La cosecha del trabajo en equipo

20/04/2019

Gran Canaria está experimentando en los últimos años un enorme avance en la producción de nuevos vinos y ejemplo de ello lo podemos comprobar en Bodegas Tunte, en pleno corazón de San Bartolomé de Tirajana.

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El mundo del vino está rodeado de historia, pasión, ilusión y sacrificio. El amor por la tierra y la vid, el empeño en elaborar un producto que cautive el gusto y los sentidos de la gente y la esperanza en avanzar en el futuro son ingredientes que giran en torno a proyectos hechos con mimo. La vid, ese arbusto trepador de tronco leñoso y retorcido, de corteza pardusca, con ramas abundantes y hojas palmeadas, acorazonadas por la base y bordes dentados, de flores de color verde amarillento y un fruto, la uva, que provoca pasión, está de moda. Gran Canaria ha experimentado un avance en los últimos años, con nuevos vinos que han entrado en el mercado con mucha fuerza.

Este ejemplo lo podemos comprobar en Bodegas Tunte. En los últimos años sus vinos han ganado un total de 32 premios, algunos de ellos internacionales, y la evolución de la bodega ha sido notoria. La gerente, Diana Bordón, y el enólogo, Alberto González, son las cabezas visibles de un proyecto que quiere convertirse en embajador del vino de Gran Canaria, a base de sacrificio e ilusión. En Tunte, en pleno corazón del municipio de San Bartolomé de Tirajana, en la bajada hacia Casas Blancas, allí encontramos Bodegas Tunte. Un remanso de paz, en un lugar idílico, a 900 metros de altitud, un total de 35.000 metros cuadrados de viñedos vislumbran el trabajo a conciencia que se viene realizando desde hace unos años y que ahora está recogiendo frutos a esa buena cosecha.

Diana Bordón llegó a la gerencia de Bodegas Tunte en el año 2015. «Querían darle un cambio a la bodega. En primer lugar, decidí cambiar el diseño de las botellas y tenía claro que la mujer tenía que tener un protagonismo claro, ya que cuando está en el lineal de un supermercado o en un restaurante, la decisión de qué vino elegir sería de ella, y pretendía un diseño de botella con frescura y totalmente diferente a lo habitual en el mercado. Olvidarme de esa botella oscura tradicional por otra completamente diferente. Elegí el diseño Nairobi, una botella que procede de Francia, la serigrafía se realiza en Barcelona y los tapones, con un diseño exclusivo, vienen de Italia. Fue el primer paso. La imagen dio un cambio. El siguiente paso, y fundamental, es que para conseguir objetivos la labor de equipo es fundamental y para ello el trabajo de un enólogo es vital, y quisimos ponernos en manos de Alberto González Plasencia, una persona con una trayectoria increíble. Desde el principio soñé con estar con nuestros vinos en París, Madrid o Nueva York. Alberto me decía que paciencia, que esto es paso a paso. Poco a poco me he ido enganchando a esta cultura y a este mundo, y en estos pocos años ya sumamos 32 premios y Bodegas Tunte sigue teniendo un reconocimiento», destaca la gerente.

Diana tiene el curso de sumiller, pertenece a los Embajadores del Vino de Gran Canaria, acude a catas y cursos, y reconoce que el vino le ha entrado «por vena».

Alberto González comenzó su trayectoria profesional con tan solo 19 años. Su curiosidad, su creatividad y su personalidad pasional y entregada lo han llevado a lo más alto del panorama vinícola en España, siendo el primer enólogo español en recibir dos medallas de oro de excelencia por sus maravillosos vinos dulces. Además ha sido galardonado como el 2º mejor enólogo de nuestro país y el 10º a nivel mundial.

Originario de la isla de La Gomera ha llegado con sus vinos a muchos rincones del mundo, mostrando la calidad gastronómica de Canarias. En su historia incluye además de las dos medallas de oro de excelencia, cinco grandes medallas de oro, 55 medallas de oro, 71 de plata y 23 de bronce. Bodegas Tunte, fiel a su filosofía, apostó por contar con expertos como Alberto González Plasencia para contribuir en la mejora y consolidación de la calidad los vinos de Gran Canaria, y en ese camino continúan.

