Kiko Rivera / Archivo

Kiko Rivera dice perdonar a su madre en una exclusiva

El dj asegura que a su llegada a Cantora no sabía si su madre le recibiría

JOAQUINA DUEÑAS Madrid

Igual que hace algo más de un año el mundo Pantoja saltaba por los aires con la entrevista en exclusiva que ofrecía Kiko Rivera repleta de reproches hacia su madre, la que publica este lunes la revista Lecturas también ha sido una auténtica sorpresa. Después de meses vertiendo duras acusaciones contra Isabel Pantoja, afirmando que le había robado, que llegaría hasta el final en cuestiones legales para reclamar su dinero y que era una «mala madre», Kiko ha dado un giro de timón tras el encuentro que tuvo con la tonadillera tras el fallecimiento de su abuela, doña Ana. «Abracé a mi madre 15 minutos llorando, le perdono el dinero». Así amanecía ayer la revista Lecturas que adelantaba su publicación al lunes.

Kiko dice que cuando se acercaba a la finca gaditana en la que residen su madre y su tío Agustín, sintió un escalofrío. Llevaba un año y medio sin ir allí por las diferencias con su madre, un tiempo durante el que tampoco fue a visitar a su abuela convaleciente, y no sabía si le abrirían la puerta o si sería bien recibido. Sin embargo, parece que sus temores se esfumaron tras encontrarse con su progenitora y darse un abrazo que para él fue «un perdón sin palabras».

Pero si sorprendente es la reconciliación con su madre, más aún lo son las declaraciones que hace a la revista sobre su tío Agustín. Kiko relata que no se vio con él en su visita a Cantora porque no supo cómo actuar en ese momento. Sin embargo, al día siguiente hablaron por teléfono y le dio el pésame a su tío. Al parecer, ambos se emocionaron y lloraron juntos mientras Agustín le decía al dj: «Esta es tu casa». Tanto han cambiado las cosas con el fallecimiento de doña Ana que incluso asegura que va a quitar la demanda que interpuso a su tío para empezar de cero.

El dj reconoce que han pasado un año «de mierda, enfadado con todo el mundo». Sin embargo, no ha llegado la paz completa a Cantora ya que, después de esta reconciliación, el hijo pequeño de Paquirri ha puesto en su punto de mira a su prima Anabel y a su hermana, Isa P. De la primera dice que ha pasado «un año creyéndome sus patrañas» y pone en duda el papel conciliador que parecía haber tenido hasta el momento. Le reprocha que haya celebrado su boda y considera que la fiesta después del enlace se les fue de las manos. Sobre su hermana, explica que no tiene una relación diaria con ella, que no la ha tenido nunca y, por eso, ahora es muy difícil recuperar el tiempo perdido. De hecho, asegura que habla más con su cuñado que con su hermana pequeña. Sobre las dos, las acusa de no tener oficio ni beneficio y de dedicarse a ir a televisión a hablar de su familia, una declaración que cuanto menos sorprende al hacerse en el marco de una entrevista en exclusiva que versa sobre sus cuestiones personales y cuando su esposa, Irene Rosales, ha tenido durante meses el mismo trabajo que su hermana y su prima.

Llama la atención que la publicación de esta entrevista ha sido apenas dos días después de que se celebrara en Cantora un funeral en memoria de doña Ana el pasado sábado. Una cita a la que no acudió Kiko y en la que, sin embargo, sí que estuvieron Isa P. y Anabel junto a Isabel y Agustín Pantoja. Habrá que esperar para ver cómo se escribe el siguiente capítulo de esta historia.

Rivera Ordóñez

Todo esto ha coincidido con la decisión que han tomado Francisco y Cayetano Rivera Ordóñez que han desistido de seguir reclamando por la vía judicial los trastos de torear a la viuda de su padre. Su abogado, Joaquín Moeckel lo confirmaba este fin de semana señalando que la decisión tenía por objeto no poner a su hermano Kiko en el compromiso de tener que testificar contra su madre.

Los hijos mayores de Francisco Rivera y Carmen Ordónez iniciaron acciones legales al conocer a través de las declaraciones de Kiko Rivera en 'La herencia envenenada' que los enseres de su padre estaban todavía en Cantora y no habían sido robados como habían intentado hacerles creer durante años. Sin embargo, parece que no están dispuestos a hacer pasar a su hermano por el duro trance de declarar contra la tonadillera por unos trajes de torear.