar a algunos de los temas más exitosos del grupo.

Simpático, cercano y buen conversador, este leones de 53 años tiene algo de Quijote (además del apellido), y de hombre del Renacimiento, aunque él prefiere definirse simplemente como un tipo «muy inquieto» con una vida «bastante entretenida». Además de ser músico, compositor, productor y cantante, escribe poesía y ha realizado varias exposiciones como fotógrafo. Una de ellas, en Estados Unidos, donde estuvo año y medio adosado a una patrulla de los Marshall de Miami retratando la trastienda del crimen. «Asistí a tiroteos, secuestros, atracos. En el momento no sentí peligro, luego sí, más de una vez reconozco que estuve cerca de meterme en un buen lío».

Al mayor de los cuatro hermanos Quijano (tres de ellos músicos, y el cuarto, Jorge, pintor) la vena artística le viene por herencia paterna... «¿Mi padre? Todo un personaje», reconoce. Y es que Manolo Quijano sénior, que entró de aprendiz en la Renfe, no se conformó con ser ferroviario. «Él tenía otras ocupaciones -explica su primogénito-. Le gustó siempre la hostelería, daba clases de guitarra, tuvo una orquesta. Y, claro, a mi madre en cuanto veía a un hijo con una guitarra se le ponían los pelos de punta». Hoy, tras diez álbumes, muchos premios y varias nominaciones a los Grammy, la banda acaba de reeditar ‘La vida no es la, la, la’.

Los Quijano crecieron en un ambiente más selecto que el de su padre. En invierno esquiaban. Y en verano jugaban al tenis y al frontón en la sociedad deportiva ‘La Venatoria’. Ahí fue donde, en el año 85, un adolescente Manolo le enseñó su libro de poemas, titulado ‘Primeros sentimientos’, a un buen amigo (hoy alcalde de León). Y el amigo le dijo: «Déjate de tonterías y sigue jugando al tenis». « O sea, credibilidad cero -recuerda entre carcajadas el cantante-. Me imagino la cara que se me quedó».

En el bar de la familia, a Manolito, de niño, las chicas mayores solían repetirle... «¡Vaya ojazos!». Y el chaval fue con el cuento a su madre... «Mamá, ¿tú crees que yo soy guapo?». La respuesta le quitó la vanidad de cuajo para el resto de su vida: «Vamos a ver, hijo, resultón puede, pero tú de guapo no tienes nada». Desde entonces, cuando alguna voz femenina en un concierto grita «¡Guapoooo!», él mira a Óscar y Raúl, sus hermanos, y les dice: «Esto debe de ir por alguno de vosotros».

Y sin embargo, Manolo Quijano tiene fama de seductor. En 2008 se casó con la modelo mallorquina Marta Llompart, de la que se divorció hace seis años. «Y no me he vuelto a casar», puntualiza. Tampoco ha tenido hijos... «que yo sepa», vuelve a puntualizar.

«Me han llamado golfo muchas veces -admite el cantante-. Es como una etiqueta mal puesta, un sambenito que me han colgado. Y no me molesta. Sin embargo, una cosa es la imagen y otra la realidad. Tampoco he sido el mayor de los santos, pero no ese golfo que quizás la gente tenga en su cabeza, ese ‘destroyer’. Yo soy ante todo muy respetuoso, de una ‘golfería’ sana». Seductor, sí. Eso lo admite. «La seducción siempre me ha encantado. Para mí es un arte. Tener enfrente a una persona con rapidez mental que te mira con esa mirada pícara, esperando a ver qué dices, como un reto, es algo irresistible».

Amante de la velocidad, de los ralis, del paracaidismo y del surf, Quijano sostiene que quien no tiene algo de locura quijotesca «se está perdiendo la salsa de la vida». Él, que dice haberse encontrado consigo mismo en el confinamiento, gracias a una tranquilidad y un reposo «que no recordaba desde la infancia», incluso se está planteando formar una familia... «Hasta ahora lo descartaba no sé si por responsabilidad o por cobardía, pero me gustan los niños y me apetece mucho ser padre, aunque, a mis 53, tampoco quiero precipitarme», remata entre carcajadas.