Hablar con Alberto es sentir de entrada su pasión por su trabajo. Él recalca que antes que enólogo es ingeniero técnico agrícola y «yo vivo primero la uva antes que el vino. De la cepa a la copa», recalca. Este gomero de Vallehermoso, de padre agricultor, se crió en la tierra y en el entorno de la cultura del vino. Vivió de niño la vendimia como fiesta en la que vecinos, familiares y amigos se reunían en un acontecimiento especial. Hoy en día, Alberto González Plasencia es un referente. Es enólogo y director técnico de Bodegas Tunte (Gran Canaria), Conatus (Fuerteventura), El Lomo (Tenerife) y Tamargada (La Gomera), asesora al Cabildo de El Hierro y a otras instituciones, así como a la bodega Vega de Gáldar (Gran Canaria).

No para de viajar. Su día a día es intenso, pero lo vive con entusiasmo. Reside en Lanzarote desde hace más de 30 años y él matiza que «La Gomera es mi madre y Lanzarote mi amor». Paseando con Diana y Alberto, entre viñedos, en un lugar con un encanto especial, el enólogo desveló cómo le convencieron desde Bodegas Tunte. «Me enseñaron el proyecto, vi que gente joven estaba detrás de él, con muchas ganas e ilusión, y que pretendían llevar a la isla de Gran Canaria a la cabeza de los vinos a nivel internacional. Vi lo que tenían y lo que pensaban, pero lo que verdaderamente me impactó fue ver que la malvasía volcánica y la moscatel de Alejandría que estaba plantada aquí arriba, a 900 metros de altitud, era igual como si estuviese pegada al mar. Descubrí las características de esta caldera en la que se encuentra la finca y cómo está protegida de los alisios. Pensé que con la misma variedad se podían hacer vinos diferentes, y en ese camino estamos», afirma.

Los inicios fueron experimentales, o como recalca Alberto González «jugando a hacer vinos». Y pronto salieron Oro Blanco, Berode y Valara, las joyas de la actual corona, con una calidad que no ha pasado desapercibida.

El avance, tanto Diana como Alberto, reconocen que ha sido «muy rápido», pero deben ir paso a paso mirando al futuro. Sobre el vino en Canarias, Alberto tiene una visión positiva, pero a la vez crítica. «Estamos en un momento álgido, con unos vinos canarios cada vez más competitivos en el mercado pero con una superficie de viñedos muy inferior a la de hace unos años. Queda mucho por hacer y Canarias debe tener claro que la viña y el vino puede ser un producto de gran valor para el Archipiélago».

Hacer el gran vino, «aquel tesoro que uno nunca encuentra», es el sueño de un enólogo de raza, «así como con una promoción del Gobierno de Canarias, en la que Canary Wine viaje en un barco fletado desde las islas a Londres y desembarque el gran vino de Canarias en Canary Wharf. Sería un sueño para mí que esto se hiciese realidad algún día», matiza.

Por su parte, Diana Bordón tiene la ilusión de jubilarse con un terrenito y convertir su casa en un Wine Tasting, en el que atender a los turistas que acudan a conocer el vino de Gran Canaria. «El vino es un mundo mágico y el vino es vida», afirma.

El reportaje se realizó en Bodegas Tunte y en las instalaciones del Hotel Las Tirajanas, en San Bartolomé de Tirajana, contando también con la colaboración de Dimas, Águedo y Octavio, miembros del equipo de la bodega. A Diana Bordón y Alberto González se les iluminan los ojos cuando hablan de la bodega y de sus planes de futuro. La producción de 33.000 botellas se está quedando corta y es momento de ampliar espacios y abrir aún más la mente, pero el cambio que le han querido dar a Bodegas Tunte está cosechando unos excelentes resultados gracias al trabajo en equipo y a una planificación exhaustiva.